El Mazo y el Yunque


Raymundo García García


Termina la LVI legislatura II


En la entrega anterior se anotaron tres de las razones para que la LVI Legislatura local tuviera un rendimiento significativo -a) Capacidad de negociación de la primera dirección en la Gran Comisión; b) por el escándalo producido por la detención de Lydia Cacho, y c) por la fractura de la mayoría mecánica-. Ahora se hace referencia a la falta de capacidad de las oposiciones que llegó al final de cuentas a sumar 18 diputados de 41, pero no se aprovechó la fractura de la mayoría mecánica. Este factor se constituye en el principal obstáculo de la Legislatura que termina, la oposición fracturada desperdició la coyuntura que sacudió al PRI. Presiones externas, carencia de libertad y de responsabilidad en el ejercicio legislativo, pero sobre todo el privilegio de los intereses personales sobre los intereses generales, impidieron que el Poder público poblano  sufriera algún rasgo de transformación en las decisiones del Congreso.


La falta de capacidad para conformar un grupo parlamentario opositor, integrado, definido, sensible, que enfrentara a la mayoría mecánica en la toma de decisiones, en los momentos y oportunidades que pudo hacerlo, siempre se enredó, puso o inventó la sin razón emergentemente razonada para unirse a la mayoría y meterle el pie a la rueda de la historia. Ante este hecho la mayoría no tuvo más alternativa que seguir impulsando aún más el rasgo autoritario, decisiones convenientes sustentadas en la regla de la mayoría. Destacan en este sentido votaciones importantes que exigían dos terceras partes de los presentes, y tendiendo las minorías la oportunidad de forzar la necesidad de alcanzar acuerdos por consenso, siempre alguien empezaba a doblarse y con ello abrir la oportunidad a obtener la legalidad de la decisión.


Fue paradigmático los casos de los nombramientos, mismos que en manos del Legislativo pudieron haber variado simplemente impidiendo a la mayoría mecánica  alcanzar el total de votos requerido que por sí misma no alcanzaría jamás; empero, la tarea de alcanzar poco a poco el convencimiento de votos individuales se, se empezaba a formar de manera muy lenta y con el ejercicio del poder la suma de voluntades para legalizar decisiones previamente muchas cínicamente anunciadas a la opinión pública sin el menor rubor.


Si se compara el trabajo legislativo local con el federal, el primero está a años luz del segundo. El aceleramiento transformador que hoy día vive el Congreso de la Unión esta muy adelantado en relación con las funciones del Legislativo Poblano. En Puebla, el grupo en el poder  y los acuerdos con las minorías minoritarias impiden una transformación efectiva. A nivel federal los acuerdos y los consensos son de prioridad nacional; aquí, la mayoría se consigue buscando a los pequeños partidos  para imponer su voluntad, interés y control. Todo esto nos dibuja y dicta los rasgos de un Legislativo local anacrónico, sumido en las redes de un poder regional que se niega a morir,  lejano todavía de insertarse en el contexto del México de nuevo siglo y, por consiguiente, de una institucionalización que impida el ejercicio autoritario del poder.

 



 
 

 

 
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