Opinión


Pedro Gutiérrez


Mejor inteligentes que ingenuos


Tal y como lo señalamos en la entrega anterior, las últimas semanas han sido bastante difíciles para el panismo nacional y local. No ha sido fácil para los panistas sortear algunas coyunturas bastante complejas, propiciadas en su mayoría por los actores políticos que pertenecen al blanquiazul. Por supuesto estas crisis son coyunturales y no estructurales, aunque en el ánimo de la obtención del poder, cuando ya se sabe lo que significa el propio poder, las crisis pudieran transformarse –esperemos que no- en estructurales y por tanto, peligrosas.


Durante años y años, Acción Nacional buscó el poder político para transformar a México. Así lo diseñó Manuel Gómez Morín en 1939 y aunque al poco tiempo hubo un intenso debate al interior del partido por definir cuál sería la prioridad del PAN –la educación cívico política del mexicano o los triunfos electorales en las urnas-, lo cierto es que una institución de carácter político se funda y desarrolla para ganar elecciones y gobernar, desplegando las políticas públicas que subyacen de su programa de acción política.


Añejos son los tiempos en los que ganamos nuestros primeros cuatro diputados federales, no sin antes pelear a muerte –en el sentido metafórico de la palabra- curules como las que se le negaron a personajes como el mismo fundador Gómez Morín. Tiempos pasados siempre fueron mejores dice un refrán, y en el caso que nos ocupa, pareciera que nunca un dicho popular fue tan cierto para el partido albiazul. Otro ejemplo: la fatídica victoria –pero victoria al fin- del primero municipio que ganamos, en Quiroga, Michoacán. O las victorias no tanto electorales sino culturales, es decir, las victorias en las que la razón y los argumentos del PAN salían avantes en los debates públicos en el Congreso o de los gobiernos priístas que acababan reconociendo propuestas panistas que en su momento rechazaron por venir de la oposición y que después impulsaron como propias, como el caso del voto a la mujer.


Cuando el PAN comenzó a ganar espacios públicos –alcaldías, gubernaturas e incluso la presidencia de la República- pareciera que esas luchas históricas –y yo diría cuasi románticas- fenecieron. Obtener el poder, dicen  los clásicos, es nocivo para la salud. Aferrarse es peor y más degenerativo. La clave está, luego entonces, en la adecuada administración del ejercicio del poder político y la conciencia clara de que éste se acaba y no es para siempre, al menos en las democracias contemporáneas como en la que México está inserto.


Me preocupa enormemente el clima de crispación que, en este tenor de ideas, vive el panismo local con miras a las próximas elecciones federales y locales de 2009 y 2010. Hay que ser honestos y contundentes: cuando hemos obtenido el poder político en Puebla –al menos en la capital y en algunos casos en otras ciudades importantes del Estado- no hemos sido lo suficientemente capaces de demostrar que gobernamos bien, mejor y con clara orientación dirigida al bien común. Ciertamente hemos gobernado mejor y en algunos casos –no todos lamentablemente- mucho más honestamente que las administraciones priístas. Pero claro está que nos ha faltado un sello distintivo que caracterice auténticamente a los gobiernos panistas que por años, como partido, pregonamos como más capaces, honestos, eficaces y eficientes, teniendo a la persona humana como centro de inspiración. Si una cosa me preocupa sobremanera hoy en día es que en la percepción ciudadana los gobiernos panistas se parecen mucho –y cada vez más- a los gobiernos priístas.


Por lo anterior, me parece que los que aspiran o suspiran por el 2009 y 2010 deben comenzar a justificar sus intenciones abonando con su ejemplo a la cordialidad y prudencia políticas. Los panistas no somos tontos o ingenuos y, en todo caso, no debiéramos proyectar esa imagen que tanto beneficia al partido tricolor: me refiero al hecho de que cuando nuestros actores políticos se enfrentan en luchas encarnizadas por los espacios a los que aspiran –la gubernatura, por ejemplo-, mandamos señales negativas a los ciudadanos que perciben que en el PAN sólo nos interesa el poder por el poder mismo. O bien, cuando nuestros líderes se enfrascan en diatribas y epítetos –el caso de la delegación de SEDESOL, verbi gratia-, los partidos opositores se aprovechan para rentabilizar los tropiezos en los que voluntaria o involuntariamente caemos.


Yo no creo, y estoy convencido, que Humberto Aguilar Coronado o Rafael Moreno Valle; Ana Tere Aranda, Ángel Alonso Díaz Caneja o Paco Fraile; Rafael Micalco como líder estatal o Bernardo Arrubarrena en el Comité Municipal y en general todos los actores importantes del partido sean ingenuos. Al contrario, son actores fundamentales del PAN en Puebla que con su ejemplo y tesón han dado mucho por el partido y, al mismo tiempo, deben proyectar una imagen mucho más coherente y consistente que dé confianza a los ciudadanos. Estoy seguro que todos quieren un mejor partido y un mejor Estado. Y que sus aspiraciones personales tienen consonancia con las aspiraciones históricas y doctrinarias del PAN, por lo que en este momento tan difícil para el partido debieran hacer un alto y reflexionar en el sentido de aportar un grano de arena a favor de la imagen de la institución.

 

No seamos tontos o ingenuos; no proyectemos lo que la oposición quiere que proyectemos –ambición vana por el poder- ni lo que los ciudadanos no quieren ver en el PAN –gobiernos no identificables y casi iguales a los del PRI-. Mejor privilegiemos la inteligencia y la estrategia política, inspirados en nuestra plataforma histórica y la congruencia partidista. Para llegar al 2009 y darle al Presidente Felipe Calderón una mayoría legislativa y después arribar al 2010 con el mejor candidato a la gubernatura que el PAN pueda ofrecer, necesitamos ponernos las pilas y no defraudar la confianza que los ciudadanos nos han dado desde que dejaron de confiar en el PRI.

 

Un agradecimiento a don Gabriel Sánchez Andraca, pilar del periodismo poblano, por sus afectuosas palabras en  su columna Pulso Político, en referencia al homenaje que rendimos a don Miguel López González Pacheco

 

PEDRO ALBERTO GUTIÉRREZ VARELA

Miembro del Comité Directivo Estatal del PAN

 



 
 

 

 
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