Opinión


Pedro Gutiérrez

20/07/2012

AMLO, un perdedor nato


El proceso electoral prácticamente ha terminado. Después de las votaciones, el cómputo distrital y la entrega de las respectivas constancias de mayoría para los candidatos triunfadores, sólo resta la etapa jurisdiccional para que concluya el proceso en su conjunto. La intervención del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación le da certeza y legalidad a la voluntad popular expresada en las urnas. Después del Tribunal, no existe otra vía institucional que puede modificar el resultado electoral. En el México democrático que ha venido perfeccionando sus instituciones electorales, la calificación electoral a una instancia jurisdiccional. Las dos últimas elecciones presidenciales confirman la atinada decisión que en su momento se tomó para hacer descansar en el Poder Judicial Federal la validación definitiva e inatacable de los procesos electorales.


En ambos procesos presidenciales (2006 y 2012), las elecciones han dado de qué hablar. La primera en función de lo reñido de la contienda, misma que arrojó como ganador de la misma al hoy Presidente Felipe Calderón. La segunda, mucho más holgada en cuanto al resultado final, por el capricho del mismo que perdió la del 2006: Andrés Manuel López Obrador. Casi todos sabíamos que el terreno en el que mejor se desenvuelve López Obrador es el de la rebeldía social y electoral. Le sale mejor este papel que el de candidato, donde deja mucho que desear y eso se demuestra con las incontables ocasiones en que ha perdido. Solo una vez pudo ganar López Obrador en las urnas, en aquel lejano año 2000 cuando, por cierto, no debió haber participado como candidato a la jefatura de gobierno del DF por no cumplir con uno de los requisitos establecidos por la ley en aquel momento.


Andrés Manuel es un perdedor nato, pero de la derrota es que siembra y labra siempre su futuro político. Nada más y nada menos para alguien que es un vividor de la política. Hoy no parecen haber muchos argumentos legales para declarar la invalidez de la elección presidencial y sin embargo ha venido construyendo en las últimas semanas historias casi fantasiosas relacionadas con una presunta compra del voto de algo así como 5 millones de almas. López Obrador no se percata –y si lo hace, no le importa- que cuando esgrime sus argumentos fantasiosos del fraude electoral lastima a la gente, incluso a sus propios seguidores. Lo que AMLO quiere decir cuando refiere que hubo una compra de votos masiva y/o que no se contaron bien éstos, es que la gente en México carece de cultura democrática y de adultez política.


Que quede claro: no estamos diciendo que la elección estuvo exenta de irregularidades. Cierto es que hay la presunción de alguna compra de votos –ya lo dijo el mismo Felipe Calderón-, pero hay que decirlo con todas sus letras: si algún partido político nació con la cultura de la transacción del voto a cambio de dinero además del PRI, ese es el PRD. En el DF y otras entidades donde el partido del sol azteca es fuerza electoral relevante, se acostumbra a comprar el voto o a condicionarlo a cambio de la permanencia de los ciudadanos en ciertos programas sociales. Por ende, el argumento lopezobradorista cae por su propio peso pues cuando AMLO escupe sus falacias, pareciera que lo hace hacia arriba con el inevitable desenlace gravitacional que todos conocemos.


En lo particular, pienso que López Obrador –como ya lo insinuamos líneas arriba- está construyendo su candidatura presidencial de 2018 a partir de este movimiento. Cuando AMLO anuncia su Movimiento de Resistencia Nacional me parece que lo que está haciendo es legitimar al sector poblacional al que le interesa convencer, y esos son sus seguidores más radicales. A López Obrador no le interesa el resto de los ciudadanos, sino satisfacer los apetitos pedestres de sus huestes, de sus radicales. Con ello, siembra lo que cosechará a la postre como futuro aspirante presidencial. No se si por el PRD, pero al menos lo será por una de las franquicias políticas izquierdistas que le son afines.

 

Al final el Tribunal Electoral validará la elección y le entregará su constancia de triunfo a Enrique Peña Nieto. Con todo y las irregularidades que hubo en el proceso, pero la elección digamos que se llevó a cabo en un clima institucional. Falta mucho por mejorar nuestra democracia, sistema electoral y de partidos. Y en eso tienen mucho que ver el PAN, quien deberá reponerse de esta dolorosa derrota a partir de concebirse como el partido moderno que en el siglo XXI sepa reconquistar pronto la mayoría de las voluntades ciudadanas.

 

Pedro Gutiérrez

Regidor del PAN en el Ayuntamiento de Puebla

@pedropanista

 

 

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