Opinión


Pedro Gutiérrez

10/07/2009

EL RECUENTO DE LOS DAÑOS


La jornada electoral del pasado 5 de julio dejó muchas cosas para reflexionar al interior de mi partido, Acción Nacional. La derrota fue contundente y nadie, ni siquiera el más acérrimo defensor de nuestro trabajo partidista, podría negarlo. A nivel nacional perdimos no sólo una vasta cantidad de diputados federales, sino que además, por si fuera poco, perdimos las gubernaturas de Querétaro, San Luis Potosí –en ambas entidades el PAN es gobierno y dejará de serlo-, Nuevo León, Colima, Campeche y, como colofón, algunas ciudades importantes del país tales como Naucalpan, Cuernavaca, Guadalajara, Zapopan, Guanajuato y otras.


Puebla no fue la excepción en cuanto a la aplanadora priísta que pasó por encima del partido. En el caso local, las expectativas de triunfo en torno a la obtención de 8 ó 9 distritos electorales se derrumbaron conforme avanzaba el domingo y las tendencias se fueron afianzando a favor del partido tricolor. Al final de la jornada quedaba una leve, ligera esperanza diría yo, de al menos ganar el distrito 11 con cabecera en la capital del estado. La ley vigente en materia de coaliciones dio al traste con esa esperanza, pues al final del día los votos del PRI, sumados a los del Partido Verde y los de la coalición stricto sensu fueron superiores a los obtenidos por el PAN y su candidata Myriam Arabian.


16-0 fue el marcador final y no conozco a panista alguno al que no le haya dolido semejante derrota. Así, dolidos, frustrados, -encabronados diría Violeta Lagunes- el PAN sigue intentando asimilar la derrota electoral federal más categórica de la última década, sólo semejante a la que nos propinó Manuel Bartlett en 1997. Por cierto, vale la pena apuntar una coincidencia entre ambas elecciones: Mario Marín. En aquel entonces Marín era flamante Secretario de Gobernación del Estado de Puebla; ahora, es Gobernador de la misma entidad. Otrora, en 1997, ya se había mostrado como un auténtico operador electoral. Hoy, en el 2009, sigue demostrando que eso –operar electoralmente- es lo que sabe hacer.


Me parece que la reflexión que debe hacer Acción Nacional es mucho más profunda de lo que hoy se está planteando. Todavía escucho a panistas decir que perdimos dado que fuimos víctimas del atropello tricolor, de las mapacherías, del acarreo, de las camisas rojas, de la compra y coacción del voto. Sin embargo, tales acciones ya las conocemos y, hay que decirlo, nunca han dejado ni dejarán de existir en los años venideros: el PRI nació así, pervive de tal manera y no cambiará pues sería tanto como suicidarse. Siempre se ha dicho, consecuentemente, que el PRI no es un partido político, sino una maquinaria electoral prefigurada para obtener y/o conservar el poder. Por ende, estoy convencido que los panistas no podemos ni debemos lamentarnos por la operación tricolor. En este sentido, creo que lo mejor es actuar y emprender las acciones pertinentes para contrarrestar dicha maquinaria. Ya lo hemos logrado en muchas ocasiones y hemos salido avantes. Ahora, creo que desde que el panismo es gobierno ha soslayado su papel de partido que no sólo es una buena oferta política, sino también de guardián del voto libre, pacífico y voluntario de los ciudadanos. El PAN, hace años, no podía entenderse sino como una institución combativa, férrea y reaccionaria en  el sentido de las tropelías que cometía el dinosaurio. Pareciera que hemos perdido esa característica pero nunca es tarde para enmendar.


La derrota panista la asumimos todos, sin excepción. Lo mismo Rafael Micalco que Bernardo Arrubarrena, los miembros del Comité Estatal y los diversos comités municipales del interior. Igualmente la militancia, los liderazgos más representativos del estado y los propios candidatos a diputados federales. Germán Martínez, en un acto dignísimo y de alta responsabilidad y congruencia, ha presentado su renuncia al CEN del PAN. En Puebla, muchos son los que claman por la renuncia de Rafael Micalco y Arrubarrena, pero me parece que en el caso local nos favorecen de cierta manera los tiempos pues de por sí los períodos estatutarios de renovación en las dirigencias se avecinan. Claro está que, al menos en el caso de Micalco nadie espera  que se presente a la reelección. La derrota estrepitosa en el 2007 (25-1) y la que hoy estamos asimilando (16-0) no son las mejores credenciales para pretender reelegirse. Creo que no lo hará y por consecuencia es misión del panismo poblano encontrar un perfil idóneo y viable para que prepare las elecciones del próximo año.


Por cierto hubo quienes intentaron abstraerse de la derrota panista del 2009. El panista patito –término acuñado por una notable panista poblana-, Rafael Moreno Valle, intentó quitarse parte de responsabilidad en la derrota cuando declaró a un portal electrónico que él no perdió porque él no fue candidato. Valiente declaración, misma que viene a confirmar que no es tan panista como pregona y sólo le importa su proyecto personal.


Vale la pena tomar la derrota como un impulso, una oportunidad, una coyuntura idónea para forjar un mejor futuro partidista, con una estructura más sólida, una estrategia más clara y definida y dirigencias de mayor proyección. En la crisis, estoy seguro, tenemos que atisbar la oportunidad de mejorar.

 

PEDRO ALBERTO GUTIÉRREZ VARELA

Miembro del Comité Directivo Estatal del PAN

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