Opinión


Pedro Gutiérrez

03/08/2012

El rumbo del PAN: ¿obsolescencia o modernidad?


Ha pasado un mes desde la elección presidencial y los partidos políticos han tenido tiempo suficiente para asentarse y ver con la objetividad debida los resultados electorales, quizá más el PAN que el resto de los partidos, pues el PRD sigue en su lucha quimérica en torno a un fraude dudoso y el PRI ha tenido que emplear sus mejores argumentos legales para defender su victoria.


El PAN ha sufrido su derrota electoral más dolorosa desde la instauración de la democracia mexicana, es decir desde la década de los noventa a la fecha. Antes el PAN perdía, peros sus derrotas eran auténticas constancias de lucha en contra del régimen perverso y autoritario que gobernaba al país. Con la democracia prácticamente consolidada y el gobierno federal en manos del partido, la derrota es contundente y debe sacudir nuestras almas y conciencias.


¿Refundación o reconstrucción del partido? El problema del vocablo que se asigne a este ejercicio en el que está inmerso el partido no es un tema menor, pues de la forma subyace siempre el fondo. El término refundación me parece arriesgado y hasta exagerado, sobre todo para un partido que será la segunda fuerza política en el Congreso y gobierna entidades de la república muy importantes como Puebla. Además refundar evoca comenzar desde el principio, volver a discutir la doctrina y el pensamiento fundamental de la institución y queda claro que nuestra ideología no esta en discusión: hoy más que nunca somos el partido humanista que pregonaron nuestros fundadores, defensores del liberalismo en nuestro país y de la democracia como la mejor forma de gobierno para México. Por ende refundar no es el término adecuado.


El término reconstrucción parece más afortunado y propicio para la circunstancia que vive el partido. Si por reconstruir se quiere evocar la acción de volver a diseñar el andamiaje institucional del partido, el término bien podría aplicarse a los estatutos y al programa de acción política, pero no a la doctrina. En este sentido, revisar los estatutos para reconstruir aquello que no ha funcionado parece coherente; de igual manera, reconstruir nuestros planteamientos del programa de acción política suena lógico porque algo ha fallado a la hora de la praxis político-electoral y de gobierno.


Por ende, somos más de la idea de la reconstrucción que de la refundación. Reconstruir las bases estatutarias de los procesos de selección interna de los candidatos para no llegar desgastados a las elecciones constitucionales, por ejemplo. Reconstruir los mecanismos de afiliación del partido que hoy siguen impidiendo que muchos mexicanos de buena voluntad participen en el PAN. Reconstruir las relaciones partido-gobierno para que sean más dinámicas y comprometidas bajo una misma causa, pues hoy vemos dirigentes partidistas que siguen pensándose oposición antes que ser partido en el gobierno.


Los apólogos de la denominada refundación son presa de la confusión y su discurso se pierde en la academia política. Hablan de pérdida de identidad como si se hubieran quedado en atrapados en el tiempo: siguen anclados en la vieja dicotomía de ser partido que busca el poder (Gómez Morín) o ser partido que fundamentalmente forma ciudadanos (González Luna). La identidad del PAN moderno debe ser la de un partido que pugna por espacios de poder para servir a los ciudadanos, desde una perspectiva liberal y abierta a la pluralidad y a las reglas del juego democrático.


Puebla no escapa a dichos análisis reflexivos, con la circunstancia de que tenemos un gobierno estatal que sigue demostrando éxito en su actuar. Y gran parte de esa historia exitosa que encabeza Rafael Moreno Valle pasa por la apertura y pluralidad que se vive en su administración. Cuando el PAN se abre y busca adeptos ciudadanos para llegar al poder y gobernar a partir de esa misma óptica ha demostrado resultados positivos. En cambio, cuando el PAN se atrinchera, no solo se radicaliza sino que pierde lo que ya hemos señalado constituye la esencia de un partido: ganar el poder. En consecuencia, perder el poder con tal de ganar el partido no puede ser nuestro derrotero en el futuro inmediato.


Por eso en el 2013 el PAN debe continuar por el camino que ya ha demostrado ser exitoso. En otras palabras, ¿Porqué cambiar lo que ha demostrado que funciona? Si por la vía de las alianzas políticas llegamos al poder y desde el poder mismo se mantiene una coalición de gobierno exitosa, no veo argumentos claros para modificar la estrategia el próximo año. A menos que queramos no ganar -y si es así, que lo digan de una vez por todas los defensores del atrincheramiento partidista- y continuar como entes con doctrina pero sin praxis del poder político, es decir, entes estériles.

 

Sí, vamos por la reconstrucción del PAN pero respetemos lo que sí funciona, como el caso de éxito del gobierno estatal poblano. Concentrémonos luego entonces en lo que ha fallado, como la mala estrategia de campaña de Josefina Vázquez Mota. Y la unidad, por supuesto, que es la única condición insoslayable en este ejercicio, pues sin ella no podemos aspirar al triunfo y a la obtención del poder, principio y fin de todo instituto político.

 

Pedro Gutiérrez

Regidor del PAN en el Ayuntamiento de Puebla

@pedropanista

 

 

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