Poder y Política


Manuel Cuadras

06/09/2011

 

 

La tonta crisis de los misiles en el Ayuntamiento


En 1962 ocurrió uno de los pasajes más tensos en la historia de las Relaciones Internacionales contemporáneas, conocido como: La crisis de los misiles. Todo comenzó cuando Estados Unidos –a través de su sistema de inteligencia- descubrió una base de misiles nucleares (soviéticos) instalada en territorio cubano. Lo cual, según los norteamericanos, iba mas allá de una simple acto de intimidación (como muchos que se dieron en la “Guerra Fría”), esto representaba una amenaza a su Seguridad Nacional (y la del Continente).


Tras varios días de negociaciones, y gracias al excelente oficio político por parte de John F. Kennedy y Nikita Jrushchov, se acordó que la URSS desmantelaría la base nuclear de Cuba, a cambio de que los E.U. hicieran lo propio con la base que tenían en Turquía, es decir, ambos cederían. La idea era mantener en secreto el acuerdo para no dar muestras de debilidad ni derrota por parte de ninguno. Así se puso fin a la crisis.


¿A qué viene esto? Al reciente conflicto entre la Administración de Eduardo Rivera, y el Sindicato del Ayuntamiento. Como si fueran pocos los problemas que enfrenta Eduardo Rivera, ahora se ve envuelto en una nueva polémica.


No solo son los baches; no solo las luminarias apagadas; no solo el aumentazo a sus regidores; no solo los pleitos al interior del Cabildo; no solo son sus licitaciones amañadas; no solo la baja de policías; no solo la falta de obra pública;  no solo el problema de las mil calles; no solo es su mala relación con el gobernador; como si esto fuera poco, ahora Eduardo Rivera decide confrontarse con sus trabajadores. La historia es la siguiente.


Al igual que en la Crisis de los Misiles, un “grupo de inteligencia” de Eduardo Rivera, detecta y le informa al Alcalde acerca de unos adoquines almacenados en el Parque conocido como “Vivero Colon”. A diferencia de la referida crisis, las piezas de adoquín no representaban amenaza alguna, pero si una tentación muy grande para algún funcionario que las quería ver colocadas –seguramente- en el patio de su casa.


Ese funcionario “x”, que ahora sabemos que responde al nombre de Alejandro Fabre y que cobra como secretario de Obra Pública, mandó a un grupo de pillos (no se le puede llamar de otra manera a quien pretende sustraer, de manera ilegal, algo que es propiedad de la ciudad, y no propiedad privada), a retirar todo el adoquín que pudieran. Esto, sin ninguna orden o autorización por escrito. “Nos manda el secretario, punto…” –eso fue lo que dijeron- al tiempo que derribaban la malla ciclónica con una motoconformadora para ingresar al lugar.


El velador del lugar, junto con un grupo de trabajadores (sindicalizados) se opusieron al retiro y se confrontaron con la gente del secretario. Fue entonces cuando empezaron las negociaciones entre el líder del Sindicato (Israel Pacheco Velásquez) y el secretario de Administración del Ayuntamiento (Iñigo Ocejo). “Tú retiras el adoquín, pero con una orden por escrito, y sin violencia…” Ese fue el acuerdo, razonable para ambas partes, al igual que Kennedy y Jrushchov, nadie perdía ni mostraba debilidad.


Hasta ahí todo iba bien, sin embargo, alguien que responde al nombre de Eduardo Rivera Pérez y que cobra como presidente municipal de Puebla, dio una instrucción contraria que vino a romper el acuerdo (de paz).


“Ni madres, regresen por el adoquín, pero ahora con apoyo de la policía, y el que se oponga, se lo llevan detenido. Ahh, y sin orden por escrito, la orden la estoy dando yo, el Presidente Municipal…” Algo así fue la indicación.


¿El resultado? Cuatro lesionados, cinco detenidos, una amenaza de paro laboral, y una crisis (innecesaria) que se suma a la larga lista de pifias que ha cometido Eduardo Rivera desde hace siete meses! Veremos en qué termina esta nueva y absurda crisis que enfrenta Rivera.

 

*Por cierto. Eduardo Rivera, a través de su síndico, dijo ante los medios que “el Presidente no mandó a la Policía, el presidente no dio esa instrucción…” Debo confesar que al principio desestime la declaración y pensé: “Ni modo que los policías se manden solos…” y tras meditarlo un tiempo llegue a la siguiente conclusión: Puede que el Sindico tenga razón, si a Eduardo Rivera no le hacen caso ni sus Regidores, quizá los policías en verdad se manden solos…

 



 
 

 

 
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