Opinión


Pedro Gutiérrez


¿Y la congruencia?


La política no es una de esas actividades que esté bien posicionada en el ánimo de la ciudadanía. En general, la población no aprueba la actividad política señalando, entre otras cuestiones, que está contaminada de falsedades, hipocresías, deslealtades, corrupción, metieras, engaños y falta de congruencia.


Muchos ríos de tinta se han gastado algunos políticos en tratar de defender lo que a veces resulta indefendible. En lo particular, estoy firmemente convencido que una actividad tan noble como lo es la política resulta recurrentemente dañada por la actitud deleznable de unos cuantos que la manchan o denigran. El problema es, por lo tanto, de los seres humanos y no tanto de la actividad sustantiva. La política es el mejor medio que ha encontrado el hombre para encausar las respuestas que requiere una mayoría y obtener el bien común.


De todos los prejuicios que el ciudadano tiene con la actividad política, me parece que el de la congruencia resulta un punto de inflexión digno de resaltar. Me explico: mientras que la corrupción y la mentira han sido durante siglos las fichas negras de la actividad política –y en México podríamos poner varios ejemplos sobre todo en la etapa del México autoritario encabezado por el PRI-, el tópico de la congruencia es el que puede acabar de denostar a la política si los actores políticos prescinden de ella.


La congruencia no es otra cosa que la correspondencia entre el hacer y el decir, entre los actos y los discursos, entre la praxis política y la ideología misma. Parafraseando a Tomás de Aquino en su definición de la verdadveritas, siguiendo el lenguaje materno del doctor de la Iglesia Católica- la congruencia es la adecuación de la cosa con el intelecto. En este sentido, los ciudadanos están cada vez más atentos a que los actores políticos al menos cumplan con esta premisa fundamental. Ya se sabe por parte de la población que un político puede robar cuando está en un puesto determinado –a mi no me den, sino pónganme donde hay, dice una vieja afirmación del sistema político mexicano-. Pero el pueblo es cada vez más acucioso a la hora de definir si un político es recto a la hora de actuar y su acción corresponde a sus ideales y discurso. Quizá por ello, cada día que pasa resulta que los ciudadanos se fijan más en los candidatos que en los partidos políticos, entre otras cosas porque ya saben en qué geometría se encuentra una institución política y les queda por determinar si cierto candidato es empático con ellos, carismático y, en el caso que nos ocupa, congruente.


En alguna entrega pasada, el que esto escribe ya atisbaba un buen ejemplo de la falta de congruencia de cierto actor político poblano que hoy actúa en el seno de mi partido, Acción Nacional. En aquella ocasión, señalamos que los panistas no podemos ni debemos aceptar la importación, desde el PRI, de ciertas prácticas corruptas y corruptoras ahora que el nieto de un ex gobernador quiere la candidatura al gobierno del Estado bajo las siglas blanquiazules. En este contexto, si el ¿ex? priísta consuma su ambición, el PAN estaría mandando a los ciudadanos una pésima señal en materia de falta de congruencia ética, histórica y política.


En este tenor de ideas, hace no muchos días el jefe estatal, Rafael Micalco Méndez, instruyó al secretario general y al director de prensa del CDE para que, mediante un comunicado de prensa y a nombre del partido, se lanzaran sendas diatribas en contra del senador de la República Humberto Aguilar Coronado. Y así fue: el comunicado se envió a algún medio de comunicación, se firmó institucionalmente y  de paso la congruencia que pregona la dirigencia estatal se vino abajo. Aclaro, de paso, que me atrevo a referir este tema porque fue la propia dirigencia estatal el que lo hizo público y no un servidor por este medio.


Ante las observaciones que un servidor hizo a tal despropósito de la dirigencia estatal, los defensores de oficio del presidente del partido de inmediato pusieron el grito en el cielo, defendiendo al órgano directivo en su ¿derecho? que tiene de criticar por medios institucionales a los actores políticos que piensan diferente y, por otro lado, denostando y amagando con sancionar a los muchos que no concuerdan con su amplísima visión de la política.


Es el caso de la diputada Leonor Popócatl Gutiérrez, quien en el discurso pregona que todos debemos actuar con congruencia y al mismo tiempo critica a aquellos que alguna vez han expresado ciertas desavenencias con la dirigencia estatal –a decir de la aludida porque todo lo que se diga en ese tema hay que externarlo sólo en los órganos internos-, pero que las últimas dos semanas ocupó casi todo su tiempo –legislativo y no legislativo- en organizar el evento en el que Manuel Espino presentó su libro Señal de Alerta. Y en lo personal me extraña porque más allá de estar de acuerdo o no en la obra del expresidente nacional del PAN, lo cierto es que a la diputada, en este caso, poco le importó apuntalar y apoyar el libro de un hombre que critica abiertamente y en público al Presidente de la República.


O ya me perdí o de plano estamos en otro caso de falta de congruencia. Porque si como ella dice ningún actor del partido –Humberto Aguilar, Ana Teresa Aranda, Díaz Caneja- puede ni debe criticar a la dirigencia que encabeza Micalco porque ello demerita la unidad del partido, la misma máxima debería aplicarse en el momento de armar eventos que no sólo trastocan al PAN como institución, sino al gobierno federal mismo y en el caso, al propio Presidente de la República.


Falta por definir si el primer caso –las críticas que los concitados liderazgos han formulado al Comité Estatal- es sancionable como ella dice y advierte y el segundo caso –organizar eventos en donde se presentan libros que denigran al Presidente de la República- también es motivo de alguna sanción –congruencia dixit-. O bien, como en muchas ocasiones, se aplica una vara distinta para casos similares.

 

Insisto: la congruencia debería imponerse, pero no sólo de palabra, sino en los hechos concretos.

 

Post Scriptum ¿Qué pensará el Presidente Felipe Calderón de que la presidenta de la Comisión Estatal de Elecciones del PAN en Puebla opera eventos para denostarlo? Ahora que el Presidente Calderón aspira a preservar la mayoría en la Cámara de Diputados, dudo mucho que en Puebla lo logre si la Iglesia, como se dice, está en manos de Lutero.

 

Muchas felicidades a nuestra querida casa editorial, Diario Cambio, quien cumple 30 años de invaluable e incansable labor periodística. Enhorabuena y que vengan muchos años más.

 

PEDRO ALBERTO GUTIÉRREZ VARELA

Miembro del Comité Directivo Estatal del PAN

[email protected]

 



 
 

 

 
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