Opinión


Pedro Gutiérrez


ES TIEMPO DE CONSENSOS


Las heridas siguen abiertas. En el curso de esta semana, diversos actores políticos del PAN en la capital siguen manifestando su inconformidad con el resultado electoral reciente; no es para menos, sobre todo si se toma en consideración que en números fríos, la elección del 2007 ha sido la menos favorecedora para el blanquiazul en los últimos años.


Encuentro dos inconvenientes en las manifestaciones que se hacen en estos días: por un lado, hay un ánimo de buscar culpables como si viviéramos en la etapa más profunda del Santo Oficio. Quemar en leña verde a los supuestos culpables de la derrota me parece un despropósito. Y, por otro lado, exhibir públicamente las filias y las fobias es una actitud que en nada beneficia a la institución.


En el primer caso –buscar culpables-, me parece que todos los panistas somos corresponsables del resultado electoral del pasado 11 de noviembre; por acción u omisión, todos los miembros activos del PAN tuvimos nuestro grado de responsabilidad en el trabajo político que nos fue asignado, ya como candidatos, ya como dirigentes, ya como promotores del voto, ya como representantes de casilla o cualquier otra actividad encomendada. Buscar culpables como si unos fuesen puros e impolutos y otros rudos y malévolos es tanto como hacer de la política un ejercicio subjetivo y fútil. La política maniquea a nadie beneficia pues sería muy soberbio de parte de unos cuantos arrogarse la facultad de decidir quiénes sí y quiénes no hicieron una buena campaña.


En el segundo caso, -publicidad de las manifestaciones- es indudable que a nadie beneficia en el largo plazo que se exhiban cuestiones internas que sólo los panistas tenemos que resolver desde las instancias partidistas. Ciertamente este debe ser un momento de reflexión seria del panismo, pero eso no significa que se pregone en público una serie de descalificaciones de unos y otros como si el partido fuese un botín del cual hay que adueñarse.


Lo señalamos en la entrega anterior y lo volvemos a enfatizar: en el PAN es tiempo de renovación, es tiempo de impulsar una fuerza motora que revolucione el engranaje institucional del partido. La renovación no es necesariamente un cambio de dirigentes, sino de mentalidad y disposición para volver a lo básico –los principios de doctrina y valores panistas- y enfrentar con mejores herramientas el aparato autoritario que gobierna en Puebla. La revolución interna implica una reingeniería que permita que los miembros activos trabajen desde sus colonias, barrios y juntas auxiliares para ser la voz legítima y auténtica del PAN mediante el trabajo social permanente.


Ignoro completamente si la dirigencia municipal en Puebla tenga la intención de separase anticipadamente de su encargo y convocar a una asamblea para renovar el comité en los próximos meses. En todo caso, estoy convencido que la opción de abdicar de la dirigencia es una decisión que tiene que meditarse profundamente por principio de estabilidad del partido y evitar la generación de convulsiones internas que puedan dañar más a la institución.


Sea cual sea la decisión del dirigente municipal del PAN en Puebla, los panistas debemos estar listos para tomar el toro por los cuernos. Con o sin nueva dirigencia municipal,  es tiempo de consensos y de demostrar que la unidad puede más que la diatriba, que las coincidencias son más grandes que las divergencias y que en un instituto político democrático todos tenemos cabida y ganas de trabajar para generar bien común. El problema del PAN es de fondo y no de forma, es de reflexión profunda y no necesariamente de cambio de dirigencias.


Las preguntas que siguen son: ¿seremos tan poco capaces los panistas para articular un trabajo común de los distintos grupos o equipos de trabajo? Me parece que no, porque los panistas tenemos escuela solidaria que habrá que demostrar; ¿de verdad no cabemos todas las expresiones legítimas del panismo en una institución como la que nos atañe? Por supuesto que todas las expresiones cabemos en un esfuerzo común, por que en todo caso, como decía Carlos Castillo Peraza, tenemos que vivir el PAN nuestro de cada día, no porque el PAN nos pertenezca, sino porque nosotros pertenecemos a él.


No me cabe la menor duda que en esta coyuntura, la derrota electoral es el mejor argumento para unirnos frente a la adversidad. Los grandes liderazgos del partido deben mostrarse generosos con la institución y con las dirigencias para salir adelante del bache en el que caímos. Lo mismo el senador Humberto Aguilar Coronado que Ángel Alonso Díaz Caneja, Francisco Fraile, Ana Teresa Aranda, Antonio Sánchez Díaz de Rivera, las dirigencias estatal y municipal y otros liderazgos, deben sentarse a reflexionar de qué manera puede impulsarse un mejor trabajo partidista. No hay alternativa: tenemos que apretar el acelerador a fondo para lograr una comunión mínima que posibilite un mejor partido con miras a las elecciones federales de 2009 y la gubernatura del Estado en el año 2010.


Es tiempo de consensos; de mi parte -y en eso estamos trabajando las últimas semanas-, siempre habrá disposición para dialogar y sumarnos al consenso indispensable por el bien del partido. Los panistas no somos enemigos de los panistas. Cuanto más, tendámonos las manos para mejorar lo que haya que mejorar y abortar las prácticas divisorias que impiden un partido moderno, tolerante, abierto y plural para Puebla y los poblanos.

 

PEDRO ALBERTO GUTIÉRREZ VARELA

Miembro del Comité Directivo Estatal del PAN

 



 
 

 

 
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