Poder y Política


Manuel Cuadras

14/09/2010

 

 

Bicentenario: el año de Hidalgo


El día de mañana, se cumplen 200 años de aquel célebre mensaje enunciado por don Miguel Hidalgo y Costilla, que, cronológicamente, constituye el inicio formal del proceso de Independencia de México. Así que, ya que la fecha lo amerita, hagamos un poco de historia, que no nos caería nada mal.


Todo comenzó cuando la mañana del 16 de septiembre de 1810 el cura Hidalgo convocó a sus feligreses en la Parroquia de Dolores (Hidalgo) para manifestarse en contra de las autoridades de la Nueva España. El llamado, por cierto, se realizó como cualquier otro llamado a misa (ya que era domingo), por lo cual Hidalgo no fue el que tocó la mítica campana (como comúnmente se cree), sino su sacristán del templo, como habitualmente lo hacía.


Ante la concurrencia, Hidalgo dio —como hoy se conoce— el Grito de Independencia enunciando las siguientes palabras: “¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva Fernando VII! ¡Muera el mal gobierno!”


El de Hidalgo no era un movimiento libertador; por el contrario, pretendía reafirmar su dependencia hacia la Corona española. El grito de “¡Viva Fernando VII!” lo dice todo, Hidalgo reconocía y apoyaba al monarca español, aun a pesar de que éste había sido aplastado por Napoleón un año antes, lo que implicaba que los territorios dominados (entre ellos México) pasaban a formar parte del imperio francés.


Hidalgo no quería que México fuera una colonia de Francia, pero tampoco quería separarse de España, prueba de ello es su lealtad mostrada al monarca español. Luego entonces, el mérito de la Independencia (conceptual y literalmente hablando) no fue de Hidalgo, sino de otros actores como Morelos, Josefa Ortiz de Domínguez y Guerrero, entre otros. Los tres, con una noción totalmente diferente a la del cura Hidalgo: la de formar una nación independiente.


Existe una anécdota que refleja la diferencia entre el pensamiento de Morelos y de Hidalgo. En 1812, en plena campaña por todo el territorio nacional para elaborar su documento conocido como “Sentimientos de la Nación”, Morelos lanza la siguiente frase en un congreso en Acapulco: ¡Viva España, pero España hermana, no como dominadora de América…! (en referencia al mítico grito de Hidalgo).


Volvamos al presente. ¿Qué es hoy de México? ¿Somos una nación libre? ¿Somos un pueblo soberano? ¿Realmente el poder radica en los ciudadanos? ¿Existe la división de poderes? ¿Vivimos en un país donde se modera la opulencia? ¿Existe un equilibrio social?


Me temo que la respuesta a todas esas preguntas es NO, quizá por eso mucha gente afirma que no hay motivos para celebrar este Bicentenario.


Actualmente no somos colonia de ningún imperio (oficialmente); sin embargo, existe una fuerte dependencia económica y política hacia nuestro vecino del norte, que en muchas ocasiones lo llevan a decidir sobre la vida interna del país. Tampoco somos un pueblo soberano (hablo en términos reales), el poder no radica en los ciudadanos sino en unos cuantos políticos. Respecto a la división de poderes, es cierto, ha habido avances a nivel nacional, pero una farsa demagógica en la mayoría de los estados. Tal parece que el modelo virreinal de la Nueva España prevalece dos siglos después, pero ahora entre estados y Federación, los gobernadores son auténticos virreyes de la corona presidencial. Y de la opulencia y la pobreza, ¿qué podemos decir? Con 50 millones de pobres (y 20 más en pobreza extrema), ¿es posible hablar de equilibrios sociales, de combate a la pobreza?


Crisis, violencia, corrupción, nepotismo, escándalos, abusos, despilfarros, excesos, desvergüenza. Gobernantes que actúan sin pudor, empresarios que lucran con la educación, alcaldes que no llenan las expectativas. En fin, a 200 años de aquellos postulados ilustres, nuestros gobernantes son los únicos que pueden decir ¡Viva el Bicentenario!

 

Y en Puebla, ¡viva el año de Hidalgo!

 



 
 

 

 
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