Poder y Política


Manuel Cuadras

07/04/2011

 

 

No más sangre


El día de ayer, más de 50 mil personas salieron a las calles de todo el país para exigir un cese al fuego en la lucha contra el narcotráfico: “¡No más fuego!”, “¡No más muertos!”, “¡No más sangre!”, fueron algunas de las consignas.


La convocatoria a la marcha se dio a raíz de la muerte del hijo del periodista y poeta Javier Sicilia, lo cual desató una ola de indignación entre la comunidad intelectual que terminó permeando entre la llamada “sociedad civil”.


Acto seguido, Sicilia, destrozado por la muerte de su hijo, y en un acto de desesperación, lanzó una propuesta al gobierno federal: “negociar con el narco para frenar la matazón”, propuesta que atraviesa por la mente de millones de mexicanos.


Fue entonces cuando surgió la polémica; a muchos les pareció descabellada la idea y comprendieron la pena por la que atravesaba el poeta, otros (los que marcharon ayer) se sumaron tácitamente a la propuesta de Sicilia.


Cabe aclarar que el cese al fuego clamado por los manifestantes es un llamado a los dos bandos: autoridades y narcos; policías y ladrones (a eso se ha reducido esta guerra). Algunos críticos de la marcha dirán que no sirvió de nada (como aquella organizada en 2004 en el Ángel de la Independencia), y quizá tengan razón: ni Calderón claudicará en su (estúpida) idea de acabar con los mafiosos, ni éstos dejarán de asesinar por las consignas de ayer.


La marcha fue entonces, si así se quiere ver, un simple ejercicio de catarsis social, un medio para sacar todo el coraje, la indignación, el rechazo y la impotencia por el ambiente putrefacto que se vive en México, y eso no es cosa menor.


Fue un grito de desesperación colectivo: “Estamos hasta la madre”. El pensamiento de Sicilia es claro y sencillo, y sintetiza lo que piensan muchos mexicanos: ya no importa cómo empezó todo, ya no importa si Calderón se equivocó o no; tampoco importa si vamos ganando o perdiendo la batalla, lo que importa es detener esta chingadera, y si para eso es necesario negociar con el narco, ¿por qué no considerarlo?


El tema, por demás complejo, debe analizarse sin dobles morales ni dobles discursos. Tras la propuesta de Javier Sicilia no faltaron quienes se tiraron al piso para exclamar: “¿Cómo es posible?, eso jamás, el Estado no puede negociar con criminales…”.


Viéndolo bajo una óptica estrictamente de la filosofía política, tales cuestionamientos tienen razón; sin embargo, yo me pregunto, ¿de cuándo acá la política ha estado apegada a la moral?, y más aún, ¿de cuándo acá la política mexicana ha estado apegada al Derecho?


¿El “Estado mexicano” no negocia con criminales? ¿Y la fuga del “Chapo” Guzmán en 2001? ¿Y el encubrimiento a los ladrones de cuello blanco? ¿Y la protección brindada a gobernadores que quebrantan la ley? ¿Y los gobiernos municipales que dan protección a los giros negros?


No se trata de fomentar la impunidad desde el propio gobierno, se trata de gobernar con inteligencia y sin falsas morales.

 

¿Es descabellada la propuesta de Sicilia? A primera vista sí. Apegados estrictamente a Derecho, también. Pero si se analiza a luz de las 40 mil muertes que ha arrojado esta guerra, y todo el ambiente de incertidumbre social que actualmente prevalece, la opción comienza a bañarse de lógica. Al menos eso es lo que pasa por la mente de millones de mexicanos…

 



 
 

 

 
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