El Mazo y el Yunque


Raymundo García García


RENUNCIA EN LA PGJ, O COOPTACIÓN DISFUNCIONAL

 

La administración estatal poblana del sexenio 2005 – 2011, se conformó de manera muy particular a las administraciones anteriores desde la crisis política de principio de los años setenta. Un grupo conformado desde el ejercicio cotidiano de la administración pública en mandos medios y bajos, reconformado en la administración municipal de la ciudad de Puebla trienio 1999 – 2002, que se mantuvo leal, organizado y unido como grupo disidente al poder político real y formal que representaba el gobernador entre 2002 y 2004, su unidad de célula cerrada, fue capaz de imponerse dentro de su partido para ascender al poder estatal. Irónicamente en la coyuntura de la más alta votación del PRI para la gubernatura, se incuba una fuerte fraccionalización del mismo partido que hace que el grupo arribista al poder se encierre aun más como estrategia para desgastar a quienes considera grupos adversarios partidistas: el melquiadismo que primero será dividido y separado del morenovallismo y después perderá la elección al senado; el marginalismo del dogerismo, que desde el principio del ascenso se miraba como un grupo disidente y peligroso en su anhelo de poder.


Acomodos menos o acomodos más, el aparato administrativo de gobierno en el presente sexenio, fue organizado con el mismo sentido de la administración municipal, esta sirvió como el peldaño de entrenamiento previo y de especialización; y en otros casos se hicieron las alianzas previa cooptación de nuevos actores que les unía en principio el proyecto de un futuro político promisorio de alcances nacionales –desde la derrota del PRI en la presidencia de la república, los gobernadores tricolores anhelan ser candidatos a ese puesto- el ascenso de la burocracia municipal a burocracia estatal produjo la burbuja, como consecuencia natural para diferenciarse de los elementos recién cooptados, otros serían tomados del grupo generacional del gobernador, para eso previamente se formó la asociación de estudios jurídicos y sociales de Puebla.


Para cubrir los espacios más importantes se han hecho alianzas necesarias evitando poner en riesgo la consistencia de la célula original, esta es quizá una de las razones de la inamovilidad en unos casos y del nombramiento reciclado en otros. En este contexto la PGJ desde un principio fue un tema de interés y control que exigió la  permanencia de la gestión de Blanca Villena más allá del tema de la Cacho, por lo menos ahora así se entiende; que pareciera que fue obligada a permanecer en el puesto muy a pesar de su grave enfermedad. Y ahora que se echaban las campanas a vuelo, porque se vislumbraba una reingeniería en el sistema estatal de procuración de justicia con el arribo de un jurista de nueva generación,  recién cooptado; su apurada renuncia ha generado en el colectivo social, la idea de que no cuajó la adquisición, no fue capaz de incorporarse en la línea de la burbuja. A diferencia del secretario particular del gobernador, que por su pragmatismo y muy a pesar de algunos enfrentamientos le ha resultado su proceso de adaptación.


La PGJ a diferencia de otras dependencias del gobernador, no solo necesita –como lo exige la lógica de funcionamiento de la actual administración- de un abogado leal a la burbuja, sino además debe ser capaz de conciliar los dos poderes de de facto de la institución: el que representa el Ministerio público, y el que ha forjado  y acrecentado la policía judicial. De hecho en la operación existen dos mandos, que por cierto la Villeda, en algún video publicado lo dejó al descubierto de manera más que evidente. Por lo tanto, sólo el peso de la burbuja será capaz de impulsar un procurador con autoridad, que será miembro o subordinado de la misma, pagando la ciudadanía el costo de un proceso anacrónico, de nombramiento del procurador general de justicia y pagando la vigencia de un sistema de gobierno caduco, representativo de nuestro pasado autoritario.

 



 
 

 

 
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