Poder y Política


Manuel Cuadras

10/03/2011

 

 

Los patos vs las escopetas


Si Mario Benedetti viviera, seguramente escribiría un cuento titulado “La política y la locura”, en el que, al final, se desprendiera que la política es invidente y la locura es su fiel lazarillo: “la política es ciega y siempre va acompañada de la locura”, diría el gran Benedetti.


Simplemente no hay manera de entender lo que pasa en el ámbito político; me refiero por supuesto en nuestro país, que, como bien lo apuntó alguna vez Mario Vargas Llosa, somos el ornitorrinco del mundo. El ornitorrinco tiene pico de pato, pero no es pato; se arrastra, pero no es roedor; puede nadar, pero no es pez; según su mapa genético, es mamífero, ave y reptil a la vez, ¿algo raro no? Algo así es México, somos una república con tres poderes “autónomos” que en realidad no lo son tanto; contamos con una autoridad electoral “imparcial” que en los hechos no es tan imparcial; tenemos sistema pluripartidista, en el cual la derecha se une con la izquierda; y tenemos políticos corruptos que difícilmente son juzgados a pesar de las evidentes tropelías cometidas.


Vivimos en el mundo del revés, en el cual todo es posible. Veamos.


1. Una persona es juzgada y sentenciada de manera errónea gracias a la declaración falsa, ridícula y contradictoria de un testigo preparado. Al final, después de tres años de litigio y de un sinnúmero de evidencias que delataron la parcialidad del juez, el “presunto culpable” es declarado inocente. Hoy, resulta que aquel testigo falso se siente víctima y acude a las autoridades para solicitar su protección, y lo peor es que éstas le dan (parcialmente) la razón. Ver para creer.


2. La izquierda y la derecha se aliaron en las pasadas elecciones en Puebla (al igual que en otros estados), dijeron que fue para derrotar a un adversario común: la antidemocracia, representada en los gobiernos deslegitimados del PRI. Pero si tal unión resultó incoherente e incongruente desde su nacimiento, resulta más contradictorio aún que una vez alcanzado el objetivo se peleen entre todos. ¿Qué no el enemigo era el PRI? Pues ahora resulta que los enemigos son ellos mismos (los aliancistas). Por un lado, Convergencia ha roto relaciones con el morenovallismo, mientras que en la capital los propios panistas se pelean entre sí o, mejor dicho, ni los (regidores) panistas le hacen caso al presidente (panista) Eduardo Rivera.


3. Pero el caso que me parece el más descabellado es el de Ricardo Henaine, digno de una novela de Boris Vian. Por principio de cuentas, cabe recordar que quien diera inicio con toda la ola de fraudes, despojos, robos, saqueos (o como se le quiera llamar) en la zona de la Atlixcáyotl fue Mariano Piña Olaya, gobernador de muy mala reputación y peor recuerdo para los poblanos. Resulta contradictorio que hoy su hijo, Juan Pablo Piña, esté tratando de enderezar los cochupos que en funciones hiciera su progenitor, ¿por qué no le pregunta al exgobernador cómo fue el proceso de “expropiación” de dichos predios? Sin duda sería fundamental tener la película completa para entender todo el desarrollo que tuvo esa importante zona.

 

¿Y qué decir de la actitud de Ricardo Henaine? Empresario consentido del sexenio pasado, accionista del Puebla con la ayuda de Mario Marín, ¿hoy víctima del nuevo gobierno? ¿Ricardo Henaine pasó de ser empresario rapaz, pillo y corrupto, a ser perseguido de la justicia? Eso sí que es el mundo al revés; ahora resulta que “los patos le tiran a las escopetas”. A ver cómo terminan los casos anteriores…

 



 
 

 

 
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