Perro no come perro


Luca Brazzi


Perra vida


Perdón por mi larga ausencia, pero es que tengo que contarles lo que me ocurrió después de que salió el doctor Enrique Doger de la Presidencia Municipal.


Era el viernes pasado y me había puesto mi moño muy elegante para ir a saludar a la licenciada Blanca Alcalá, mi gran amiga quien es toda una verdadera licenciada, verdá.


Una vez que iba caminando por la calle, ya cerca del Centro de Convenciones, que pasan los de la perrera municipal y ¡zácatelas babuchas! De pronto que me echan un lazo encima. Chicos ojezotes que saqué nomás de la atragantada.


Yo les gritaba “¡soy 20…soy 20!”, pos es que esa es la clave que me había dado mi amigo el licenciado Rolando López Villaseñor.

 

Y mangos, que me avientan en la parte de atrás de la camioneta unos señores que parecían panistas nomás de verles las caras.

 

Total que llegamos allá por Bugambilias a la perrera municipal.


Una vez que me desapendejé de los madrazos que me acomodaron, me acomodé mi moño y les dije muy serio:


—Ora qué, ¿por qué la agresión? ¿Pos no que perro no come perro?
—Pos porque asté sí es perro y no tiene sus vacunas.
—Momento —les grité seguro de mí mismo— que a mí me las aplicaron desde chiquito. Y además yo no soy perro, soy columnista.
—A ver, ¿dónde está la cadena? —me preguntó un tipo vestido de blanco.
—Háblenle al licenciado Sánchez Galicia.
—¿Y ese güey quién es?
—Nada de güey, que es todo un licenciado y él sabe todo eso de las cadenas.
—A mí se me hace que te vamos a dar tu calentadita —me dijo el muy malvado, mientras se llevaba la mano a no les digo qué parte.
—Pero si ya les dije la clave, además a mi me protege el doctor Enrique Doger.
—Pos ese ya no gobierna aquí.
—¿Y el doctor Casique?
—Jajajajaja —reían los muy malvados.
—¿Quieren dinero? ¿Croquetas? ¿huesitos de carnaza? Pídanme lo que quieran.
—Te vamos a dar moñoñongo.
—Noooo, moñoñongo, no. Si quieren dejo de escribir en Cambio y me voy pa’ Intolerancia, pero moñoñongo, no.
—¡Moñoñongo!
—¡Soy amigo del licenciado Marín! —grite, casi llorando.


En ese momento se quedaron callados. Ya no hicieron nada. Me encerraron en una celda y justo el lunes pude hacer una llamada telefónica. Me comuniqué con el licenciado Rafa Quiroz quien de manera muy atenta me dijo que fue la venganza de mi señor, Raymundo Vega, porque me quejé amargamente de que ya no había croquetas.


Y es que creo que con la transición del doctor a la licenciada sentí que se acababa la impunidad, pero veo que no es así.


El lunes tuve que ir a que me arrancaran las pulgas y me dieran un bañito porque ahí me tocaron unos perros que la verdá hasta parecían del diario Síntesis.


Ya regresé, gracias al licenciado Quiroz.


Después del susto, del PRI municipal —de parte del licenciado Beto Vázquez, ahora todo un regidor, y del licenciado Jorge Cravioto— me fui a relajar con unas perritas del Solid Gold.


Ahí, entre cervezas, unas carnitas y unas perras, dormí largo rato hasta recuperarme.


Va de retro, licenciados. 

 



 
 

 

 
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