Poder y Política


Manuel Cuadras

01/07/2010

 

 

No al voto nulo


Estamos a sólo tres días de la elección más importante en la historia de Puebla. Por primera vez nos encontramos frente a un proceso altamente competido y, como consecuencia de ello, ante la posibilidad de que se dé la alternancia en el poder. ¿Se da cuenta la magnitud de esta elección?


Por primera vez los poblanos tendremos una competencia real, no pactada, no de a mentiritas, no simulada (quizá un poco amañada). A diferencia de otros procesos, en que desde el inicio sabíamos el resultado de la elección, esta vez los poblanos tendremos el poder de escoger al próximo gobernador. Nunca antes el voto había valido tanto (por eso la tentación de ciertos actores por inhibirlo). De ahí la importancia de salir a votar el domingo.


La reciente campaña lanzada para promover el voto nulo (además de tener un origen dudoso) carece de un propósito sólido. ¿Cuál sería la finalidad de anular el voto?, ¿mostrar desprecio hacia los aspirantes? Existen otras formas de resistencia civil para mostrar rechazo hacia las autoridades y presionar para que enmienden una decisión equivocada (manifestaciones, plantones, desplegados, boicots, etcétera).


¿Se gana algo anulando el voto? ¿Cree realmente que los políticos cambiarán su actitud ante tal “muestra de rechazo”?, lo dudo. Si con anular el voto se impidiera que los candidatos tomen posesión, obligándolos (en una segunda vuelta) a mejorar sus propuestas y reconquistar a su electorado, el voto nulo adquiriría otra connotación: se volvería una herramienta útil, en vez de un recurso desechable.


Cierto, el nivel de las campañas no fue el más idóneo, los candidatos se dedicaron a desprestigiarse mutuamente, fue una campaña de lodo. Nos marearon con sus encuestas, nos asquearon de guerras sucias. Todo eso es cierto, sin embargo, la democracia no es perfecta sino perfectible, y lo más rescatable (el gran logro) de este proceso, es —repito— la equidad en la contienda del 4 de Julio.


Toda competencia es sana y en política, aún más. El equilibrio entre pesos y contrapesos es fundamental en toda democracia, y en Puebla hacía mucho que no oíamos hablar de eso.


Antes de pensar en el voto nulo, pensemos mejor en el voto ciudadano o en el voto de castigo. Aprendamos a castigar o a premiar con nuestro voto; el voto es eso, un arma, utilicémosla entonces como tal. No hacerlo así sería como tirarlo a la basura.


El voto sirve para castigar el continuismo y la imposición; para castigar los hoyos financieros; pero también para premiar el modelo (oferta política) que más se acerque a nuestros ideales y convicciones, en el entendido de que no hay candidato perfecto, partido perfecto, ni gobierno perfecto.


Si se impone el voto ciudadano sobre el voto corporativo podremos acabar (o por lo menos mermar) con cacicazgos, mafias partidistas, compra de votos, etcétera. Si se impone el voto nulo —cosa que lo dudo— no sucederá nada. Sólo confirmaremos algo que ya de por sí sabíamos: que detestamos a los políticos, ¿y? De todos modos seguirán gobernando, el voto nulo no los mata, sólo los fortalece.


Nos leemos el próximo martes para analizar el resultado de la elección, y de los cuartos de final, por supuesto.


*Dos dudas


Por cierto, tengo dos dudas acerca de dos grandes mitos que escuchamos a lo largo de estos meses:

  1. ¿No que el PRI le llevaba 20 puntos de ventaja al PAN? ¿Dónde quedaron esos 20 puntos? ¿Los perdieron?, qué triste.

  2.  

  3. ¿No que Rafael Moreno Valle arrasaría fácilmente con Zavala? Recalco el:  f-á-c-i-l-m-e-n-t-e.



 
 

 

 
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