Poder y Política


Manuel Cuadras

23/09/2010

 

 

Zavala, Deloya y Lauro


Mario Marín no es un hombre de espíritu democrático. En su lógica y ambición de poder, no permite la coexistencia con otros grupos y mucho menos la competencia. Los espacios públicos, él los considera privados, reservados para él y su grupo, nada más.


Así lo ha demostrado en infinidad de ocasiones, la más reciente (y quizá la más ejemplar) fue la imposición de Javier López Zavala como candidato a sucederlo. A pesar de no ser un candidato rentable, a pesar de no tener buena imagen ni discurso, a pesar de correr el riesgo de perder, a pesar de todo eso (y mucho más) Marín impuso a su pupilo. No sólo eso; no obstante haber logrado su objetivo primario, Marín quiso para sí todas las canicas e impuso también como candidato a la presidencia municipal a Mario Montero, es decir, todos los espacios fuero únicamente para los marinistas.


El resultado todos lo conocemos, la gula política del gobernador condujo al PRI a la derrota, pero Marín así es, prefiere perder con los suyos, a que gane alguien que no sea de su grupo; así de fácil.


¿Por qué viene a colación todo esto? Por el tan trillado relevo en la dirigencia del PRI. ¿Alguien duda de que Marín intentará imponer (nuevamente) a Zavala y que querrá quedarse (nuevamente) con todas las canicas? Para decirlo más claro: Marín quiere la dirigencia estatal y municipal del PRI, y también la coordinación priista en el Congreso, es decir, quiere todo.


En su columna del lunes, Jesús Ramos se cuestionaba ¿hasta qué punto el reciente activismo de Guillermo Deloya y Lauro Sánchez obedecen a un espíritu democrático priista, o bien, a una estrategia política de engaño? Yo, personalmente, me inclino por la segunda.


La estrategia de engaño consistiría en que, tanto Deloya como Lauro fingirían una supuesta ruptura o distanciamiento con su mentor Marín, para ganar adeptos entre los antimarinistas, aquellos que se oponen al continuismo del régimen.


Cuando escucho las “valientes” declaraciones de Guillermo Deloya, es inevitable que acuda a mi mente la escena de El Padrino Parte III, cuando Don Corleone le propone a su sobrino Vincent que simule una traición para acercarse a Don Altobello (enemigo de los Corleone). Veo la escena y me imagino el diálogo entre Marín y Deloya:


Marín (M): Tienes que fingir un distanciamiento conmigo.
Deloya (D): Pero nadie nos va a creer.
M: Lanza unas declaraciones en contra de Javier, di que no estás de acuerdo con que él sea el dirigente, para que te crean.
D: Ok, señor.


Guillermo Deloya fue (hasta hace unos días) secretario particular del gobernador, de hecho se dice que él fue uno de los principales operadores de Marín ante los ministros de la SCJN en el espinoso asunto de Lydia Cacho. Lauro Sánchez, por su parte, fue coordinador de asesores del actual gobierno y uno de los hombres de mayor confianza de Marín desde que éste era presidente municipal. ¿Cómo diablos creer en su repentino alejamiento de su padrino?


Tanto Deloya como Sánchez, desde sus respectivas posiciones, les tocó ser parte de lo que hoy justamente critican: decisiones cupulares, imposiciones, cargadas, etcétera. Uno (Deloya) como ejecutor de las decisiones del mandatario; el otro (Lauro) como beneficiario de un dedazo (así se hizo diputado). ¿Tiene entonces alguna credibilidad alguno de los dos? ¿Tienen la calidad moral para criticar algo de lo que fueron parte?


La estrategia es clara: Marín está pavimentando la llegada de Zavala a la dirigencia estatal del PRI (vía Consejo Político); Deloya está alzando la mano para terminar negociando el PRI municipal (como premio de consolación); y Lauro Sánchez está jugando el papel de “crítico” para legitimar su designación como próximo líder de la bancada priista en el Congreso.

 

Preguntas finales: ¿por qué no manifestaron su indignación (que ahora muestran) ante la postulación de Zavala hace unos meses? ¿Por qué de pronto les despertó el espíritu democrático? ¿Por qué a Deloya le urge hacer el relevo en la dirigencia? ¿No sería mejor esperar a febrero (cuando salga Marín) para garantizar equidad en la contienda?

 

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