Opinión


Pedro Gutiérrez


EL CUMPLIMIENTO DE LA PALABRA


En política, el cumplimiento de los acuerdos es un pilar fundamental en el derrotero democrático. La democracia se nutre día a día de las negociaciones y alianzas que se tejen para alcanzar proyectos comunes u objetivos compartidos. Vamos por partes.


Si no hubiese divergencia de opiniones en un mismo sistema, estaríamos en presencia de un régimen autoritario. No es el caso; por ello, la divergencia de opiniones es consustancial a la democracia. Para hacer converger opiniones se requiere dialogo, mucho dialogo entre los actores políticos. Es posible que las conversaciones  no sean suficientes e incluso sean inocuas, pero como sea, el acercamiento entre los actores siempre será mejor que el distanciamiento y la ausencia del concitado dialogo.


Del dialogo pueden surgir al menos un par de escenarios: el dialogo nutre las posturas y genera acercamientos entre las partes; o bien, el dialogo también nutre las posturas pero lamentablemente aleja las posiciones iniciales. Eso puede pasar invariablemente en cualquier momento del acercamiento entre los actores políticos, pero siempre será más deseable darse la oportunidad para contrastar las posturas e intentar llegar a puntos intermedios de negociación, que no darse esa posibilidad y quedar en la incertidumbre de los acuerdos posibles.


En todo caso, llegar a un acuerdo para avanzar en puntos comunes que unen las posturas diversas es valioso para el fortalecimiento de la democracia. Este arte, el arte de la negociación, es una herramienta indispensable para ceder en algunas posiciones y afianzar otras, en un intercambio de posturas que abonen al acuerdo y que permitan el tránsito de lo irreconciliable con lo efectivamente conciliable. Negociar implica hacerlo pública y abiertamente, sin tabúes ni prejuicios - en lo oscurito, coloquialmente hablando- mediante componendas. Por eso la importancia de exponer en público una postura determinada, para alejar suspicacias en un determinado momento.


Una vez que se ha logrado una posición común con un objetivo claro y diáfano, la segunda parte de la concreción de un acuerdo se traduce en el cumplimiento de la palabra dada. Fundamental resulta pues, para la consolidación de un sistema democrático, el cumplimiento de la palabra que no es otra cosa que el cumplimiento de los acuerdos asumidos durante la negociación. Las alianzas entre los actores pueden ser coyunturales o duraderas. Eso depende de muchas circunstancias y variables intrasistémicas. En un parlamento o congreso, verbigracia, se espera que en algunos temas las alianzas sean duraderas, aunque este escenario generalmente se presenta sólo en los regímenes parlamentarios. En nuestro sistema presidencial las alianzas son más del tipo coyuntural, esto es, sobrevienen a partir de algunas coincidencias básicas y la meta es superar las diferencias cediendo un margen a cambio de capitalizar una postura propia que ceda la contraparte.


Al interior de los partidos políticos también se verifican las alianzas políticas mediante la negociación entre los actores internos en busca de objetivos comunes. Un objetivo que pueden compartir los actores políticos es el rumbo que ha de tomar el instituto en una situación o coyuntura determinada: la dirigencia de un comité, las candidaturas de la próxima elección o la posición determinada frente a posiciones programáticas-electorales. En el ámbito intrapartidista las negociaciones y el cumplimiento de la palabra debieran revestir una mayor agilidad, puesto que se supone que las posiciones de unos y otros actores son más comunes y en esencia comparten valores, doctrina, ideología y programa de acción política. Los acuerdos resultan –o deben resultar- mucho más flexibles y duraderos, sobre todo si en verdad se comparten ideales y formas de ver la política.


Pongo un ejemplo: la elección de Bernardo Arrubarrena como Presidente del Comité Directivo Municipal implicó una amplia alianza con distintos sectores del panismo que creemos y confiamos en el proyecto que él representa. Los que lo apoyamos en público comprometimos la palabra para impulsar su victoria el pasado domingo. Así lo hicimos patente muchos actores panistas como el que esto escribe, además de legisladores federales como José Antonio Díaz García y Humberto Aguilar Coronado. Ahora, el reto es seguir apoyando para honrar el compromiso asumido y aportar mejores cosas para el panismo en los años que vienen. Así lo haremos y que no quepa duda alguna. Por el lado de Bernardo Arrubarrena esperamos la misma tesitura: cumplimiento de los compromisos y acuerdos a los que arribamos. Cumplimiento sobre todo para la militancia, que exige  una dirigencia que de una vez por todas sepa traducir los anhelos del panismo en un trabajo serio que redimensione nuestra actividad partidista. Vigilantes estaremos, los que apoyamos a Bernardo, para que todos, sin excepción, trabajemos en aras de consolidar las propuestas de campaña y lo apoyemos en esta meta.


Al final del camino lo único, lo único con lo que cuenta un político para trascender en este terreno es la palabra dada y el cumplimiento honroso de la misma. Así se trasciende en la cosa pública. Ni más ni menos.

 

PEDRO ALBERTO GUTIÉRREZ VARELA

Miembro del Comité Directivo Estatal del PAN

 



 
 

 

 
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