Poder y Política


Manuel Cuadras

19/05/2011

 

 

Rafael Moreno Valle y la ruta de Cortés


Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano (mejor conocido como Hernán Cortés) era un tipo sumamente inteligente, visionario, con un excelente don de convencimiento. Fue el encargado de conquistar los territorios descubiertos (dos décadas atrás) por Cristóbal Colón.


Una vez en territorio mesoamericano, Cortés comenzó a empaparse de la situación política, económica y social de los pueblos. Descubrió que eran cuatro pilares los que debía derribar para hacerse del control absoluto: Cholula, ciudad sagrada, centro ceremonial religioso; Huejotzingo, pueblo guerrero temido por todos por su violencia; Tlaxcala, contrapeso político e ideológico de los aztecas y, por supuesto, Tenochtitlán, imperio dominante en Mesoamérica.


Cortés actuó con inteligencia. A los tlaxcaltecas los combatió y los venció, y después de ello les propuso hacer alianza contra sus acérrimos rivales, los aztecas. “¿Para qué nos seguimos peleando?, mejor nos unimos para derrotar a los mexicas…”; eso debió haberles dicho Cortés, y la propuesta no desagradó en lo absoluto a los tlaxcaltecas. “¿A quién le dan pan que llore?”. ¿A quién le ofrecen venganza y no la acepta?


El plan no paraba ahí. Cortés no sólo quería conquistar Tenochtitlán, quería dominar todo Mesoamérica, y para ello tenía que mandar mensajes de fortaleza, derrotar a todos y cada uno de los bastiones de los indígenas. Después venció con facilidad a los cholultecas para decirles: “Soy más poderoso que sus dioses…”. Lo mismo hizo en Huejotzingo: “Si el pueblo más valiente cayó con facilidad ante los extranjeros, ¿qué podían esperar pueblos inferiores?”. Más que triunfos militares o políticos (que lo fueron), las victorias de Cortés fueron victorias sicológicas. El resto es historia.


¿A qué viene todo esto? A la estrategia implementada por Rafael Moreno Valle, que tal parece está siguiendo la ruta de Cortés, tratando de acabar (de manera contundente) con los bastiones del anterior régimen. Veamos.


Al igual que el conquistador, Moreno Valle, en su campaña, se aprovechó del sentimiento antimarín que prevalecía entre muchos priistas; la propuesta, por tanto, fue la misma que la de Cortés cinco siglos atrás: “¿Para qué peleamos? Mejor súmense conmigo para derrotar al enemigo (Marín)…”.


Una vez lograda la meta, RMV no se sentó a cantar victoria, él no quería conquistar al marinismo, tampoco a los priistas en general, lo que él buscaba era dominar todos los espacios del estado y, para lograrlo, como ya dijimos, era preciso pasar por encima de bastiones emblemáticos.


Cortés dominó Cholula y Huejotzingo; Moreno Valle fijó su mira en la UAP y en la prensa poblana. El primero, un centro ceremonial político casi religioso del priismo; el segundo, espacio temido por muchos políticos donde convergían guerreros a las órdenes del gran tlatoani Marín. En ambos casos, Moreno Valle se impuso sobremanera.

 

Al igual que Hernán Cortés, Rafael Moreno Valle, al asumir el reto de la invasión, sabía que no había retorno, era su batalla, su conquista, era su oportunidad de pasar a la historia. Cortés quemó las naves para que no hubiera desertores en su equipo; Moreno Valle también. Cortés se fijó más metas y las alcanzó (conquistó lo que conocemos como Honduras y descubrió California); Moreno Valle tiene puesta la mira en la Presidencia de la República, ¿la logrará?

 



 
 

 

 
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