Opinión


Pedro Gutiérrez

03/12/2010

A diez años de la alternancia en México: el PAN en el poder


Han pasado 10 años desde aquel 1 de diciembre del año 2000 cuando Vicente Fox asumió la presidencia de la república después de que un solo partido había gobernado al país por 71 años. El primer presidente de un partido distinto al PRI había ganado las elecciones del poder ejecutivo y lo había hecho contundentemente, generando esperanza de cambio y renovación nacional.


El PAN luchó desde 1939 -a partir del concepto primigenio de la brega de eternidad-  por conquistar el poder para cambiar de raíz a la nación, en palabras de Gómez Morín.  Lo logró primero a nivel municipal (Quiroga, Michoacán en 1947) y la cámara de diputados, y hasta 1989 en el caso de la gubernatura de Baja California. En cuanto a las candidaturas presidenciales siempre abogó por la defensa y el respeto al voto, con candidatos ilustres como don Luis H. Álvarez y Diego Fernández de Cevallos; a veces promovió la democracia sin postular candidato como en 1976 cuando López Portillo ganó la presidencia. Lo cierto es que el PAN siempre fue testimonio de la democratización del país hasta que consolidó, con base en el esfuerzo y el espíritu de transformar la dolorosa realidad de México, las victorias de Vicente Fox y posteriormente de Felipe Calderón.


El sexenio de Vicente Fox siempre será recordado por ser el que instituyó la alternancia en México. En la primera parte de su sexenio a Fox le correspondió convivir con un Congreso con mayoría panista pero relativa y no absoluta, sin contar por supuesto con el rompimiento con el Partido Verde casi al principio de la administración que terminó por minar los espacios en las cámaras del Congreso. Las reformas legales que en un principio se esperaban ciertamente no se concretaron en función de la imposibilidad numérica en el Congreso de impulsar las iniciativas que eran deseables para la presidencia. Sin embargo, en el sexenio de Fox puede destacarse la promulgación de la reforma constitucional en materia de derechos y cultura indígenas, la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental y la Ley del Servicio Civil de Carrera. Todas ellas se erigen como ordenamientos jurídicos de nueva generación que, en el marco de la transición a la democracia, han contribuido a liberalizar el sistema y a democratizarlo –liberalización y democratización son las dos etapas inescindibles de cualquier transición política-.


En el aspecto económico el sexenio foxista puede definirse como un sexenio de estabilidad plena. Crecimiento discreto, pero finalmente crecimiento económico y con ello se cumplía por primera vez en muchos años el hecho de que el país creciera dos sexenios consecutivos. La segunda parte del sexenio fue mucho más difícil en términos políticos, pues el congreso volvió a tener, al menos en la cámara de diputados, una mayoría priísta que no veía desde la legislatura del primer trienio de Ernesto Zedillo. Las reformas fueron más difíciles de consensar y además con la guerra electoral que se avecinaba en pos del 2006 –incluido el fenómeno de Andrés López y su desafuero- la realidad es que los avances fueron pocos, destacando, eso sí, que nunca se perdió el clima de gobernabilidad en el país. Al final, el mejor triunfo para Vicente Fox fue el haber entregado el poder a otro presidente de la república emanado del PAN: Felipe Calderón.


Felipe Calderón ganó las elecciones. Por un margen estrecho pero las ganó democrática y legítimamente. Por más que hayan vociferado –y siguen haciéndolo- las huestes lopezobradoristas que la elección era suya, lo cierto es que el PAN refrendó en las urnas un triunfo que afortunadamente para el país no lo fue para la izquierda populista.


El sexenio del presidente Calderón ha sido, por decirlo en pocas palabras, mucho más complicado que el de Fox: en términos económicos, Calderón ha tenido que hacer frente a la crisis económica mundial, crisis que en México padecimos hace un par de años pero que por primera vez en décadas no fue propiciada por las irresponsabilidades del gobierno en turno, sino por un fenómeno exógeno que lastimó a todos los países del mundo. En materia de salud pública Calderón  tuvo que combatir una pandemia global al parecer originada en México, el virus AH1N1. Y ya se sabe, en el ámbito de la seguridad pública, Felipe Calderón ha tenido que vérselas con los cárteles del narcotráfico y la delincuencia organizada.


A diez años de la alternancia en el ejercicio del poder, México ha avanzado claramente en materia de libertades y derechos humanos. Hoy la prensa es libre como nunca lo fue en los regímenes priístas. Las instituciones están mucho más fortalecidas y la independencia de los poderes garantizada. Por ello, voces como la del presidente Calderón que afirman que regresar al pasado es peligroso nunca han sido tan atinadas. Y a los priístas les duele que se diga en voz alta dicha realidad: se revuelcan como gusanos en sal cuando le recordamos al pueblo de México el enorme daño que le hicieron ellos al país durante sus administraciones a lo largo de 71 años. Ciertamente a diez años de gobiernos panistas en México no puede hablarse de la transición democrática –hay que reconocerlo-, pero sí de la alternancia que está contribuyendo a la consolidación de la misma.

 

 

PEDRO ALBERTO GUTIÉRREZ VARELA

Miembro activo del PAN y regidor
electo del ayuntamiento de Puebla

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