Opinión


Pedro Gutiérrez


Un político pobre es un pobre político: Manuel Gómez Morín


O lo que es lo mismo: que no haya ilusos para que no haya desilusionados, frase acuñada por Carlos Hank González.


Pero no se espante, apreciable lector; no se trata de un dislate intelectual del que esto escribe.  Ni siquiera es ignorancia supina. Simplemente se trata de que los últimos acontecimientos suscitados en Puebla relacionados con el PAN parecieran que apuntan a una peligrosa confusión de ideas, esencias e historia partidista.


El senador electo bajo las siglas del PAN en el 2006, Rafael Moreno Valle Rosas, profirió en su discurso del sábado pasado una frase de Manuel Gómez Morín, frase que a muchos panistas –los cuales constituíamos una minoría en el auditorio- nos dejó estupefactos. Y nos dejó en ese estado no sólo por la simpleza de la frase –el fundador del PAN tiene frases más profundas que la que reprodujo el senador- sino porque la recitó un hombre que seguramente creció, creyó y cree en otros postulados más bien cercanos al derrotero priísta y, por ende, oficialista y revolucionario. No es mentira y lo digo objetivamente: cuando el ex diputado priísta comenzó a parafrasear a nuestro fundador, pensé que incurriría en alguna dislexia verbal e iba a reproducir cualquier frase del sistema político en el que él y su familia crecieron: el que se mueve no sale en la foto, vivir fuera del presupuesto es vivir en el error, o cualquier otra que algún egregio priísta haya invocado durante el autoritarismo del siglo XX.


Las anteriores consideraciones, mismas que parecieran apuntes fuera de lugar o contexto, no son más que una reflexión que intenta poner el dedo en la llaga de un evento del que algunos panistas fuimos testigos durante la presentación del informe de actividades legislativas de varios diputados y senadores en el Complejo Cultural Siglo XXI. Y digo algunos panistas porque sin duda el recinto fue abarrotado –asaltado dicen algunos, pero prefiero ser cauto en mis expresiones- por una estructura por demás ajena a los valores y prácticas panistas. Ciertamente el evento era abierto a la ciudadanía pero se entiende que por regla general a un acontecimiento de esta naturaleza arribarían básicamente miembros activos del PAN o, en su caso, muchos hombres y mujeres con afinidad al partido. Por ello, la estructura que se adueñó del Complejo Cultural resultó, cuando menos, sui generis. Las decenas de autobuses que sirvieron para transportarlos a cambio de una torta y un refresco fueron evidentes. La transa – no soy peyorativo sino que así se le llama al que hace una transacción- también fue diáfana: al final del evento se repartieron tantos itacates como personas había en el lugar y que previamente habían coreado el nombre del nieto del exgobernador priísta del mismo nombre y apellido.


Los valores y principios de Acción Nacional son otros, no cabe duda. Sin embargo, me parece que muchos panistas –incluso un servidor- hemos sido culpables de que algunas prácticas ajenas a nuestro instituto se inmiscuyan en eventos como el que aquí se relata. Por omisión, pero culpables al fin. Porque durante años, incluso décadas, los panistas pregonamos que el pilar fundamental de nuestra acción política es el respeto a la inmanente e inminente dignidad de la persona humana, misma que pierde sentido en la medida en que se le utiliza para fines clientelares como ocurrió el sábado pasado.


Lo dijo el senador Jorge Ocejo en su discurso; también lo ha referido el senador Humberto Aguilar y, con ellos, coinciden personajes tan relevantes como la subsecretaria de Estado Ana Teresa Aranda y el también senador Ángel Alonso Díaz Caneja: no podemos ni debemos permitir que los que piensan y actúan diferente a nosotros, hoy quieran utilizar sólo el logotipo del partido como vehículo para acceder al poder. Cierto es que, como lo dijo el jefe nacional Germán Martínez, el PAN es un partido abierto a los ciudadanos. Pero también es igual de cierto que esos ciudadanos deben ser hombres y mujeres libres que voluntariamente contribuyan a la patria ordenada y generosa que consigna nuestro grito de batalla.


Estoy convencido que los pocos panistas que asistimos al informe de los legisladores tienen claro el diagnóstico de lo que está pasando en el partido. Y que a partir de ese diagnóstico tenemos que dejar de ser omisos y actuar en consecuencia. Abrir los ojos y reorientar nuestra acción política para encausarla a la vereda de la congruencia y de los principios de doctrina. Todos, todos sin excepción, queremos ganar las batallas que vienen, pero queda claro que la victoria no puede ni debe gestarse a cualquier precio. Si en el camino desviamos nuestra esencia democrática, solidaria, subsidiaria y de bien común, habremos echado por la borda la labor constructora de nuestros fundadores y la brega de eternidad de los que los sucedieron. Peor aún, habremos traicionado a la ciudadanía que confía en el PAN como una institución claramente distinta al PRI y a sus prácticas corruptas y corruptoras. Al final, con nuestra mística y trabajo fuerte y ordenado tendremos autoridades panistas que invoquen en el ejercicio de gobierno los postulados profundos del PAN y no, por el contrario, autoridades que ganen gracias al PAN y que parafraseando a don Manuel Gómez Morín estén pensando en su interior en los postulados y prácticas oprobiosas de personajes como Fidel Velázquez, Hank González y otros.

 

PEDRO ALBERTO GUTIÉRREZ VARELA

Miembro del Comité Directivo Estatal del PAN

 



 
 

 

 
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