Opinión


Pedro Gutiérrez

24/06/2011

La elección mexiquense no es laboratorio rumbo al 2012


Se avecinan los procesos electorales para elegir gobernador en tres entidades de la República el próximo 3 de julio: Nayarit, Coahuila y Estado de México. Si no pasa nada espectacular en los próximos días, la tendencia indica que el PAN ganará el estado del occidente mexicano, el PRI y el PAN se disputan palmo a palmo el estado norteño y el partido tricolor la entidad del centro del país.


De las tres gubernaturas en juego, por mucho desataca la del Estado de México. Una de las entidades más politizadas del país donde se refugia a su vez uno de los grupos político-económicos más poderosos de México (el grupo Atlacomulco), el Estado de México además cuenta con el número de población más importante de la república y, por si fuera poco, en la entidad gobierna actualmente uno de los prospectos presidenciables más serios para el 2012, Enrique Peña Nieto. Además, la coincidencia cronológica que se suscita cada seis años y que establece que la elección para gobernador en el Estado de México es exactamente un año antes de que se verifique la elección presidencial siguiente, hace de este proceso electoral el más llamativo para analistas, partidos, medios de comunicación y población en general,


Una cosa anticipamos: a pesar de las variables y coincidencias antedichas, la elección del Estado de México no es de ninguna manera definitiva ni mucho menos el laboratorio con miras al próximo año de renovación presidencial. Hoy los candidatos al gobierno mexiquense son Eruviel Ávila, Luis Felipe Bravo Mena y Alejandro Encinas, y de ninguna manera son Peña Nieto, Ernesto Cordero o Marcelo Ebrard. La disputa actual tiene candidatos concretos y realidades específicas que no se pueden por la fuerza extrapolar a un escenario que seguramente cambiará mucho en cosa de un año.


Recientemente el expresidente Vicente Fox señaló que probablemente el triunfador en los comicios mexiquenses será el priísta Eruviel Ávila; sin necesariamente compartir a plenitud el comentario vertido por Fox, hay que reconocer que el candidato priísta lleva amplia ventaja prácticamente desde que comenzó el proceso electoral y así, salvo una catástrofe, ganará los comicios. Lamentable situación para la democracia mexiquense que el PRI vuelva a ganar la gubernatura, porque a nadie escapa que la entidad está sumida en el rezago político y social y que ni los millonarios presupuestos asignados al estado año con año ni la exposición mediática de su clase política han podido sacar adelante al Estado de México.


Luis Felipe Bravo Mena es un ejemplo de perfil político con valores y propuesta; sin embargo, es claro que debió haber trabajado con la base electoral con mucha mayor anticipación y su derrota, si se concreta, será lamentable y una oportunidad perdida para los mexiquenses. Alejandro Encinas es, por el contrario, la vergüenza electoral andando: nunca se quitará el estigma de haber sido el jefe de gobierno del DF que permitió el atropello ciudadano con los eufóricos y primitivos simpatizantes lopezobradoristas que entorpecieron la vialidad más importante y emblemática de la capital, la avenida Reforma. Desde entonces, la condición de títere de Andrés López no se le puede quitar a Encinas, quien está ciento por ciento sujeto al capricho personal del mesías perredista. Además, ambos —López Obrador y Encinas— desconocieron la voluntad ciudadana —otra vez— manifestada en las urnas antes del inicio del proceso electoral mexiquense por la cual la sociedad civil empujó un cambio democrático en la entidad a partir de la conformación de una alianza electoral entre el PAN y el PRD. Sin embargo, la obstinación lopezobradorista de hacer ganar al PRI en donde pueda a través de entorpecer el avance del PAN, impidió la concitada alianza.

 

A pesar de una posible victoria priista en el Estado de México, el escenario electoral para el 2012, decíamos, es diverso; en principio, en el 2012 hay mucho más en juego que la Presidencia de la República. Está en juego toda una serie de variables —la conformación del Congreso, entre otras—, que tenderán a confirmar si nuestro sistema político ha consolidado su democracia o retrocederemos al respecto. Y esto sí es importante porque marcará el futuro del país y el de sus próximas generaciones: la confirmación de una democracia madura y socialmente eficaz o el regreso al autoritarismo cupular. Nada de esto tiene que ver con la elección de hoy en día en el Estado de México, en donde por cierto Peña Nieto no pudo siquiera impulsar una candidatura afín, pues ni a los priístas de la entidad pudo convencer de continuar con su proyecto y estilo personal de gobernar a través de un sucesor cercano a él.

 

PEDRO ALBERTO GUTIÉRREZ VARELA

Regidor del Ayuntamiento de Puebla
Compromiso por Puebla

[email protected]

@ pedrogtzpanista

 



 
 

 

 
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