Poder y Política


Manuel Cuadras

01/09/2011

 

 

Breviario cultural sobre el 1 de septiembre


El día de hoy el Presidente Felipe Calderón entregará por escrito su quinto informe de gobierno. Hace seis años que el Presidente no da un mensaje (verbal) de frente al Poder Legislativo, como a lo largo de todo el Siglo XX se estilaba. El último en hacerlo fue Vicente Fox, precisamente al rendir su quinto informe de gobierno.

 

Un año después, y tras la fraudulenta elección presidencial de Julio (2006), un grupo de legisladores del PRD, tomaron la tribuna de San Lázaro, en señal de protesta y de resistencia civil, para impedir al Presidente que ingresara al Congreso. Esto obligó a Fox a dejar su Informe escrito y tener que retirarse. “Lo entregas y te vas…” –le gritaban los diputados disidentes, en clara alusión al “comes y te vas” hecho famoso por Fox-

 

A partir de ese momento iniciaba una nueva época en México. “El día del Presidente” había quedado atrás. Los 1º de Septiembre, a lo largo de muchos años, fueron eso, un día de lucimiento para el Presidente. Vale la pena hacer una breve remembranza.

 

La tradición de la pasarela presidencial data desde la Constitución de 1824, la cual, en su artículo 120, establecía que: los encargados de cada Secretaría (no el Presidente) estaban obligados a dar cuenta de la situación en la que se encontraba su respectivo ramo. Por su parte, el artículo 63 de la Constitución de 1857 decía textualmente: “A la apertura de sesiones del Congreso asistirá el presidente de la Unión y pronunciará un discurso en que manifieste el estado que guarda el país. El Presidente del Congreso contestará en términos generales…” (Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, INEHRM). Ya para la Constitución de 1917 se estableció que dicho Informe fuera entregado (también) por escrito.

 

Así transcurrió todo el Siglo XX. Para ese momento, el presidencialismo en México estaba más que arraigado, y el Presidente de la República parecía (y ejercía) como monarca. Lógico era pensar que, los “Informes Presidenciales”, más que un ejercicio de rendición de cuentas, se volvieron monólogos tediosos de megalomanía presidencial.

 

Muchas veces, los Presidentes de la República aprovechaban la tribuna del Congreso de la Unión para hablar de un tema de coyuntura nacional, dejando un lado su responsabilidad de “informar”. Ejemplos:

 

En 1911, Porfirio Díaz “lamentaba que los candidatos perdedores no se hubieran limitado al legítimo ejercicio del sufragio popular (refiriéndose al movimiento revolucionario encabezado por Madero)…”

 

Cómo olvidar los discursos históricos pronunciados por Gustavo Díaz Ordaz (en su cuarto y quinto Informe, respectivamente) con motivo del movimiento estudiantil de 1968:

 

“Hemos sido tolerantes hasta excesos criticados, pero todo tiene un límite, y no podemos permitir ya, que se siga quebrantando irremisiblemente el orden jurídico, como a los ojos de todo mundo ha venido sucediendo…"

 

"Asumo íntegramente la responsabilidad personal, ética, social, jurídica, política, histórica por las decisiones del gobierno en relación con los sucesos del año pasado (sic)…"

 

El presidencialismo se fue desgastando (lo mismo que el Partido hegemónico). La oposición fue ganando espacios (cedidos por el Partido hegemónico), de tal suerte que, ya para la década de los ochentas del siglo pasado, los Informes Presidenciales eran una auténtica batalla entre las distintas fracciones parlamentarias. Esto obligó a cambiar el formato de las ceremonias y oficializar las posturas de los Partidos en tribuna (y no a través de chiflidos).

 

Así llegamos a los gobiernos panistas del nuevo siglo. Fox, padeció le que como diputado hizo alegremente: estropearle la fiesta al Presidente en turno. Y cuando fue Presidente, ya no le parecían tan graciosas las ocurrencias de los diputados que no lo dejaban hablar. ¿Y Calderón? ¿Qué podemos decir? Entró por la puerta de atrás de San Lázaro, y por la misma se va a salir. Llegó a la Presidencia producto de una guerra sucia, y una guerra (no menos sucia) lo tiene sumido en una severa crisis de legitimidad. Seguramente mañana, en su mensaje televisivo a la Nación, dirá que “defenderá como un perro su guerra contra el narco…” Veremos.

 



 
 

 

 
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