Poder y Política


Manuel Cuadras

05/10/2010

 

 

El espejismo de las encuestas (una mirada al contexto internacional)


Algo raro sucede con los estudios de medición electoral, comúnmente conocidos como “encuestas”. Por todos es conocida la crisis de credibilidad que enfrenta actualmente la mayoría de las casas encuestadoras, en algunos casos, por su falta de profesionalismo (se venden al mejor postor), en otros, por su dudosa procedencia (empresas patito), y en otros casos, simplemente por errores en las proyecciones realizadas (no le atinan al resultado).


Esto, repito, no es desconocido para nadie, todos fuimos testigos de la guerra de encuestas que protagonizaron varios aspirantes a la gubernatura del estado. Cada día salía una encuesta nueva con un resultado distinto. Al final, en un mar de cifras y “tendencias”, ninguna empresa (y recalco: ninguna) acertó en sus pronósticos acerca de los resultados electorales que hoy todos conocemos.


La gran mayoría vaticinaba una ventaja para el PRI; pocas fueron las encuestadoras que anunciaron un triunfo para la coalición encabezada por Rafael Moreno Valle, e incluso de esas pocas, ninguna vislumbró un escenario de amplia ventaja opositora (como al final se dio).


¿Qué sucedió? ¿Falta de profesionalismo? ¿Falta de capacidad? ¿O será que la visión clínica de los encuestadores fue superada por la decisión volátil de los ciudadanos? En el caso de Puebla, considero que fue una mezcla de los tres factores.


Cierto es que muchas encuestadoras se vendieron (hicieron trajes a la medida). Cierto es que hubo otras que no contaban con los recursos técnicos, materiales y humanos para hacer estudios serios (empresas patito), pero también es cierto que, como en ninguna otra elección, el electorado presentó un comportamiento sui géneris que no fue predecible, ni cuantificable por las encuestas.


Ahora bien, este extraño comportamiento de los electores no se presentó únicamente en nuestra entidad, algo similar ocurrió en los estados de Durango, Hidalgo y Veracruz, en los que, si bien ganó el PRI, no lo hizo con la contundencia (holgura) que preveían la mayoría de las encuestas.


Esto ocurrió a nivel nacional este año. Ahora, si alejamos la lupa un nivel más alto y analizamos lo sucedido en el contexto internacional, descubriremos con asombro dos fenómenos similares: el caso Venezuela y Brasil.


En Venezuela las encuestas presagiaban una victoria arrolladora del Partido Socialista Unido de Venezuela (de Hugo Chávez); sin embargo, a pesar de obtener el triunfo en la mayoría de los estados, Chávez pierde la mayoría absoluta, conformándose únicamente con la mayoría simple.


En Brasil, mientras tanto, la candidata Dilma Rousseff (vinculada al actual presidente Lula Da Silva) perdió la “cómoda ventaja” que le daban la mayoría de las mediciones pre electorales y actualmente se disputará una reñida segunda vuelta con el derechista José Serra.


¿Qué pasa con las encuestas hoy en día? Evidentemente se trata de elecciones y contextos totalmente disímbolos entre sí; sin embargo, en un ejercicio sencillo de política comparada podríamos determinar las siguientes contantes:


1. Apatía creciente (aún en Brasil donde el voto es obligatorio), lo cual, es una variable muy difícil de cuantificar: una persona puede decir que va a votar por “x” candidato y a la mera hora quedarse en su casa.


2. Falta de confianza en las encuestadoras, lo cual implica que los ciudadanos rechacen contestar encuestas o en el peor de los casos, falseen en sus respuestas.


3. Confusión por parte de los electores. Ante las recientes técnicas de proselitismo telefónica implementadas por muchos políticos, los electores se ven abrumados de llamadas y no saben diferenciar entre una llamada de push poll (basada en la persuasión) y otra de sondeo electoral, por lo tanto es, hasta cierto punto normal, que los ciudadanos den distintas respuestas a una misma pregunta.


Conclusión: Los encuestadores tendrán que encontrar nuevas técnicas de investigación de las preferencias ciudadanas si quieren volver a ser un instrumento confiable de proyección electoral.


Por cierto, esto representa un foco rojo para el PRI en sus aspiraciones de regresar a Los Pinos. ¿Qué sucedería si la “amplísima” ventaja de Peña Nieto sobre los demás contendientes, es virtual, un espejismo, un error de cálculo? Sería tanto como caerse de la nube ¿no?

 



 
 

 

 
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