Opinión


Pedro Gutiérrez

30/11/2012


Gracias Felipe Calderón: los mexicanos te vamos a extrañar


Felipe Calderón es el presidente de México, hasta hoy. Mañana ya no podrá decirse lo anterior pues estará transmitiendo la banda y poder presidencial a Enrique Peña Nieto. Como cualquier democracia, la entrega del poder es parte de la normalidad institucional, y sucede cada determinado número de años conforme la Constitución General de la República. Hago estas precisiones porque hay un sector del abanico ideológico en México, concretamente la izquierda afín a López Obrador, que no comparte la concitada normalidad democrática y que, con toda seguridad, tratarán de convertirse en protagonistas en la toma de posesión del priista tal como lo hicieron con Calderón en el 2006.


Los mexicanos vamos a extrañar, sin duda alguna, al presidente Felipe Calderón. Y al tiempo, este aserto que hoy muchos nos han refutado, se convertirá en una realidad. Y es que Felipe Calderón será uno de esos presidentes que con el paso de años será mucho más reconocido de lo que es hoy en día, no obstante el 67 por ciento de aprobación según diversas encuestas nacionales, Parametría la última de ellas. Una elevadísima aprobación, quizá de las más altas de los últimos años, sólo comparable, me parece, con la del expresidente Ernesto Zedillo. Y como a éste, que con los años fue cuajando un mejor juicio histórico, a Calderón le espera un lugar privilegiado en el altar de los presidentes más patriotas, honestos y trabajadores que ha tenido la historia de México.


Felipe Calderón es el primer presidente panista de auténtica raigambre blanquiazul en la historia del país; antes, Vicente Fox era ciertamente miembro del Partido Acción Nacional pero su marcada distancia con los principios del partido siempre fue evidente, sobre todo ahora que se convirtió en porrista de oficio de Enrique Peña Nieto. Calderón, por el contrario, nació y creció con el panismo tatuado, sobre todo en su espíritu y sistema de vida. Desde la Presidencia de la República siempre marcó las decisiones de su administración con el sello humanista que se impone en la doctrina de Acción Nacional: cobertura universal de los servicios de salud, Seguro Popular, Oportunidades. Puede decirse, sin temor a equivocarnos, que el sexenio del presidente Calderón es el sexenio de mayor combate a la pobreza en la historia del país, muy por encima de las falacias populistas de gobiernos como el de Lázaro Cárdenas —por poner un ejemplo que el PRI siempre balbucea—, y no se diga de los sexenios de Echeverría, López Portillo o Miguel de la Madrid.


Los mexicanos son sabios y reconocen, sin duda, a los servidores públicos honestos y valientes que dieron todo su esfuerzo por un mejor país. Y en ese orden de ideas, los mexicanos reconocen a Felipe Calderón por su valentía en el combate al crimen organizado. A Calderón hay que reconocerle la toma de decisiones difíciles pero impostergables en el combate al narcotráfico, pues se trataba —desde el principio de la administración— de un flagelo que estaba creciendo exponencialmente y que tenía que atajarse desde el primer minuto del gobierno que hoy termina. La inmensa mayoría de los fallecidos en esta batalla contra el crimen organizado han sido delincuentes y no civiles. La idea de que la mayoría de los muertos en la lucha contra la delincuencia han sido ciudadanos es una de esas falsedades que propaga dolosamente la izquierda y sus medios de comunicación filiales. Pero lo mexicanos saben que hoy viven en un país mucho más seguro y que el próximo gobierno seguirá en esa línea estratégica porque no se puede dar un paso atrás en esta materia del combate al crimen organizado.


Entre otros muchos logros, Felipe Calderón pasará a la historia como el presidente que finalmente logró impulsar la reforma laboral, que sienta las bases de un México más competitivo y productivo. Será, además, el presidente que supo manejar responsablemente la economía nacional a pesar de la crisis mundial en los últimos años. México tiene hoy los mejores números macroeconómicos entre los países de la OCDE. El sexenio de Calderón es también el sexenio de una importante reforma política y de derechos humanos a nivel constitucional.

 

Vamos a extrañar al presidente Felipe Calderón, quien se va de la presidencia con la frente en alto, con el orgullo del deber cumplido. Seguramente dedicará su futuro inmediato a la academia, otro de los ámbitos que desarrolla este gran mexicano, ejemplo de todos los panistas y quien, de no ser por el absurdo constitucional de la no reelección, podría haber renovado en el cargo sin duda alguna.

 

Pedro Gutiérrez

Regidor del PAN en el Ayuntamiento de Puebla

@pedropanista

 

 

Columnas Anteriores


 
 

 

 
Todos los Columnistas