Opinión


Pedro Gutiérrez

25/02/2011

La izquierda se depura: López Obrador se va del PRD


El proceso de modernización de la izquierda mexicana ha sido lento, mucho más lento que el de las izquierdas de otras latitudes en nuestro hemisferio y abismalmente menos evolutivo que el de Europa. La izquierda mexicana ha sido, junto con la derecha, factor fundamental para la democratización del país. Así lo consigna la historia y en particular la obra maestra de Enrique Krauze, Caudillos Culturales de la Revolución Mexicana, en la que se narra de manera maravillosa la vida y obra de dos representantes de las esquinas ideológicas de la política nacional: Vicente Lombardo Toledano y Manuel Gómez Morín. Sin embargo, a pesar del empuje de Lombardo y de la izquierda mexicana que se demostraron a través de la lucha social de los ferrocarrileros y los estudiantes de 1968 y 1971, lo cierto es que dicho espectro ideológico se estancó desde hace no pocos años y la evolución de la derecha dejó claramente atrás a las expresiones izquierdistas.


Una oportunidad de oro para la modernización de la izquierda se verificó en 1988 con la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas, que dio paso a la unificación de distintos partidos para crear el Partido de la Revolución Democrática. A pesar de que el PRD es más bien una ramificación del PRI nacionalista y revolucionario en antagonismo al PRI liberal representado por Carlos Salinas, cierto es que desde su fundación dicho partido se presentó como una opción aglutinadora de las causas más sociales desde el ángulo político. Cuauhtémoc Cárdenas fue el líder más representativo del PRD desde su fundación, candidato presidencial en dos ocasiones posteriores y figura moral de la izquierda desde esa trinchera. Lo mismo sucedió de cierta manera con Porfirio Muñoz Ledo y otras figuras.


Sin embargo, para finales de la década de los noventa emergió en escena otra figura proveniente originalmente del priísmo, que se convirtió en líder nacional del PRD y posteriormente Jefe de Gobierno del DF: Andrés Manuel López Obrador. EL político tabasqueño ha sido, desde entonces, el relevo natural del liderazgo que otrora ostentaba Cárdenas al grado que en las filas de la izquierda actual no se puede soslayar al concitado personaje.


Andrés López representa una verdadera ancla para la izquierda mexicana en términos de la modernización que requiere. Y hay una explicación sencilla para ello: proviene del más rancio priísmo autoritario del siglo pasado, al amparo de una retórica nacionalista que no ve, ni por asomo, hacia el futuro. Bien lo dice el periodista argentino Andrés Oppenheimer: los populistas de corte nacionalista sólo escarban en el pasado para justificar sus  incapacidades con miras al futuro.


Experto en el arte del chantaje político, primero llegó a través de esa vía a la jefatura de gobierno del DF, no siendo residente de la capital de la república como lo exigían los requisitos para ser candidato. Luego chantajeó al presidente Fox y a la clase política nacional con el martirio de su persona a través del proceso de desafuero que se le siguió en su contra. Chantajeó luego al pueblo entero al tomar las calles del DF y amenazar con paralizar el país después del resultado electoral adverso en 2006.


Y en esa larga, muy larga historia de martirios y chantajes en su haber, recién ha detonado la última crisis para el PRD: el señor López ha solicitado licencia como militante del perredismo mientras, según él, termine la alianza entre la dirigencia de su partido y la dirigencia de Acción Nacional. Sabedor de que no existe la figura de la licencia en términos estatutarios dentro del PRD, López está tendiendo el camino para generarse publicidad política, la misma que al mismo tiempo produce martirio de su figura y al final le reditúa en el chantaje acostumbrado.


En este escenario de polarización del PRD, la izquierda se encuentra estancada y pocas luces de evolución se ven al final del camino. Hay una izquierda en el PRD más clara y progresista como la que representa la dirigencia nacional y local –Jesús Ortega y Miguel Ángel de la Rosa-, o el Jefe de Gobierno de la capital Marcelo Ebrard. La referencia de los anclados en el pasado debiera ser la izquierda chilena o brasileña y no la venezolana o, peor aún, la cubana. México necesita una expresión ideológica que sea digna representante de la socialdemocracia contemporánea y no una izquierda pseudonacionalista con tintes populistas encabezadas por un caudillo autoritario como el señor López, quien al final, si emigra del PRD o éste instituto acepta la licencia solicitada, el partido habrá salido ganando quitándose de encima los caprichos y terquedades de aquel.

 

 

PEDRO ALBERTO GUTIÉRREZ VARELA

Miembro activo del PAN y regidor
electo del ayuntamiento de Puebla

[email protected]

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas