Poder y Política


Manuel Cuadras

17/08/2010

 

 

El nombre de la derrota


Dicen que la soberbia es la madre de todas las derrotas. Lo anterior me viene a la cabeza luego de leer las declaraciones de Alejandro Armenta Mier, quien dijo que “la derrota (del 4 de julio) tiene orfandad política…”


“Todos somos corresponsables y a todos pertenece el triunfo y lo adverso (sic), pues en 2009, cuando ganamos, todos levantaban la mano y había padres y madres del triunfo, pero ahora la derrota tiene orfandad política” —dijo el aún dirigente estatal—. ¿Tendrá razón?, veamos.


Para nadie es un secreto que durante los últimos seis años en Puebla no hubo otro grupo político más que el marinismo, me refiero en términos prácticos; es decir, en cuanto a los espacios reales de poder. Encontramos —ciertamente— al melquiadismo, pero, más que un grupo político, sus integrantes se convirtieron en simples observadores de la obra marinista, tratando de subsistir fuera del presupuesto y albergando la idea (ilusión) de regresar pronto a los escenarios. Se convirtieron en grandes críticos de café. “Con Melquiades era distinto… Nosotros no hacíamos eso… A nosotros no nos hubiera pasado tal cosa…”, solían decir los veteranos políticos melquiadistas, en un tono entre sarcástico y melancólico. Nunca lucharon por ser un contrapeso interno del poder, fueron, por tanto, cómplices pasivos de los excesos marinistas.


El otro grupo fue el dogerismo, quien a pesar de las múltiples batallas libradas contra el marinismo, fracasó en su intento de arrebatarle la estafeta sucesoria al gobernador (como en su momento lo hizo Marín vs Melquiades). Las pocas posiciones obtenidas (léase: una regiduría y dos diputaciones) fueron producto de ese constante jaloneo, y no gracias a la “apertura democrática” del grupo en el poder.


Blanca Alcalá es un capítulo aparte, de entrada porque no podemos hablar de un grupo político (como tal) encabezado por Alcalá Ruiz. La presidenta —a diferencia de los ejemplos anteriores— nunca pudo conformar una corriente al interior del PRI, integrada por gente que fuera leal a su proyecto. Fue, únicamente, jefa de un gabinete pluricultural, o lo que es lo mismo: jefa de varios actores que obedecían a distintos proyectos (menos al suyo). De tal suerte que hablar de “blanquismo” o “alcalismo”, es hablar en tiempo pasado perfecto continuo; es decir, “habían estado trabajando por formar un grupo pero al final, no lo lograron.”


Ahora bien, ¿fue la candidatura de Alcalá un acto de apertura por parte del marinismo?, no. Como todos sabemos, Alcalá fue enviada con la finalidad de hacerla perder (recordemos que Marín no quiso postular a nadie de su grupo para “no arriesgarlo”, ya que en ese momento el PAN aventajaba por 20 puntos al PRI en la capital). El triunfo de Blanca fue, una suma de diversas circunstancias, (todas) menos el respaldo de Marín.


¿Por qué hago todo este recuento?, para demostrar que a lo largo del sexenio el marinismo estuvo más cerrado que un ostión en su concha. Nunca hubo (por acuerdo o buena voluntad) posiciones para gente de otros grupos. Las candidaturas eran para ellos, después para ellos y al final, para gente de ellos. Un hermano del gobernador es diputado local, otra es diputada federal, su hijo (Mario jr.) es consejero político nacional, su hijo político (Zavala) fue candidato a gobernador y su compadre (Montero) candidato a la Presidencia Municipal de Puebla. ¿Eso es apertura democrática?


¿A quiénes se refería Armenta cuando dijo: “todos somos corresponsables”? ¿A los priistas relegados (Melquiades, Doger, Blanca)? ¿O a todos los marinistas que sintieron que el PRI les pertenecía? ¿Quiénes ganaron (festejaron) en 2009, 2007 y 2006? ¿Los priistas o los marinistas? ¿Quién se ufanaba y se vanagloriaba de sus “carros completos”? ¿Quién se sentía el “gran operador”? ¿Quién enunció la mítica frase (en 2001 cuando perdió Julián y Nácer): “yo no perdí, yo no era el candidato…”?

 

¿Quién perdió el pasado 4 de julio, el priismo o el marinismo? ¿Quién se apoderó de todo el estado? ¿Quién excluyó a los que no formaban parte de su burbuja? ¿La derrota es huérfana? En este caso no, todos lo saben bien: se llama soberbia y se apellida cerrazón.

 



 
 

 

 
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