Poder y Política


IVÁN GALINDO
[email protected]

20/07/2012

 

AMLO en el espejo de Cuauhtémoc


Cuando en 1988 iniciaron su lucha juntos, en pos de la democracia, nunca imaginaron la gran similitud que habrían de guardar sus respectivas carreras políticas. Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador (ambos ex priistas) los dos últimos íconos de la izquierda en México, hoy parecen compartir un mismo espacio en el lugar que la historia les reservó.


Más allá de las incongruencias irrefutables en las que ambos han incurrido -la más evidente: criticar a un sistema (del cual formaron parte) y renegar de él  cuando éste ya no les favorecía con sus decisiones- es innegable la contribución al desarrollo democrático de México que ambos han realizado.


En 1986, luego de haber sido gobernador de Michoacán (siendo postulado por “dedazo” como se estilaba en aquella época, y no mediante un proceso interno democrático) Cuauhtémoc Cárdenas inicia un recorrido por todo el país en aras de obtener la candidatura del PRI a la Presidencia de la República, apostándole más a la heráldica que a la meritocracia, sabedor que ésta vez las decisiones cupulares (las mismas que lo hicieron gobernador) no le iban a favorecer en la carrera presidencial, puesto que los dos “favoritos” del régimen eran: Manuel Bartlett y Carlos Salinas de Gortari.


En ese contexto, funda la Corriente Democrática al interior del PRI, un último intento por alcanzar la candidatura, amagando con salirse en caso de no obtenerla. El desenlace todos lo conocemos: Cuauhtémoc no fue candidato por el PRI, abandona dicho instituto político, y finalmente fue postulado por una coalición de partidos y organizaciones de izquierda, denominado: Frente Democrático Nacional (FDN).


Con Cárdenas como candidato, el FDN obtuvo una copiosa votación que puso en jaque al sistema político de aquellos años. Los militantes de izquierda decían que habían ganado las elecciones; hablaban de fraude; que les habían robado la Presidencia… Su contraparte -los actores del gobierno- en voz del entonces Secretario de Gobernación, Manuel Bartlett (hoy sumado a los trabajos de la izquierda) defendían el triunfo “legal y legítimo” de Carlos Salinas. Paradojas de la vida…


Cárdenas se dio cuenta del verdadero potencial de la izquierda. Estaba convencido que la oposición podía competir para ganar, y no solamente competir para legitimar triunfos. Algunos de sus seguidores (convencidos del fraude desde el gobierno) le pedían que tomara Palacio Nacional, sin embargo, Cárdenas -influenciado por ideólogos como Heberto Castillo- sabía que al sistema (a ése en particular) no se le podía derrotar con armas, sino con ideas. “Al Partido que creó las instituciones, sólo es posible derrotarlo con instituciones más legítimas…” –solía decir el Profesor Castillo- Es así que decide aprovechar esa gran ola de apoyos ciudadanos que cosechó en la campaña, para reorganizar a la izquierda mexicana y darle un nuevo enfoque y un nuevo rumbo; así surge el PRD.


El gran mérito de Cárdenas, fue por tanto, fundar un Partido que aglutinara los reclamos de una sociedad harta de las decisiones cupulares, logrando con ello, darle un nuevo impulso a la izquierda, haciéndola más ciudadana y menos dogmática. Cuauhtémoc cumplió con la historia al fundar el PRD (una tercera vía que el país necesitaba), sin embargo, su afán protagónico lo llevó a cometer el mismo error que tanto criticó en el PRI: apoderarse del Partido, eliminando así la posibilidad de crear un semillero democrático que formara e impulsara nuevos cuadros, y continuara siendo una competencia real al poder. Lamentablemente, el PRD se convirtió en una escuela de expulsados del PRI, donde Cuauhtémoc era el Director General, un Director con tintes autoritarios. Su gran error, fue por tanto, sentirse dueño de ese nuevo instrumento que no era de su pertenencia, sino de los ciudadanos. La historia ya la conocemos: Cuauhtémoc se postuló nuevamente en 1994 y 2000 y debilitó al PRD. Lástima, era un buen proyecto…


Hoy Andrés Manuel López Obrador tiene una situación similar. Después de la cerrada elección de 2006 (elección en la que, por cierto, también intentó postularse por cuarta ocasión Cuauhtémoc Cárdenas), Obrador se dio cuenta que la estructura del PRD había sido rebasada, que no era competitiva, y que por tanto no era suficiente (ni confiable) para ganar. Es así que decide replantear el papel de la oposición, apostándole más a un modelo de sociedad civil organizada, que en las estructuras rígidas y acartonadas de los Partidos de izquierda (PRD, PT, Convergencia).


Obrador logró lo que muy pocos: pasar de ser un líder político, a un líder social, convirtiendo su campaña, en un auténtico movimiento ciudadano. No aceptarlo, sería tanto como querer tapar el sol con un dedo. Por el bien de la democracia en México, su movimiento no debe quedar como un mero recuerdo electoral y empolvarse en los libros de historia. Si el gran acierto de Cárdenas en 1988 fue ciudadanizar la izquierda (válgase la expresión), el gran mérito de Obrador en éste 2012 fue quitarle etiquetas a la política, es decir, involucrar a toda la sociedad en la política. Es por eso que su movimiento deberá tener vigencia, no solamente en los próximos comicios, sino en general, en la vida política del país (construyendo la agenda de gobierno; impulsando las reformas estructurales, etc.) ¿Cómo? Por la vía institucional, como lo hiciera Cuauhtémoc: fundando un nuevo Partido que le dé voz y foro a esos ciudadanos disímbolos.

 

El gran reto de AMLO no es lograr la invalidez de la elección, NO, su gran reto es consolidar una nueva alternativa de representación social, algo que, no sé si requiera, pero sí exige el país. Pero para ello, es necesario que AMLO se mire en el espejo de Cuauhtémoc y aprenda de sus errores. Si a Obrador le gana su afán protagónico y su espíritu mesiánico, y pretende nuevamente postularse en 2018 (sintiéndose dueño de las estructuras ciudadanas), estaría viciando un movimiento legítimo y le daría al traste (igual que Cárdenas con el PRD); pero por el contrario, si cumple con su papel histórico de fundar un nuevo partido, con las características ya descritas, y permite que sea un verdadero semillero ciudadano, Obrador podría erigirse como el auténtico líder moral de la izquierda y contribuir responsablemente al desarrollo democrático de México. Veremos qué decide…

 

Columnas Anteriores


 
 

 

 
Todos los Columnistas