Opinión


Pedro Gutiérrez


ELECCIONES 2007: UNA LECCIÓN PARA LOS PANISTAS


Tal y como lo expresamos en la entrega anterior, las elecciones locales de 2007 sirvieron para demostrar que las elecciones de Estado aún se siguen verificando en algunos terruños de nuestra república mexicana. Los gobernadores, cada uno en su feudo, siguen siendo auténticos caciques que manipulan los tres poderes locales y manosean el erario público con fines electorales. La coacción y compra del voto son todavía una constante que difícilmente se podrá abatir, sobre todo en las comunidades más rezagadas de nuestro país. Y, en general, puede decirse que hay entidades –como Veracruz, Oaxaca y Puebla- en donde los gobernantes más pillos aún se salen con  la suya.


Como sea, esto no es nuevo; tal y como se ha manifestado en distintas ocasiones, si los tricolores no operasen así, dejarían de ser del PRI. En lo que hace al PAN, estamos convencidos que la elección intermedia local deja varias lecciones valiosas que son dignas de atenderse, siempre con responsabilidad, madurez, ánimo de unidad y visión de largo plazo.

 

1) Sin unidad no hay garantía de triunfo.- no hay partido competitivo que aspire a triunfar en una elección constitucional sin haber hecho todo lo posible por unir a sus liderazgos, candidatos, cuadros y militancia. Los partidos políticos democráticos –como es el caso del PAN- dirimen internamente quiénes deberán ser sus candidatos a los puestos de elección popular; pero si los militantes que no fueron electos internamente se abstienen de participar en las campañas, poca oportunidad de éxito le espera al candidato en turno. Esto pasa generalmente en el PAN. La militancia que apoyó al precandidato derrotado –hay que decirlo-, a veces apuesta por que el candidato pierda su elección. En este orden de ideas los panistas  requerimos de mayor generosidad tanto en la victoria como en la derrota. Lo contrario es oponerse al espíritu solidario que impulsó Manuel Gómez Morín.

 

2) La democracia contemporánea implica tejer alianzas.- La intensa competencia electoral nos arroja en estos días la imperiosa necesidad de operar alianzas partidistas y de índole social. Es hora de soslayar la soberbia y buscar a otras organizaciones políticas, sociales y civiles que puedan coadyuvar en el triunfo electoral. La instrumentación de alianzas implica una mayor apertura de las dirigencias partidistas. Estoy convencido que en esta elección el PAN pudo haber canalizado con mayor ímpetu un esfuerzo aliancista con grupos de la sociedad civil y con otras fuerzas políticas para ir coaligado rumbo a la contienda electoral. Ciertamente las alianzas implican seriedad y compromiso, altura moral y corresponsabilidad en  el ejercicio del poder; pero esto es precisamente lo que México necesita: apertura, transparencia y democratización del sistema político. Las alianzas pueden ayudar mucho para ganar elecciones e impulsar políticas públicas comunes en el ejercicio del poder.

 

3) El partido requiere de un trabajo permanente y no sólo electoral.- Me parece que este es el punto medular de las varias lecciones que nos deja la elección del 11 de noviembre: el PAN, ahora más que nunca, necesita convertirse en un partido que trabaje permanentemente con la sociedad. Un partido con compromiso social que, organizadamente y junto con los poblanos, teja redes comunitarias para el trabajo de gestión y de acercamiento con la sociedad. En otras palabras, necesitamos dar por concluida la etapa de ser un partido meramente electoral, y dirigirnos hacia un estadio en el que los panistas seamos la fuerza motora de un partido con impacto social.

 

Esta última lección me parece fundamental; algo que preocupa y que los panistas de hueso blanquiazul no estamos dispuestos a tolerar es que la sociedad misma no alcance a distinguir la diferencia entre un gobierno priísta y un gobierno panista. Esto, habrá que reconocerlo, es culpa del PAN mismo. A nivel partido –y para ello no hace falta necesariamente obtener el poder público-, los panistas estamos obligados a trabajar socialmente con la comunidad para demostrar que a la hora de las elecciones somos la propuesta más consistente y seria, la oferta más trabajadora y viable para el bien común.


Para ello necesitamos que la dirigencia, militantes y los principales liderazgos del partido confluyan en una apertura más tangible de la institución; tenemos que abrir el padrón para todos aquellos que quieren participar legítimamente es el esfuerzo democrático del PAN; debemos revisar nuestros procedimientos de elección interna para no llegar desgastados a las contiendas constitucionales y, en fin, debemos ser sensatos a la hora de la victoria y la derrota. Si ganamos es para gobernar con la mística panista y generar bien común. Si perdemos, debemos aprovechar el momento y el espacio para reflexionar en lo que hemos fallado y aprender estas lecciones valiosas como las tres que me he permitido enumerar en estas líneas.

 

Nota bene: Enorme satisfacción me causa que el mismo dirigente del PRI en el estado, Valentín Meneses, reconozca implícitamente que el tricolor no es la mejor opción política en Puebla, al afirmar –tal y como lo hizo- que estaba preocupado por la inexperiencia de sus legisladores electos propensos -según él- a que los panistas los chamaquearan en la legislatura que viene. Vaya cosas que escucha uno hoy en día ¿o no?

 

PEDRO ALBERTO GUTIÉRREZ VARELA

Miembro del Comité Directivo Estatal del PAN

 



 
 

 

 
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