Opinión


Pedro Gutiérrez


¿Es el momento de un ajuste al sistema presidencial?


Uno de los debates más recientes en el contexto del sistema político mexicano es el de la revisión a cabalidad de nuestro régimen de gobierno; en otras palabras, si éste ha de permanecer en el ámbito del presidencialismo o bien, como lo pregona la otra corriente de opinión, debe sufrir una transición que nos acerque cada vez más al parlamentarismo.


En este tenor de ideas, una de las mejores propuestas que se han formulado como alternativas al sistema presidencial es la que hace el Dr. Dieter Nohlen; la propuesta de Nohlen consiste en hacer una profunda revisión del sistema presidencial, discutir sus alcances, sus fallas institucionales, sus virtudes estabilizadoras y, sobre todo, permite realizar una propuesta de ajuste que no trastoque los principios elementales que buscan  la gobernabilidad democrática.


El arreglo institucional al que hay que arribar para transitar de un sistema a otro es muy complejo, dadas las condiciones políticas, sociales, económicas y hasta culturales. Por eso, a decir del Nohlen, el consenso debe ser muy amplio y permanente, esto es, no puede subsistir un arreglo institucional si sólo existe una cierta voluntad primigenia, que luego se desvanece conforme la praxis le gana terreno a las ideas. En este caso, por eso es mejor buscar un arreglo de los actores políticos que busque satisfacer las demandas del sistema, es decir, las que tienen que ver con adecuar al presidencialismo para que sea mucho más ágil y dinámico, para que el ejecutivo asegure una interlocución permanente con el congreso y éste, a su vez, tenga claridad en los controles constitucionales que puede ejercer en la democracia republicana.


La propuesta más importante de Nohlen es la de encontrar en el marco de los sistemas presidenciales las figuras y los mecanismos que busquen que el ejecutivo desconcentre sus facultades, no para transferírselas al legislativo, sino para que se facilite su interlocución con el congreso.

 

Lo anterior no es más que la adecuación del sistema presidencial a una realidad cada vez más constante en las incipientes democracias latinoamericanas: la necesidad de llegar a acuerdos políticos, de formar coaliciones de gobierno y superar los escollos de un posible gobierno sin mayoría. Los argumentos de Dieter Nohlen son compartidos por el Dr. Jorge Carpizo, cuando afirma que es preferible una simple adecuación institucional a una polémica innecesaria sobre la pertinencia del parlamentarismo por encima del presidencialismo.


Otro de los autores mexicanos que comparten la idea del Jefe de Gabinete o Primer Ministro –la denominación no es lo de menos, pero pueden usarse por ahora como vocablos análogos- es Diego Valadés, quien ha señalado una serie de reformas que son necesarias para el constitucionalismo mexicano y que consisten esencialmente en parlamentarizar el presidencialismo. Hace no mucho el Dr. Valadés publicó su obra El Gobierno de Gabinete, en el que expone una interesante cronología del presidencialismo mexicano, hace un análisis de la figura del Presidente en México y, al final, propone la creación de una figura constitucional que cumpla con la responsabilidad de interlocución con el Congreso.


En el inicio de la actual legislatura del Congreso de la Unión, los grupos parlamentarios han aprobado la Ley para la Reforma del Estado. En el marco de dicha ley, el sistema de gobierno debiera ser revisado con profundidad para impulsar mejores mecanismo de gobernabilidad entre el Congreso y el Ejecutivo. Ya se aprobó una nueva reforma electoral; ahora, desde mi punto de vista, es menester reformar el sistema de pesos y contrapesos para reconocer lo que todos ya sabemos: la política nacional tiene su epicentro en las cámaras del Congreso. El sistema presidencial ha dejado de funcionar en los hechos y es mejor adecuar nuestra Constitución a seguir engañándonos nosotros mismos.


En general, una de las grandes lecciones que nos han dejado los sexenios de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y ahora, el de Felipe Calderón, es la imperiosa necesidad de agilizar la gobernabilidad congresional; en otras palabras, se trata de encontrar los instrumentos que permitan al Presidente de la República establecer alianzas parlamentarias duraderas y convertir a los denominados “gobiernos divididos” en una mejor locución como lo sería la de los “gobiernos compartidos”. La concentración de la gobernabilidad en el Congreso debe aprovecharse para que los actores y fuerzas políticas se tomen el tiempo de revisar la Constitución y nuestro sistema presidencial y así encontrar las fórmulas adecuadas para el ejercicio del buen gobierno. La democracia mexicana debe ser, de ahora en adelante, una democracia socialmente eficaz.

 

PEDRO ALBERTO GUTIÉRREZ VARELA

Miembro del Comité Directivo Estatal del PAN

 



 
 

 

 
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