Poder y Política


Manuel Cuadras

03/11/2011

 

Tres reflexiones de la muerte en el lúgubre mundo de la política


¿Qué es pues la muerte, si no más que el momento en que dejamos de latir, pulsar,
respirar, sentir, amar, reír, llorar, gritar, existir…? Nada del otro mundo…


Reflexión 1. Recuerdo que hace algunos años, una persona a la cual aprecio y respeto en demasía (de nombre Silvia y apellido Tanús) me compartió una reflexión que marcaría mi vida profesional: “La política es la única actividad en que los muertos resucitan…” En aquél tiempo la autora de la frase se encontraba en un mal momento político (derivado de la debacle electoral de 2003) y había decidido tomarse un tiempo para guardarle el luto respectivo a su candidatura y regresar con más fuerza. Y así fue, el tiempo y la política se reunieron nuevamente en su tablero de ajedrez, y Tanús siguió dando clases de política a muchos de la aldea (y estoy seguro, lo seguirá haciendo).

 

Nada más cierto que lo anterior. La política es ese extraño juego en que unos salen, otros entran; unos permanecen y otros regresan. ¿En qué radica una y otra condición? En muchas cosas, pero creo que lo podríamos resumir en una sola: la suerte, sinónimo de destino, aliada de las circunstancias, y cómplice de las coyunturas.

 

Hay personas (políticos) que sin merecerlo mueren, y otras que sin desearlo nacen. Otras en cambio están muertos sin saberlo, y otros tantos, viven sin luchar. Paradojas de la vida y la polítca.

 

Reflexión 2. La Muerte es esa señora altiva, soberbia y elegante que pone fin a nuestros latidos cuando nos toma de la mano. Tiene una prima que la ayuda en sus labores y que es conocida como “La Muerte Política”. Ésta última, gusta de andar sola, casi nunca se hace acompañar de su prima la mayor. Es muy coqueta y se divierte besando a los políticos con los labios envenenados, para mandarlos a dormir un rato, y disfrutar nuevamente de la misma travesura al despertar de su letargo (así, durante varios sexenios).

 

La prima mayor, en cambio, casi siempre se hace acompañar de su prima política, de tal suerte que, cuando la Muerte se presenta ante un político, la Muerte Política entra en escena también, poniendo fin, al mismo tiempo, a la vida y obra del personaje en cuestión. Sin embargo, no siempre sucede así, existen ciertas excepciones. La vida de un hombre termina cuando encuentra la mano de la Muerte, pero su obra y legado continúan, resistiéndose a partir en compañía de la Muerte Política, eso solo sucede con los grandes políticos, cuyas ideas no mueren y están perennes en la mente de los mortales. Puede una persona morir biológicamente y vivir políticamente

 

Reflexión 3. En 1994, ante la trágica muerte de Luis Donaldo Colosio (hombre cuyas ideas no murieron en Lomas Taurinas), muchos politicuchos pretendieron aprovechar la coyuntura para desconocer los pactos celebrados con el ex candidato presidencial Colosio.  Uno de ellos fue Ernesto Zedillo, su sucesor, quien quiso echar abajo las candidaturas a diputados y a Senadores ya palomeadas por Colosio, para impulsar a gente afín a él (Zedillo) y no a los perfiles aprobados por su antecesor asesinado. En Puebla esa (mala) suerte la iba a correr Melquiades Morales Flores, hombre muy querido por Colosio, pero que nada le representaba a los intereses de Zedillo. Zedillo (candidato) habló con el entonces gobernador poblano Manuel Bartlett para informarle que su decisión de no postular a Melquiades Morales, lo hacía ya en su calidad de candidato y próximo Presidente de la República, a lo cual, el mandatario poblano se opuso, diciendo que él (Bartlett) había establecido un acuerdo con Colosio, y que los acuerdos son para cumplirse, mucho más, tratándose de la memoria de un fallecido.

 

¿Era Melquiades Flores el candidato de Bartlett? No, y esa era la oportunidad perfecta para descarrilar el proyecto sucesorio de Melquiades, sin embargo, el respeto a la memoria de Colosio pudo más que las ambiciones personales del momento. La vida (y la muerte) no se equivocan. Colosio, Bartlett y Melquiades hoy son políticos que gozan de cabal salud en la memoria y el afecto de la gente, ¿y Zedillo? Por eso soy un convencido que la vida y el tiempo se encargan de poner a cada quien en el lugar que le corresponde

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas