Poder y Política


Manuel Cuadras

13/09/2011

 

 

El fantasma de Marín con todo y su petate


Para que exista un fantasma, tiene que haber un cadáver, un deceso. Eso es justamente Mario Marín Torres, un cadáver político, un cadáver, empero, que se niega a asumirse como tal, o que quizá no lo sepa.

 

Viene a mi mente la película de “Sexto Sentido”, en la cual, el protagonista, Malcolm Crowe (Bruce Willis) ayuda a un niño a superar sus miedos. El niño tiene la peculiaridad de poder ver y hablar con personas muertas, entre ellas Malcolm, quien no se da cuenta de su situación (que es un “muerto viviente”) sino hasta el final de la película.

 

Algo así sucede con Marín, quien al parecer no sabe (o no se ha dado cuenta) que su vida política ha terminado, pero que, al igual que en la película, sigue “asesorando” a algunos de sus niños y guiándolos de la mano.

 

Ningún político (de mediano prestigio) quiere reunirse públicamente con él; nadie (a excepción de su familia) quiere tomarse una foto con él; mucho menos contar con su respaldo abiertamente. Para el priismo nacional, es una especie de persona non grata. Muchos de sus anteriores “seguidores” que le guardaban “lealtad”, hoy lo niegan como Pedro. E incluso, no sería exagerado afirmar que, la propia Elba Esther Gordillo –con toda su mala imagen y reputación- es quizá más “presentable” públicamente que Marín (lo cual, ya es decir, y mucho). Con todas estas características, ¿es o no un cadáver político? Claro que lo es.

 

Esa es la razón por la cual está vetado para participar en cualquier encomienda política-electoral del Comité Ejecutivo Nacional, y/o de la campaña presidencial de Peña Nieto. ¿Se imagina a Marín asumiendo un cargo en el CEN, o como Delegado del PRI en algún estado? ¿Cómo serían los encabezados de los diarios?

 

Nombran al góber precioso como Delegado en “x” estado…

 

Dinosaurios del PRI, operadores de Peña Nieto…”

 

Impensable para una campaña –como la de Peña- que lo menos que quiere son escándalos, problemas que le despeinen el copete y lo hagan perder puntos.

 

Aún oculto, la figura de Mario Marín es harto apetecible para los aspirantes panistas, que (ante la falta de resultados y dada la crisis de legitimidad por la que atraviesa Calderón) están ávidos de recurrir al siempre cómodo discurso del viejo PRI, y la vigencia de dinosaurios como Marín. ¿Se imaginan si Marín estuviera un poco más visible?

 

Las palabras de Ernesto Cordero, aspirante a la Presidencia por el PAN, lo dicen muy claro: “El PAN no es como el PRI, y el PRI de hoy, es el mismo de ayer. No es el PRI de antes el que me preocupa –dijo- sino el PRI de ahora, el PRI de la inmoralidad de Marín, del autoritarismo de Ulises Ruiz…”

 

El único reducto donde tiene cabida Marín (lamentable, pero obviamente) es Puebla. Tal parece que los priistas poblanos no tienen memoria o cuerdas bucales. ¿Ya no se acuerdan del poder asfixiante que vivió Puebla con Mario Marín? ¿Ya no se acuerdan cuando mutiló al PRI en 2001 para que ganara el PAN (Paredes) la Presidencia Municipal de Puebla? ¿Ya no se acuerdan que pactó con el PAN (Espino) para que el PRI perdiera en 2006? Ya no se acuerdan que gracias a él salió Rafael Moreno Valle del PRI, hoy gobernador de Puebla por otras siglas? ¿Ya no se acuerdan de la burbuja marinista? ¿Ya no se acuerdan que, quien no fuera marinista, era considerado enemigo del sistema, y por tanto era relegado, bloqueado y perseguido?

 

Por eso me provoca náuseas ver la lista de aspirantes a las diputaciones federales y ver nombres como los de: Darío Carmona, Javier García Ramírez, René Lechuga, Enrque Marín, y otros tantos… ¿Cómo entender sus “probables” candidaturas? ¿Premio a la impunidad, o premio de consolación?

 

Marín es un cadáver, y como todo cadáver tiene su petate, mismo con el que asusta a algunos Dirigentes priistas diciéndoles que, “si no le dan las posiciones que pide, se va del Partido con todas sus canicas…” Esto simplemente provoca risa.

 

Primero. ¿Cree usted que Marín se vaya del PRI, justo cuando más posibilidades existen de recuperar la Presidencia de la República?

 

Segundo. Si Marín saliera del PRI, ¿a qué Partido se iría? O más bien, ¿qué Partido lo aceptaría? ¿Alguien querrá tener un cadáver como él dentro de sus filas?

 

Tercero. Si Marín se va del PRI, más que “desbandada”, sería una limpia la que viviría el tricolor. Desbandada la que él generó cuando fue gobernador, pero de eso, luego hablamos…

 



 
 

 

 
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