Poder y Política


Manuel Cuadras

11/01/2011

 

 

Cambios en el gabinete


El pasado viernes por la noche, el presidente Calderón realizó nuevos cambios en su gabinete. El “anuncio” se hizo en medio del sigilo y la discreción de un viernes por la noche, siguiendo la máxima mediática de “si quieres que una nota se pierda, métela el viernes para que el lunes ya nadie la pele”.


No es para menos, con este suman 32 cambios en total los realizados por Calderón desde el inicio de su sexenio, lo cual nos da una pauta para saber cómo marchan las cosas al interior del gobierno federal.


Todo cambio en un gabinete obedece a dos cosas: a generar una mejora en el funcionamiento de la administración pública, o a una estrategia de fortalecimiento político. En el caso de Calderón, quizá hayan sido ambas las razones del reciente ajuste, ya que, al día de hoy, a 23 meses de entregar Los Pinos, su administración navega sin rumbo (así lo percibe la mayoría de los mexicanos) y políticamente es muy débil (no cuenta con posibilidades reales de pelear el 2012).


Calderón no está a gusto con el funcionamiento de su equipo, eso está claro, los múltiples cambios así lo demuestran. Dentro de su desesperación, el presidente ha dejado fuera a gente talentosa y con oficio como Fernando Gómez Mont, Juan Molinar Horcasitas o el propio Luis Felipe Bravo Mena, para crear inventos políticos como Germán Martínez (cuadrado), Franciso Blake Mora (tibio) y Ernesto Cordero (inexperto). Este último es, incluso, mencionado por algunos “analistas” como el delfín de Calderón para la elección presidencial.


¿Qué diferencia hay entre Fernando Gómez Mont y Francisco Blake Mora? Mucha. El primero es un panista de abolengo, abogado de renombre y político congruente (quizá ese fue su error). Como secretario de Gobernación le dio rigidez y respeto a dicha posición, algo que ni Ramírez Acuña ni Juan Camilo Mouriño (antecesores) pudieron hacer. Blake Mora, por su parte, dio un brinco enorme de las esferas locales donde se desenvolvía (Baja California) a las grandes ligas cobrando como secretario de Gobernación. Es, paradójicamente, uno de los hombres más tibios y timoratos del gabinete, basta recordar su penosa comparecencia en San Lázaro hace unos meses.


¿Cómo entender la salida Juan Molinar Horcasitas (uno de los hombres más eficientes y leales a Calderón)? Horcasitas es considerado como uno de los intelectuales panistas vigentes más serios, para muchos hubiese sido el presidente del Comité Ejecutivo Nacional que el PAN necesitaba. Y ya que hablamos de comparecencias, nadie como Horcasitas para defender al presidente ante los rabiosos diputados federales, algo que dudo pueda realizar (con éxito) el joven tecnócrata Dionisio Pérez Jácome, su sucesor.


¿Y qué decir de Luis Felipe Bravo Mena?, político de raigambre, exitoso como presidente nacional del PAN y experto en relaciones políticas de altura. Su incorporación al gabinete en 2008 fue interpretada, más que como secretario particular, como una especie de consiglieri para el presidente Calderón. Hoy está fuera, y en su lugar entrará Roberto Gil Zuarth, cuyo único mérito es haber participado en el proceso interno para la Dirigencia Nacional del PAN, recibiendo como premio de consolación la Secretaría Particular del Ejecutivo.


Llama la atención que en los rubros más cuestionados para el gobierno calderonista: (in)seguridad y (des)empleo, no haya hecho ni un solo cambio a lo largo de su gobierno. Javier Lozano se mantiene como secretario de Trabajo, a pesar de las altas tasas de desempleo de 2006 a la fecha. ¿No acaso prometió Calderón ser el “presidente del empleo”? Hoy la tasa de desempleo es de 5.7 por ciento, es decir, superior a la registrada durante el último año de Fox. Mientras tanto, en materia de “Seguridad Pública”, tanto el general Guillermo Galván Galván, como Genaro García Luna, titulares de la Defensa Nacional y Seguridad Pública, respectivamente, continúan impávidos en sus cargos a pesar de la fallida y fútil guerra contra el narco de Calderón.

 

Ese es el balance a 23 meses de culminar el sexenio. Calderón ha decidido cerrar con jóvenes tecnócratas, economistas postgraduados en universidades del extranjero, sin carrera política y sin potencial de crecimiento. El prototipo de político que se puso de moda desde los años ochentas en nuestro país.

 



 
 

 

 
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