Poder y Política


Manuel Cuadras

22/07/2010

 

 

La teoría del pez gordo


El triunfo de Rafael Moreno Valle el pasado 4 de julio ha dejado una estela de dudas acerca del futuro del marinismo. ¿Qué sucederá con ellos? ¿Sobrevivirán? De ser así, ¿quiénes? ¿Desaparecerán?, ¿de qué forma? ¿Exiliados? ¿Congelados? ¿Perseguidos? Veamos.


Partamos del hecho que el marinismo es un cadáver embalsamado, no verlo así sería tanto como decir que la selección contrataría de nuevo a Javier Aguirre, que Roberto Madrazo buscaría de nuevo la presidencia, o que las opiniones de Norma Sánchez Valencia son elegantes y objetivas. Un absurdo pues.


Todo gobierno, al final de su periodo, se debilita. Y todo candidato que pierde estorba (nadie se quiere acercar a él, todos lo rechazan, lo niegan, le dan la espalda). El marinismo reúne las dos características: está llegando a su ocaso y el candidato al que le apostaron perdió; por lo tanto, apestan. Simple silogismo.


La única esperanza que albergan es conservar la dirigencia del Comité Directivo Estatal del PRI a la salida de Alejandro Armenta, ¿a través de quién? Faltaba menos, pues de Javier López Zavala, “el hombre fuerte del marinismo”.


¿Qué pasa si no alcanzan tal posición?, nada. En el mejor de los casos se irán a sus casas a descansar. ¿Tendrán cabida en el gabinete de Moreno Valle?, no. ¿En el Gobierno federal?, menos. ¿En la campaña de Peña Nieto?, poco probable. ¿Luego entonces?, saldrán por la puerta de atrás sin que nadie los recuerde (los extrañe, mejor dicho).


Sin embargo, existe otro final aún más triste para el marinismo: que se inicie una cacería de brujas en su contra, lo cual no es nada descabellado, la pregunta es: ¿cómo?


Seguramente usted ha escuchado esa teoría, de que la única forma que tiene Calderón para reposicionar su desgastado gobierno es atrapando un pez gordo; es decir, “la mano justa y poderosa del presidente” enjuiciando a una figura pública que sea repudiada por todos los mexicanos. Y es ahí donde entra a escena Marín.


Algo similar a lo que hizo Salinas con “La Quina”, algo así sucedería con Calderón y Marín. ¿La razón? Recuperar algo de legitimidad de cara a la sucesión presidencial de 2012.


Existe un rumor que se contrapone a esta teoría: la trillada versión de que Marín habría negociado entregar la plaza a cambio de su “exoneración”. En lo particular, difiero con dicha opinión. Supongamos que sea cierto, supongamos que en efecto existió un acuerdo entre Marín y Calderón para que ganara el PAN la gubernatura, ¿por qué entonces el discurso tan combativo de Moreno Valle hacia Marín en la campaña? ¿Por qué se difundieron los audios del romance entre Marín y una adolescente? ¿No era innecesario, habiendo un “pacto” de por medio?


Ahora bien, por el lado de Marín, ¿por qué se invirtieron tantos recursos públicos (de la Sedeso y de otras dependencias) en la precampaña de Zavala? ¿Por qué corrieron ríos y ríos de dinero ya en la campaña oficial? ¿No acaso se tendría que haber dejado solo a Zavala? ¿No acaso lo hubieran dejado morir solo? ¿En eso consistía el pacto no? Para quienes seguimos de cerca todo el proceso, sabemos que no fue así, el gobernador intentó hasta el último momento que ganara su delfín; por lo tanto, difiero de la existencia de dicho pacto; por lo tanto, no creo que Calderón debiera tener “consideraciones” para Marín.


Lo anterior me lleva a concluir: si no hubo pacto, es malo para Marín porque estaría en la mira (nuevamente) del Gobierno federal, sólo que ahora sin la protección de sus “amigos” los gobernadores. Si lo hubo y no se respetó, peor, ya que Calderón buscaría afanosamente vengarse y cumplir con su añeja promesa de campaña de sacarle tarjeta roja a Marín.
¿Alguien todavía piensa que hay “vida después de la vida” para el marinismo. Yo, lo dudo.

 



 
 

 

 
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