Opinión


Pedro Gutiérrez

07/01/2011

Wikileaks: Assange es un delincuente global


En las últimas semanas la noticia mundial, ni duda cabe, es el caudal de información que a través del portal Wikileaks ha dado a conocer al mundo un individuo de nombre Julian Assange, información que como todos sabemos está relacionada con las actividades diplomáticas y de inteligencia de los Estados Unidos de América.


De la circunstancia de cómo se han verificado las filtraciones, la estructura de los cables, los medios masivos de comunicación que fungieron como herramienta informativa de los mismos y los orígenes y causas del propio Assange se ha escrito mucho, tanto que ya no vale la pena reproducirlo.  Hay, sin embargo, otros tópicos que pueden resultar interesantes. Veamos.


Pocos, muy pocos en el planeta han sido apólogos de la paz y seguridad internacionales en detrimento del papel que juega Assange. En efecto, ha sido mucho más recurrente en estos días la presencia de notas periodísticas que informan de los ríos de gente, opinadores y columnistas que defienden a ultranza la figura de Assange y su supuesta causa mundial. Causa…¿cuál causa? La de mantener vigente la libertad de expresión, dicen unos, otros esgrimen el derecho de todos a estar informado de todo. Finalmente unos más refieren la pertinencia de que conozcamos la realidad de cómo se conduce la nación más poderosa del mundo en relación al resto de las naciones del orbe.


La pregunta que sigue es ¿de dónde surge la calidad de cuasi héroe mundial de Assange? Hoy mismo, a la hora de escribir esta columna, hay multitudes de personas en Londres afuera del lugar donde está detenido dicho sujeto para exigir su libertad caucional porque arguyen, casi sin prueba alguna, que está preso por motivos políticos y no por causas penales. Otra pregunta: ¿debe ser tratado como icono de la libertad un individuo que ha puesto en riesgo la paz y seguridad mundiales? Y he aquí, justamente, el quid del asunto. Hacer pública la vida privada de los países no me parece que sea un asunto de libertad de información o de derecho humano alguno. Es, en el mejor de los casos, un asunto que pone en riesgo, como decíamos, la geopolítica mundial, si no es que más que riesgo estemos en presencia de una causa auténticamente desestabilizadora de la seguridad global.


Los servicios de inteligencia siempre han existido; las naciones tienen, todas sin excepción, agencias y oficinas completas destinadas al trabajo de inteligencia; por supuesto que hay países con mayor capacidad que otros para realizar este trabajo, como es precisamente el caso norteamericano al grado que, desde el siglo pasado, se dio a la tarea de fundar  la CIA con motivo de la Ley de Seguridad Nacional de 1947. De la información que recaban los servicios de inteligencia se ha asegurado muchas veces, indudablemente, la paz mundial. Y por algo, justamente por motivos de seguridad, se mantienen clasificadas diversas informaciones en el planeta.  Assange y sus proveedores de información atentan contra esa seguridad mundial. Ponen en entredicho las relaciones diplomáticas de las naciones del mundo no sólo para con los Estados Unidos, sino en general en términos geopolíticos. ¿Cuál es la opinión, por ejemplo, del gobierno americano sobre el primer ministro italiano Silvio Berlusconi? Parece ser, según los cables que publica Wikileaks, que es la misma que todos teníamos de ilcavalieri desde mucho antes. ¿en qué cambia la perpectiva de la información entonces? Seguramente en que no es lo mismo lo que opine Larry King –por poner un ejemplo- de Berlusconi que lo que opine en términos de inteligencia el gobierno norteamericano. ¿Y de qué sirvió saber la opinión que tiene Estados Unidos sobre el premier italiano? De nada, salvo que ahora estamos atentos en ese caso de la reacción lógica del país supuestamente espiado para ver si contesta, afirma o desecha lo revelado por el cable respectivo.


Otra circunstancia que hay que señalar es la relacionada con  un hecho también poco comentado hasta ahora: la debilidad del gobierno americano en esta incómoda y penosa situación. Me refiero específicamente a la debilidad del gobierno de Barack Obama para evitar semejante fuga de información que, dicho sea de paso, pasará a la historia como la más grande de todos los tiempos. Nunca, jamás en la vida de la nación más poderosa del mundo, había sucedido que una administración dejara huecos –boquetes- tan grandes que su propia negligencia pusiera en riesgo la paz mundial. Y le tocó, por cierto, a la administración del primer presidente afroamericano que habita la Casa Blanca. Obama es un presidente débil, maniatado por muchos factores reales de poder adentro de la propia Casa Blanca, el Capitolio y el Pentágono. Y los republicanos ya están sacando provecho del caso cablegate para posicionarse con miras al 2012.


Assange debe permanecer en la cárcel y no sólo por los delitos de índole sexual por los que se le acusa, sino por poner al mundo en una situación de tal fragilidad que pudiera provocarse una desestabilización de proporciones mayúsculas, incluso bélicas. Su causa no es la causa de la libertad de informar, sino la causa del protagonismo personal que trastoca la paz mundial. Y la causa del morbo, del que viven muchos, empezando por los que lo defienden a capa y espada.

 

PEDRO ALBERTO GUTIÉRREZ VARELA

Miembro activo del PAN y regidor
electo del ayuntamiento de Puebla

[email protected]

 



 
 

 

 
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