Opinión


Pedro Gutiérrez


DIRIGENCIA DE TRANSICIÓN


El próximo domingo es un día definitorio del rumbo que habrá de tomar Acción Nacional por los próximos años. El 20 de abril del 2008 podrían comenzar a dirimirse muchas variables que incidirán directamente en el derrotero blanquiazul no sólo en atención a la elección federal de 2009 y la local del año 2010, sino en general de la vida interna y externa por el siguiente lustro.


La elección para renovar el Comité Municipal del PAN que se desarrollará el domingo venidero está enmarcada por un clima político sui generis al interior de la institución. Ya en una de las entregas anteriores de esta misma columna me había referido a los perfiles de los aspirantes a dirigir el partido. Hicimos un breve repaso de las trayectorias de Bernardo Arrubarrena y Marco Ramírez, omitiendo en su momento la mención de Miguel Ángel Dessavre dado que en aquel momento no figuraba entre los aspirantes en esta contienda.


Dessavre ha renunciado a la contienda y sólo quedan Arrubarrena y Ramírez como candidatos o aspirantes. De la renuncia de Dessavre me parece que no vale la pena hablar. En todo caso, creo que ha sido bastante desafortunada su salida de la contienda; primero porque su participación enriquecía la competencia interna en la misma medida en que estoy convencido que entre más opciones y corrientes de opinión en una institución política, mejores dividendos para la vida del partido y; segundo, porque después de la renuncia se han derivado una serie de declaraciones en torno a la supuesta participación de una supuesta organización que se supone participa en Acción Nacional para incidir en los procesos internos y externos del partido. Estoy convencido que dichas declaraciones en poco o en nada contribuyen al fortalecimiento del PAN y sí, por el contrario, demeritan la imagen y dinámica de un partido que hoy tiene la responsabilidad pública de gobernar la nación y quiere gobernar Puebla en el decurso de los próximos años.


Pero veamos hacia adelante. Siempre será mejor ver el porvenir posible –aludiendo a la obra compilatoria de Carlos Castillo Peraza realizada por Germán Martínez- que la incertidumbre innecesaria e infundada. La dirigencia que está por renovarse, como decíamos líneas arriba, deberá ser una dirigencia de la mayor relevancia para el futuro panista.


Y es que la próxima dirigencia podemos llamarla una dirigencia de transición. Y esto no es poca cosa. Dos son las metas que debe plantearse el presidente transicional del partido: por un lado, asegurar la plena operatividad del blanquiazul con miras a la elección del 2009. Fortalecer la estructura partidista para involucrar a la militancia con la sociedad y ganar las diputaciones federales. Ello redundará en una fortaleza inmanente para el 2010 y aspirar seriamente a la gubernatura, los ayuntamientos y el congreso local en ese año. Y por otro lado, más importante aún, el dirigente de la transición debe comenzar a sembrar las bases que impostergablemente requiere el partido para el próximo lustro y, si me lo permiten, década: doctrina, formación política, propuesta programática y confianza ciudadana.


Por más que nos duela reconocerlo, en el PAN de hoy no existen –como lo hubo en otras etapas de nuestra vida interna- estos imperativos. Hemos perdido la brújula doctrinal que nos arroja la formación política necesaria para la formulación de una propuesta programática importante hacia el electorado que genere la confianza ciudadana como el mejor partido político de México. Estos cuatro factores deben ser materia y contenido del trabajo a realizar por el próximo dirigente. Si los panistas nos olvidamos de fortalecer estos pilares acabaremos pagando en su oportunidad nuestros propios pecados. Hoy, con el gobierno federal en nuestras manos y como opción real de gobierno donde no lo somos, debemos buscar afanosamente ser un partido moderno, que concilie lo mejor de nuestro pasado doctrinal y axiológico que heredaron los fundadores con nuestro presente en el que debemos perfeccionar la democracia interna que siempre nos ha distinguido, y todo en búsqueda del futuro de  los resultados que esperan los ciudadanos.


El reto no es sencillo. Me parece que al PAN de hoy le faltan más ideas y le sobran apetitos personales, A nuestro partido le faltan cuadros y le sobran grupos de poder. Al PAN le falta estructura y le sobra la ambición de unos cuantos que quieren el poder por el poder mismo. Trabajemos para ello ya.


En los dos candidatos que llegan a la final de la contienda me parece que hay capacidades, talento y cariño por el partido. Ambos jóvenes, creo que los dos podrían hacer un esfuerzo conjunto por sembrar hoy para cosechar mañana lo que aquí se plantea en esta columna. En lo particular me ha convencido la propuesta y el proyecto de Bernardo Arrubarrena, pero siempre con la circunstancia de que después de su triunfo nos demuestre que es capaz de sumar y nunca de dividir. Si así es, el partido se lo agradecerá, porque como dirigente de transición tiene una misión fundamental de la cual depende la fortaleza del PAN en un mediano y largo plazo.

 

PEDRO ALBERTO GUTIÉRREZ VARELA

Miembro del Comité Directivo Estatal del PAN

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas