El Mazo y el Yunque


Raymundo García García


Regreso de las inversiones al campo

 

A principio del presente año el tema de la producción agropecuaria entró con una fuerza importante en la agenda política, y como siempre sucede, los reclamos fueron centrados en la idea de recuperar acciones populistas encaminadas a buscar las condiciones para renegociar el TLC, además de abrir una línea de políticas públicas paternalistas que favorecieran a los grupos campesinos nacionales vía subsidios. Se buscó como un año antes, acelerar las condiciones de presión social, para que el gobierno de la república variara la línea en relación con sus políticas implantadas, buscando producir un fenómeno tal y como se dio a principio de 2007 con el asunto de la escasez de maíz y el incremento del precio de la tortilla. Sin embargo con el acuerdo presidencial reciente la respuesta fue de mayor apertura al exterior.

 

Los grupos impulsores de los movimientos sociales desestabilizadores, que reclaman  subsidios, control de precios y todas esas linduras del Estado paternalistas que hundió a México en la crisis  económica allá en los años ochenta, es cierto, lograron romper la política neoliberal y obtuvieron un precio máximo al kilo tortilla, mientras los grandes productores de harina de maíz, y tortilla,  montados en las cadenas de autoservicio han mantenido el precio de la tortilla 33% menos del precio controlado, resultando afectados los pequeños productores, demostrándose una vez más que no es posible fijar control de precios, sobre todo cuando el libre mercado se está autorregulando por sí mismo.

 

En ese 2007 se abrió un debate sobre la producción de maíz, el papel de PROCAMPO, la modernización de la agricultura, el uso del maíz para producir combustible, etc. Lo que vino a sobresaltar de nueva cuenta la vida nacional, ha sido el incremento acelerado en los precios del arroz. y de otros productos del campo destinados a la alimentación humana. Al fenómeno que se está dando en varios países del mundo se la ha bautizado como crisis alimentaria e inmediatamente se han empezado a explicar las causas de la misma y los problemas que puede acarrear en el futuro, lo cual impactará en la dedicación de las inversiones económicas futuras.

 

Después de que el sector primario de  la economía mexicana –el campo-, se le miraba como el sector de poco interés y que fue deteriorado por la misma política  mexicana de tipo paternalista, montada en el reparto agrario, la entrega de parcelas a campesinos empobrecidos y carentes de capital, el campo mexicano terminó por ser rezagado y abandonado por la inversión privada, salvo excepciones de altas tasas de ganancia. Sin embargo, en 1992, fue reformado el artículo 27 constitucional, con esa reforma se dieron los pasos para permitir que las parcelas personalizadas pudieran circular en un mercado restringido, pero lo importante fue que las parcelas se podían vender.

 

Otra reforma también significativa fue la que posibilitó la desincorporación de la parcela individual en su calidad de propiedad pública, para ingresar a la propiedad privada vía la decisión de la asamblea de ejidatarios del acuerdo de dominio pleno, que no es otra cosa que creación de tierras de propiedad privada. Así, de 1992 a la fecha el proceso de circulación de la tierra ejidal y cambio de poseedores ha sido significativo modificando la inversión y producción agrícola en la búsqueda de productos agropecuarios de mayor rendimiento en los mercados; ha disminuido considerablemente la superficie de ejidos como propiedad pública pasando a formar parte de la propiedad privada, se han terminado las invasiones de tierras, y los juicios administrativos que perduran están en proceso de soluciones racionales y ya no de tipo político electoral.. Los empresarios saben de esta transformación del campo mexicano, que hoy día se convierte en seguridad de nueva cuenta para la inversión de capital. La crisis alimentaria puede llevar a los dueños del dinero, a hacer importantes inversiones en el agro mexicano.

 



 
 

 

 
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