Poder y Política


Manuel Cuadras

21/07/2011

 

 

Maquiavelo para Rivera


En 1513, Nicolás Maquiavelo escribió su obra más representativa, “El Príncipe”, manual de lectura obligada para todo gobernante.

 

Según los historiadores, dicha obra la escribió durante su exilio de Florencia, tiempo en que conoció al gran Cesar Borgia, personaje en el cual se inspiró para delinear un perfil de gobernante idóneo. Borgia tenía muchas cualidades que llamaron poderosamente la atención del joven Maquiavelo; era aguerrido, inteligente, tenaz, leal, pero lo que más asombró a Nicolás: era amado, temido y respetado a la vez.

 

Una vez analizando las virtudes y también los defectos de César Borgia (defectos que derivaron en errores, errores que derivaron en derrota), Maquiavelo se dispuso a escribir su visión de cómo se podía acceder al poder, cómo se debía gobernar, y cómo conservar el poder (menuda tarea). Es así como surge “El Príncipe”, obra que Maquiavelo dedicó a  Lorenzo II de Médici, señor de Florencia, para que le permitiera regresar de su exilio sin ser juzgado.

 

“Quienes desean alcanzar la gracia del príncipe –dice Maquiavelo- ofertan todo tipo de regalos. Así, unos regalan caballos; otros armas; otros telas de oro, otros piedras preciosas, u otros objetos dignos de su grandeza. Por mi parte, queriendo presentar a Vuestra Magnificencia alguna ofrenda que pudiera demostraros mi rendido acatamiento, no he hallado, entre las cosas que poseo, ninguna que me sea más cara, que mi conocimiento de los mayores y mejores gobernantes que han existido…” –vaya forma de dedicar su libro-

 

Transportemos a Maquiavelo cinco siglos después. Cambiemos de escenario y protagonistas. En lugar de Florencia, ubiquémonos en Puebla; en vez de Lorenzo de Médici, refirámonos a Eduardo Rivera.

 

¿Cómo podría rescatar Maquiavelo un gobierno amorfo, sin rumbo y sin identidad? ¿Cómo ayudar a un gobernante tenue y sin liderazgo como Eduardo Rivera? Veamos.

 

¿Cómo llegó Eduardo Rivera hasta esta situación? ¿Por qué su administración va de mal en peor? ¿Por qué un día comete un error y al día siguiente otro  (pero de mayor magnitud)? ¿Cómo se metió en tantos problemas y tan rápido? ¿Por qué no proyecta liderazgo ni si quiera al interior de su propio gobierno?

 

La respuesta a estas y otras interrogantes parecen encontrarse en la obra referida, según Maquiavelo, existen algunos principados que se adquieren por la fortuna o por las armas ajenas, estos principados, “como todas aquellas producciones de la naturaleza que nacen con prontitud, no tienen las raíces necesarias para consolidarse, (por lo tanto), el primer golpe de la adversidad los arruina…” Para decirlo mas claramente: Eduardo Rivera se convirtió en Alcalde gracias a la fortuna; libró una batalla con las armas de Rafael Moreno Valle, lógico era pensar entonces, que cuando cada quien luchara con sus propias armas, se iban a ver los resultados que ahora vemos.

 

Ahora bien, la personalidad de Rivera es otra de las causas de su actual condición. Decía Maquiavelo que es mejor ser temido que amado (de hecho, lo ideal es que se combinen ambas condiciones, pero como esto raramente ocurre, es mejor lo primero). Tiempo después, Marcel Brion, un excelente biógrafo de Maquiavelo, complementa el pensamiento y afirma: “es mejor ser temido que amado, pero es mejor aún  ser respetado…”

 

Nada más cierto que lo anterior: el amor (hacia el gobernante) puede olvidarse en un momento de ira. El temor, mientras tanto, se basa en el cargo y en las acciones violentas, pero acabado el cargo se acaba el temor, y las acciones violentas incitan a la venganza. El respeto, sin embargo, se mantiene a lo largo de los años con independencia de los cargos, de tal suerte que, cuando un gobernante se gana el respeto de sus gobernados, es muy difícil que lo pierda (salvo que cometa alguna acción en exceso errónea).

 

Pongamos algunos ejemplos locales: Mario Marín basó su control en la represión, era un gobernante temido. Ahora que ya no es más gobernante, ¿la gente le sigue temiendo? No. Mismo caso con el ex alcalde Luis Paredes.

 

Blanca Alcalá era (es) una política querida, antes que temida, lo cual la ha hecho más vulnerable a deslealtades por parte de su propio equipo, toda vez que, “los hombres se atreven más a traicionar a aquél que se hace amar, que el que se hace temer…” (no lo digo yo, lo dice Maquiavelo).

 

Veamos ahora ejemplos como los de Melquiades Morales y Manuel Bartlett. El primero, antes que ser respetado fue amado; el segundo, fue temido antes que respetado. Hoy los dos son los políticos más respetados de Puebla.

 

¿Y Rivera? ¿Es amado, temido o respetado? Ninguna de las tres, en ello radica su problema. Rivera no inspira ninguna de las tres condiciones fundamentales para poder gobernar adecuadamente. Su falta de liderazgo se basa en su tibieza, y la tibieza en un gobernante es repudiada por el pueblo (ibídem).

 

Si usted fuera asesor del munícipe capitalino, ¿qué le aconsejaría? Yo, tres cosas:
-Que lea a Maquiavelo.
-Que deje de pensar en la gubernatura.

-Que se quite el traje de candidato (Patrullero 777) y que se ponga el traje de Presidente.

 



 
 

 

 
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