Poder y Política


IVÁN GALINDO
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15/06/2012

 

La cuarta etapa del PRI


En 1929 surge el Partido Nacional Revolucionario (PNR), antecedente histórico del PRI. En aquellos años, el país se encontraba profundamente dividido y en condiciones de inestabilidad como resultado del proceso revolucionario que inició en 1910.


La presencia de fuertes cacicazgos regionales impedía la unidad nacional que requería el país. La democracia era un concepto cuasi utópico; la forma más “segura” (y habitual) para acceder al poder, era mediante las balas, y no mediante los mecanismos legales establecidos. De tal manera que, los más de cien partidos políticos que existían en todo el territorio nacional, eran simples organizaciones pantalla, que servían de plataforma legal para los títeres que postulaban los caudillos. 


En ese contexto surge el PNR, gracias a la idea de Plutarco Elías Calles de acabar con la era de los caudillos y dar paso a la era de las instituciones. “Los hombres pasan, pero las organizaciones trascienden. Las balas matan a los caudillos, pero las instituciones sobreviven…” –solía decir el General, sin falta de razón-


El ingenio de Calles consistió en aglutinar -en un solo Partido- las más diversas expresiones y los más disímbolos grupos que había en el país: Lo mismo campesinos, obreros, militares, maestros, caciques, mujeres, jóvenes, etc.  En un sentido estricto de la palabra, el PNR no surgió como un PARTIDO (extracto) de la sociedad, sino como un ENTERO de la sociedad.


El primer sacrificado de dicho proyecto fue el propio Calles, quien (paradójicamente) quería ser “el hombre fuerte” que controlara las instituciones, pero como él mismo decía: “México ya no necesitaba de caudillos”, de tal suerte que, al poco tiempo fue desterrado por el Presidente Cárdenas, quien para marcar la diferencia entre el antes y el después (de Calles), convirtió –en 1938- al PNR en Partido de la Revolución Mexicana (PRM). La modificación no se reducía a un simple cambio de nombre, se trataba de retomar los postulados originales de la Revolución: principalmente el reparto agrario, la defensa de los derechos laborales, y la consolidación de la no reelección (ya sea legal o disfrazada).


Para 1946, ya el caudillismo era un viejo recuerdo en México. Resultaba imperiosa la necesidad de un relevo generacional que reemplazara a los militares en retiro por nuevos cuadros que continuaran con el proyecto de las instituciones, para ello, Manuel Ávila Camacho se dispuso a darle una nueva fisonomía al Partido que creó Calles y que modificó Cárdenas.  Surge entonces el Partido Revolucionario Institucional, un partido que, según Ávila Camacho, tendría que ser la amalgama entre el México revolucionario, y el México de las instituciones. Dicho partido tendría que impulsar no solamente nuevos hombres, sino también nuevas ideas y nuevos derechos ciudadanos. Así, se permitió la incorporación de jóvenes formados en universidades y no en campos de batalla; Ese fue –literalmente- el Partido de nueva generación.


66 años han pasado desde la última transformación que tuvo el PRI, y 83 desde su fundación. 12 años han transcurrido desde que el PRI perdió la Presidencia de la República, y con ello dos campañas frustradas sin ganar la confianza ciudadana. A lo largo de estos dos sexenios, otros Partidos se han fortalecido y han aumentado su presencia territorial, en parte por su perseverancia, en parte por su oferta política, pero en parte también por los errores cometidos por el propio PRI desde los gobiernos locales, por los abusos y excesos de los gobernantes priistas; por la falta de democracia al interior del Partido, reflejada en la imposición de candidatos y dirigentes; en suma, por la poca capacidad de adecuarse a los nuevos tiempos que exige la democracia.


Hoy el escenario es muy similar al de 1929: Existen 32 diferentes partidos regionales (32 diferentes PRIs), uno en cada estado, cada uno con su “hombre fuerte” que lo conduce. En las entidades que gobierna el PRI, el gobernador actúa como el cacique que controla absolutamente todo (incluyendo al Partido), y en aquellas entidades que gobierna un partido distinto, los dirigentes partidistas son tentados por las mieles del poder, y en algunos casos terminan por poner la democracia partidista en las manos del gobernador.


Al igual que en 1946, resulta urgente un relevo generacional que le de paso a nuevos cuadros, con nuevas ideas y nuevas prácticas, NO hacerlo así significaría continuar con un PRI atrapado en el siglo pasado.


Hoy el PRI necesita transformarse si quiere seguir vigente en el ánimo de la ciudadanía. La coyuntura del 1 de Julio representa una oportunidad inmejorable para comenzar a construir una nueva etapa en la historia del Partido. Se requiere de un líder que ponga fin a los cacicazgos regionales y aglutine los mini partidos (mini pris) en un solo Partido Nacional. Se necesita romper definitivamente con el pasado para poder avanzar. Urge que el PRI piense en las nuevas generaciones y no únicamente en las próximas elecciones.

 

El PRI del siglo XX construyó las instituciones para evitar que los caudillos siguieran matándose por el poder. El nuevo PRI necesitará construir ciudadanía para acabar con los grupos que pretenden seguir controlando al Partido…

 

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