Poder y Política


Manuel Cuadras

15/07/2010

 

 

El curioso caso de los lemminis poblanos (segunda parte)


Hace tiempo escribí una columna acerca de los lemminis, unos graciosos animalejos que pierden la vida gracias a la obediencia ciega que le profesan a su líder. Vale la pena hacer una breve reseña.


Los lemminis cuentan con un guía, el cual decide cómo, cuándo y hacia dónde se dirige el grupo, el resto de los integrantes sólo obedece mecánicamente la línea dictada por su líder.


Así transcurren muchos años, hasta que de pronto, el líder enloquece y conduce a la manada hacia un precipicio profundo y peligroso. La manada sumisa, acostumbrada a seguir (sin cuestionar) a su jefe, no se da cuenta del riesgo que corren, ya que intuyen, “su jefe los protege de cualquier adversidad”.


Cuando intentan reaccionar es demasiado tarde, uno tras otro van cayendo al vacío, encontrando el final de sus abyectas carreras. Todo por “obedientes”, por no reflexionar su camino, por borregos (valga la expresión).


Los más afortunados son los más rezagados, aquellos que no se encontraban tan cerca del jefe y por lo tanto, alcanzaron a vislumbrar el peligro que corrían los demás. Una vez salvados, desde la punta del peñasco, observan el trágico final de sus (ex)compañeros. Para mayor ilustración les dejo el siguiente link: http://www.youtube.com/watch?v=rRQBpHMIbjM


Algo similar ocurre con el priismo en Puebla; la mayoría de los priistas (al igual que los lemminis) obedecieron ciegamente la línea marcada por “el primer priista de la entidad”. Hubo tres grupos que se resistieron (al principio) a seguir el camino trazado: los dogeristas, los melquiadistas y los alcalinos. Los tres, con la idea de reemplazar (aún desafiando) al líder de la manada.


Debido a esto, y aunque al final se sumaron a la borregada, estos tres grupos se ubicaron al final del gran contingente priista. Nadie (de los “cercanos al jefe”) los tomaba en cuenta; fueron ninguneados, despreciados, relegados. Hoy, paradójicamente, esa condición los ha salvado.


Doger, Chucho y Blanca hoy miran desde la punta del peñasco la lenta caída de los lemminis marinistas, aquellos que en su carrera desenfrenada (de imponer a Zavala) no advirtieron el riesgo que tenían enfrente y cayeron junto con su líder.


Doger, Chucho y Blanca, de entre ellos habrá de salir el nuevo mesías que conduzca a los priistas durante los próximos seis años. Los tres, sobra decirlo, ya preparan la forma de llegar a su objetivo.


El primero de ellos, con la frase “se los dije”, convence a los priistas (desde seccionales hasta dirigentes) para que no se vuelvan a equivocar. Melquiades Morales (con mucho más calidad moral que su hermano Chucho) se vende como “el gran conciliador que requiere el partido en estos momentos”; mientras que la alcaldesa, con su estilo de siempre, le apuesta a que Enrique Peña Nieto la apadrine para cuidar sus intereses en Puebla.


¿Quién será el próximo dirigente de los priistas? Es difícil saberlo, pero desde ahora se vislumbra que será una batalla similar a la que libraron en la búsqueda por la candidatura, sólo que ahora con una ficha menos sobre el tablero: la del marinismo.

 

*La gira de Zavala

 

El día de ayer Javier López Zavala reapareció ante los medios de comunicación para reconocer su derrota y anunciar que hará una “gira de agradecimiento” por todo el estado. Sobra decir que se trata de un intento desesperado del marinismo por imponer al delfín derrotado como sucesor de Armenta. ¿Cómo dice el dicho?, ahh sí, “el muerto y el arrimado apestan a los tres días”. Ojalá que disfrute su gira.

 



 
 

 

 
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