Poder y Política


IVÁN GALINDO
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11/01/2013

 

¿Sí al teleférico?


Esta semana nuevamente se desató la polémica en los principales medios de comunicación por un tema que involucra al gobierno del estado y una de sus obras significativas. El famoso teleférico, que se suponía causaría euforia entre los poblanos, y un activo para explotar en el próximo proceso electoral (julio 2013), al final terminó por convertirse en un dolor de cabeza para el gobernador.


¿Necesita Puebla un teleférico? ¿A quién beneficiaría? ¿Por qué generó tanta polémica? ¿Cuál es el fondo del asunto? ¿En qué va a terminar todo esto? Veamos.


Por principio de cuentas, habría que señalar que todo proyecto que detone la actividad comercial, turística y social de la entidad es un buen proyecto, siempre y cuando se haga con planeación y conforme a la ley, es decir, no basta con que sea atractivo sino que no afecte a terceras personas, y mucho menos a la ciudad.


Ése fue justamente el problema del teleférico: que su autor no calculó (o quizá no le importó) que con su instalación se afectaría al patrimonio histórico de la ciudad, algo simplemente inaceptable.


El día de ayer, el Mtro. Arturo Rueda señalaba que “la historia no debe ser estática, sino productiva”, haciendo referencia a que los monumentos históricos deben aprovecharse como atractivo turístico, lo cual nadie en su sano juicio podría refutar. Lo que no se puede permitir es que, so pretexto de “darle modernidad” a la ciudad, se dañe su patrimonio edificado, máxime cuando no se trate de algo prioritario y cuando existen múltiples opciones alternas.


Es decir, las únicas razones para alterar un monumento histórico es cuando su estructura requiera rehabilitación, o bien cuando ponga en riesgo la integridad de la población (cuando corra el riesgo de desplomarse, pues). Y la instalación del teleférico no se enmarca en ninguno de los dos supuestos.


¿Era prioritario el teleférico para Puebla? No. Es algo atractivo pero no algo necesario. Bien se pudo haber construido en otro punto que no afectara el patrimonio de los poblanos, o bien pudo NO construirse y no pasaba absolutamente nada. Puebla no iba a dejar de ser atractiva al no contar con un teleférico.


Aunado a ello, el hoy gobernador no tenía proyectado construir un teleférico a lo largo de su administración, prueba de ello es que durante su campaña no hizo referencia alguna a tal proyecto, lo cual hace pensar que fue una ocurrencia.


Ahora bien, si no era algo prioritario y tampoco estaba planeado, ¿por qué se tomó la decisión de hacerlo? Aquí surgen dos respuestas: una turística y otra política. La primera de ellas tiene que ver con la celebración del Tianguis Turístico cuya sede este año estará en la ciudad de Puebla, y la idea de un teleférico sedujo a los organizadores. La otra tiene que ver con otro evento, no menos importante, que también se celebrará en Puebla este año: las elecciones para presidente municipal. Alguien pensó que el teleférico cautivaría no sólo a los turistas sino a los propios poblanos, que estarían agradecidos con el excelso constructor de la obra, y que si ese “constructor” decidiera postularse a “algún cargo de elección popular”, los ciudadanos sabrían corresponder tal magna obra con votos. Lo que no pensaron es que tal proyecto les pudiera resultar contraproducente.

 

Recapitulando: una obra innecesaria, no planeada, que afecta al patrimonio histórico de Puebla, no puede ser bien vista por los poblanos. Y si a eso le agregamos que el gobierno no contó con los permisos necesarios (por parte del INAH) para hacerla, en lugar de proyecto, ésta adquiere matices de capricho. Lo mismo que cuando se alteró la estructura del Fuerte de Guadalupe.

 

¿Era necesario dar una nueva imagen a la zona de Los Fuertes? Sí, pero sin dañar la estructura original (como finalmente se hizo). ¿Era (es) bueno contar con un teleférico? Sí, pero sin afectar edificios históricos (como finalmente sucedió).

 

Sin duda alguna, el teleférico se culminará. Puebla no puede tener aspecto de “obra negra” cuando venga el presidente a inaugurar el Tianguis Turístico, pero este pasaje no puede pasar desapercibido. Las autoridades deben respetar la historia de la ciudad porque de lo contrario la historia misma se encargará de cobrarles factura.

 

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