Poder y Política


Manuel Cuadras

18/11/2010

 

 

Marín vs. Zavala


En la columna anterior hablábamos acerca de la posible detención de una persona muy cercana a Casa Puebla, ocurrida a escasas semanas de la elección del 4 de Julio. Según la versión, esto habría servido de negociación política (chantaje) para orillar al gobernador a sacar las manos del proceso, so pena de hacer pública la detención, o lo que es peor, de echar a andar toda la maquinaria de justicia en contra de la persona detenida.

 

Algunos zavalistas consultados, si bien no confirmaron la versión, tampoco la rechazaron, bajo el argumento de “no se me haría descabellado”. El sentimiento al interior del grupo zavalista es de confusión: “¿por qué teniendo tanto a nuestro favor, perdimos la elección…?” Evidentemente, la cruda de la soberbia, apenas les permite considerar la posibilidad de que contaron con un pésimo candidato (causa principal de la derrota), pero otra parte de su ser, muy en el fondo les dice que fueron entregados, vendidos, que había un acuerdo cupular que los perjudicó, que la plaza estaba negociada pues.

 

Esta hipótesis nos lleva a suponer, que detrás del distanciamiento entre Marín y Zavala, se encuentra la teoría de la detención-negociación. Es lógico, no podría ser de otra manera, ¿cómo podría ser la reacción de Zavala al sentirse ficha de cambio?

 

Quien diga que el gobernador y el ex candidato no estén distanciados, miente rotundamente. Marín y Zavala, maestro y alumno, padrino y ahijado, mentor y hechura, uña y mugre, antiguos aliados, cómplices inseparables, parecen no pasar por el mejor de sus momentos.

 

Las voces que afirman que Zavala culpa a Marín de la derrota, en cada café y en cada pequeña reunión, son ciertas. Y los rumores que dicen que Marín está decepcionado del comportamiento de su ex delfín, encuentran fácilmente comprobación al observar el retiro del apoyo mediático gubernamental, puesto a disposición del ex hijo consentido.

 

Ahora bien, si así se encuentra el escenario al día de hoy, ¿cómo se pondrá cuando exista un punto de disputa entre ambos? Me explico: Marín y Zavala nunca han (habían) tenido un desencuentro porque estaba perfectamente claro que todo lo conseguido por Zavala, había sido gracias a Marín, sin embargo, Zavala ya no comparte tanto dicha visión, él cree que su candidatura se debió a su “buen desempeño” como Secretario de Gobernación y posteriormente como Secretario de Desarrollo Social, y no únicamente al dedazo de Marín (eterno conflicto de intereses y egos, entre el que impone y el impuesto, descrito de manera magistral por Jorge Castañeda en su libro La Herencia).

 

Luego entonces, ¿qué pasará –insisto- cuando se tengan que disputar algo? Marín pensará tener (y quizá con cierta lógica) derechos de antigüedad y paternidad sobre Zavala, mientras que éste sentirá que ha cumplido su rol como actor secundario, y que ha llegado el momento de brillar con luz propia. ¿Quién tendría la razón? Difícil precisarlo. Lo cierto es que no se auguran buenos tiempos para el marinismo, o para lo poco que queda del mismo.

 

La posición en discordia podría ser la codiciada candidatura al senado que muchos anhelan. En la lógica marinista, la llegada de Juan Carlos Lastiri a la dirigencia estatal del PRI –en teoría- sería para garantizar que las dos plazas al senado sean para Marín y Zavala, sin embargo, esto más que un proyecto político parece una broma ingenua. Primero, ¿qué pasa si Lastiri nos sorprende a todos y decide erigirse como un Presidente imparcial (a diferencia del penoso caso de Armenta)? Esto echaría por la borda los sueños de dos políticos desprestigiados. Segundo, para mala fortuna del marinismo, las posiciones al senado no se definen en la esfera local, sino en el CEN del PRI, y más concretamente, en la oficina del candidato a la Presidencia de la República, la pregunta es ¿le dará Peña Nieto (o quien sea) dos posiciones tan importantes a dos políticos tan desprestigiados? Lo dudo. Ahora, supongamos que exista un acuerdo cupular para “premiar” a los damnificados electorales (caso Oaxaca y caso Puebla), una especie de seguro de vida político por la masacre sufrida. ¿Para quién sería el boleto al senado? ¿Para Marín o para Zavala? ¿Se podrán poner de acuerdo? ¿Cómo? ¿Echarán bolados? ¿O jugarán el juego de la silla, en que el primero en sentarse en la silla cuando pare la música, es el ganador? Sería lo más democrático…

 



 
 

 

 
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