Poder y Política


Manuel Cuadras

14/12/2010

 

 

El narco: la guerra fallida
No “michoacanicemos” Puebla


¿Cómo empezó a joderse Michoacán?, se pregunta el periodista Carlos Marín en su columna de ayer en Milenio. La respuesta es sencilla: gracias a la guerra sin sentido de Felipe Calderón contra el narco. Por eso está así Michoacán y por eso está así el resto del país.


Afirmo que es una guerra sin sentido porque el país no la requería, por más que el gobierno federal intente demostrar o convencernos de lo contrario. Rubén Aguilar y Jorge Castañeda (intelectuales y exfuncionarios del gobierno foxista) publicaron un libro que debería ser de lectura obligada en estos tiempos: El narco: la guerra fallida, en él señalan que la llamada “batalla contra el narco” es insostenible, al menos bajo los argumentos con los que sus mentores han intentado justificarla.


¿Cuáles fueron los argumentos del presidente Calderón para iniciar esta guerra? Principalmente tres: abatir el consumo de drogas en menores de edad; por la violencia que generaban los narcos en el país; y porque los narcos —en varias entidades— querían erigirse como autoridad. Veamos.


1. "Para que la droga no llegue a tus hijos”. Así fue como inició todo; Calderón intentó vender la idea a las familias mexicanas de que sus hijos estaban en peligro, y que por tanto era preciso combatir a los cárteles; sin embargo, ¿era esto cierto? No. Efectivamente ha habido un ligero crecimiento en el índice de consumo de drogas en menores de edad, pero éste se debe al aumento de la población, es decir, si aumenta la tasa de crecimiento poblacional, aumentan los índices de consumo (es lógico), aunque en este caso el crecimiento fue marginal. En México el grupo de mayor consumo es el de 18 a 34 años; en segundo lugar de 35 a 65; y en un tercer lugar los jóvenes de 12 a 17 años. Luego entonces, las cosas siguen como estaban, las drogas no están llegando a las escuelas como afirma el gobierno. Cabe aclarar también que en comparación con otros países México es un mal mercado para el narco, ya que se consume poco y se vende barato. Somos un país de tránsito, no de consumo. Nuestro país cuenta con los niveles más bajos de neo-adictos del continente (por debajo de Bolivia, Argentina, Chile, Brasil y E.U.) ¿Valía la pena iniciar una guerra por un crecimiento mínimo, controlado e inercial?


2. “La falacia de la violencia”. El gobierno ha dicho que el narco genera otro tipo de violencia, tal como los secuestros y las ejecuciones, lo cual es cierto. Lo que es falso es que esos “actos” se hayan salido de control como para iniciar la guerra que ahora vemos. Nuevamente Aguilar y Castañeda arrojan algunos datos contundentes: de acuerdo al Índice de Incidencia Delictiva y Violencia (ICESI), la media nacional de homicidios dolosos venía a la baja de 1997 a 2007 y era, además, relativamente baja en comparación con otros países como Colombia, Ecuador y Rusia. En lo que respecta a secuestros, la cifra también venía disminuyendo, pasando de mil 47 en 1997 a 325 casos en 2005. Cito a Castañeda: “¿Para qué diablos había que desatar una guerra sangrienta contra el narco, debido a la violencia, cuando ésta venía a la baja…?


3. El Gobierno federal se niega a aceptar que es un Estado fallido; sin embargo, ellos mismos reconocen que “una de las razones por las que le declararon la guerra al narco es por la pérdida de control, poder y vigencia del Estado en determinadas partes del territorio nacional, justo las características incipientes de un estado fallido…” (op. cit.)


Aquí entramos a un tema fundamental: el papel del Estado frente a las actividades del narco. Ya hemos dicho que México (en términos generales) es un país de tránsito y no de consumo, lo cual no es para reconfortarnos pero tampoco para alarmarnos. Partamos del axioma de que el narcotráfico siempre va a existir, de hecho, ese fue el principal error de Calderón: ver las adicciones como una variable y no como una constante. En todo momento y en todo lugar va a haber una parte de la población que consuma algún tipo de droga, ante esto los gobiernos no pueden (ni deben) quedarse de brazos cruzados, pero tampoco intentar acabar de tajo con el problema y menos de la forma en que se está haciendo ahora: a balazos. Al narco se le combate con educación, cultura, deporte y empleo, justo de lo que adolecemos en México. ¿Nos convino a los mexicanos la guerra de Calderón? ¿Vamos ganando la partida? ¿Han disminuido los índices a partir de 2006? La respuesta es la misma: NO. Calderón refuta estos argumentos diciendo que “era necesario hacerlo” (ya ha quedado demostrado que no) y culpa a los gobiernos anteriores de complicidad con el crimen organizado. ¿Es cierto esto? ¿Pactaban los presidentes anteriores con los capos?, probablemente sí (incluyendo a Fox) pero más que “complicidad” yo diría “complacencia”, es decir, ¿había acuerdos?, sí pero eran para delimitar zonas, rutas y hasta población de consumo, era una manera de controlar al monstruo. ¿Se vale?, desde el punto de vista moral no, desde el punto de vista político, sí. Es cuestión de enfoques, ¿qué es lo que se quiere: un gobierno MORAL o un gobierno que genere gobernabilidad? El ciudadano tiene la mejor respuesta. Dos reflexiones finales:


1. La política debe apegarse, en todo momento, a la ética y alejarse un poco de la moral.


2. ¿Queremos un estado seguro o un estado como Michoacán?

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas