El último mes electoral en México


Pedro Ángel Palou


04/06/2012


De cómo los jóvenes nos enseñaron que el silencio y la apatía llaman a engaño


#YoSoy132 nos está enseñando que sí es posible un espacio público de discusión y debate, un papel del que los medios decidieron abdicar en este periodo aciago de México. Ese espacio público no es la neoliberal “sociedad civil” ni el populista “pueblo”, es todavía un fenómeno nuevo, postidentitario. ¿Es la primavera mexicana? Yo creo que sí. Pero en la primavera árabe, pese a la Plaza de Tafur los militares siguen controlando Egipto. Necesitan llevar esto hasta el final con responsabilidad y prudencia pero con propuestas claras. Elena Poniatowska lo dijo muy bien en su artículo de La Jornada. Ellos lo hicieron sin un líder mesiánico y con medios alternativos.


Algunos temen que sean cooptados por los partidos tradicionales o por amigos incómodos. Ése es el riesgo, pero también su fuerza. Tienen que seguir autónomos. Por fuerza redefinirse conforme avance su movimiento. Mantenerse apartidistas y propositivos. Sigo pensando que es posible. Es un tiempo, éste, en donde las identidades son lábiles, no están fijas. Se mueven conforme entramos y salimos de comunidades a las que pertenecemos. Michel Mafessoli lo ha estudiado muy bien en su tiempo de las tribus. Y como se posee una identidad fija no hay, por ejemplo, partido político que satisfaga todas las luchas y anhelos de los ciudadanos.


Mientras escribo, veo en la televisión en vivo, el juicio a Mubarak. Con todo, el esfuerzo de los jóvenes en la primavera árabe, de Egipto, ha tenido resultados.


Ahora que son los sistemas de poder y sus actos de nominalización los que provocan y descalifican. Alguien, por ejemplo, los llamó “los fascistas de Santa Fe”. Echeverría recomendaba en 68 no llamar a los estudiantes por su nombre, o decirles jóvenes, sino sustituirlo por facinerosos, terroristas, etc. Fueron esos descalificativos, si así podemos llamar a esos adjetivos, los que provocaron la ira de #YoSoy132. El ninguneo (Octavio Paz dixit: hacer de alguien ninguno) de Pedro Joaquín Coldwell y secuaces, al dudar del carácter autónomo y estudiantil del movimiento, y Peña Nieto al pedir “informes” como del viejo Cisen y leerlos en el avión privado que lo lleva a sus actos de campaña. Cientos de miles de cosas que tienen podrido al sistema político mexicano se han evidenciado en días.


Y resulta que ésa es la única esperanza en estas elecciones, que hasta antes de esa visita del candidato del PRI a la Ibero eran absolutamente descafeinadas. Pero qué las hacía así, me pregunto. Fácil: el descrédito de nuestra democracia niña. La idea de que sólo cambian los nombres pero no el sistema, la desesperanza de un país sumido en guerra. Y la construcción de un ganador único como inevitable por las televisoras. Lo que AMLO no pudo articular en su pésima participación en el debate es justamente eso: cómo era posible que se hubiese construido una narrativa tan efectiva que parecía inevitable el regreso del PRI al poder federal.


Otros riesgos, a mi modo de ver, en el movimiento de los jóvenes (y que se oiga: que vivan los estudiantes…), están en el carácter local del movimiento, aunque se haya repetido y propagado en los estados, no se me malentienda. Si vemos el video, excelente por cierto, que han hecho circular con producción según parece de Epigmenio Ibarra, nos damos cuenta que hay una visión “chilanga” de la realidad, incluso de los movimientos culturales urbanos. Me recuerda a aquel momento en que Monsiváis dijo: “éste es el país real”, y lo que en realidad anunciaba era “el DF real”, mientras en Puebla gobernaba Manuel Bartlett y se fraguaba tal cantidad de triquiñuelas que el PRI tuvo carro completo, todas las diputaciones las ganó. Es decir, hablábamos del despertar democrático de un país que en los estados seguía operando como en la época de las cavernas de Gonzalo N. Santos.


Me pregunto si eso ha cambiado o si no se ha recrudecido con nuestra democracia incipiente, secuestrada por los partidos. Gobernadores caciques, dueños de las conciencias y los medios de comunicación, coartando las libertades más elementales. Hasta que no volteemos a ver la realidad estatal, no construiremos soluciones variadas, diversas, regionales a problemas políticos y sociales que no son nacionales. Así como #YoSoy132 nos dice que no hay identidades fijas ya más, también necesitamos que diga que somos muchos Méxicos y que la falsa unidad del proyecto mestizo del PRI lo que hizo fue aplazar muchos de los conflictos locales, comunitarios (en 1994, por ejemplo, una gran mayoría del país se dio cuenta de que había indígenas gracias al EZLN).


Las campañas se polarizarán, eso qué duda cabe. Será una lucha de dos, eso ya está claro. Y vendrá la guerra más sucia que hayamos visto en este país para impedir que un proyecto de izquierda llegue a la Presidencia. Esto apenas comienza. Es como si ya hubiésemos votado una primera vuelta y ahora fuera la segunda vuelta electoral entre Peña Nieto y López Obrador.
Y si, como dice Juan Villoro, debemos “perdonar” a nuestro candidato, el proyecto de un gabinete que sea capaz de construir una moderna socialdemocracia en México (Ebrard, Juan Ramón, por ejemplo) debería ser capaz de convencer a una mayoría dudosa, ese 21 o 25% de indecisos que son, a mi juicio, quienes decidirán la elección.

 

 



 
 

 

 
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