Poder y Política


Manuel Cuadras

15/03/2011

 

 

Ricardo Henaine, alias La Quina


Joaquín Hernández Galicia, alias La Quina, fue líder del Sindicato de Trabajadores de Petróleos Mexicanos (STPRM) durante varias décadas. Su amplio poder e influyentismo, forjado al cobijo del corporativismo priista, llegó drásticamente a su fin cuando asumió la Presidencia de la República, (el no menos poderoso) Carlos Salinas de Gortari.


La historia todos la conocemos: Salinas llega a la Presidencia y encarcela a La Quina, ¿la razón? O, mejor dicho, ¿la justificación?: la posesión de armamento ilícito por parte del líder sindical. ¿La razón de fondo? Una venganza política por el apoyo del Sindicato de Pemex a Cuauhtémoc Cárdenas (en la elección presidencial de 1988).


Salinas inicia su sexenio con un gran descrédito ciudadano y un tufo de fraude flotando en el ambiente, motivo por el cual se ve obligado a dar un fuerte golpe mediático para ganar legitimidad. La Quina fue el pez perfecto para tal fin: un líder sindical desgastado, presa fácil de una cacería jurídica y mediática.


Así las cosas, con el encarcelamiento de Hernández Galicia, Salinas gana dos cosas: por un lado, legitimidad para su gobierno; y a la par, cobrar una factura por “deslealtad”, es decir, una venganza política.


¿Por qué viene a colación esta historia? Por el caso del empresario Ricardo Henaine, enemigo del actual gobernador Rafael Moreno Valle. ¿Qué similitudes y diferencias hay entre ambos casos? Veamos.

 

Salinas buscaba una figura desgastada para usarla de chivo expiatorio. Rafael Moreno Valle también.

 

Salinas emprendió una cacería en contra de La Quina al mes y diez días de iniciado su gobierno. Moreno Valle también (contra Henaine) en el mismo lapso.

 

Salinas quería acabar con un bastión importante de Cárdenas (su principal amenaza). RMV también busca desmantelar la relación Henaine-Marín.

 

¿No le da la impresión de que se quiere copiar el modelo quinazo ahora con Ricardo Henaine? Probablemente, pero con algunas ligeras variaciones que podrían resultar contraproducentes al cazador del chivo. Veamos.

 

1. A diferencia de Carlos Salinas, Rafael Moreno Valle no inició con problemas de legitimidad, por lo tanto, no tenía la necesidad de dar un golpe de esa naturaleza. La ciudadanía, ciertamente, esperaba (quería, anhelaba) una persecución, pero no contra Henaine, sino contra Marín, pero dado el pacto de impunidad que realizaron (consistente en no tocar a Marín ni a su burbuja) RMV se vio en la necesidad de perseguir a alguien (en este caso Henaine), creyendo que así cumpliría su promesa con los poblanos. Lo que RMV no consideró es que, primero, Henaiene no es Marín; la cabeza del empresario (en caso de caer) no saciará la sed de justicia de los ciudadanos; y segundo, que Henaine, dentro de su desesperación por salvarse (cual gato acorralado) podrá arañar y morder a quien sea. ¿Se imagina cuando Henaine empiece a abrir la boca y a contar todo lo que sabe (incluyendo los pactos entre Marín y Moreno Valle)?

 

2. Carlos Salinas jamás anunció su cruzada contra Hernández Galicia; cuando se decidió era porque tenía todos los pelos en la mano. Moreno Valle, en cambio, en un impulso de soberbia, ímpetu, arrojo, anunció que llevaría al paredón a Henaine, dándole la oportunidad a éste de planear una defensiva (como de hecho lo está haciendo). Bien dicen que los pensamientos nunca deben hacerse públicos.

 

3. (Va de la mano con el punto anterior) Cuando Salinas ejecutó su decisión de perseguir a La Quina, éste no tuvo escapatoria. El 10 de enero (1989) el Ejército detuvo al líder sindical para encarcelarlo, no para incautarle nada ni embargarle nada, NO, fue para e-n-c-a-r-c-e-l-a-r-lo, sin salida, pues. Moreno Valle, en cambio, le ha dejado varias puertas abiertas a su presa (medios de comunicación, SCJN, Derechos Humanos, etcétera). ¿Difícil que se libre Henaine? Sí, pero no imposible, y si lo consigue, el costo para Moreno Valle será mucho más alto que haber decidido dejarlo en paz (como a Marín).

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas