Poder y Política


Manuel Cuadras

23/11/2010

 

 

Formando cuadros


Durante la década de los 70 en nuestro estado surgió una generación de políticos que habría de permanecer en los primeros planos de la política local durante los próximos cuatro sexenios. ¿Sus nombres? Melquiades Morales Flores, Guillermo Pacheco Pulido, Marco Antonio Rojas Flores, Miguel Quirós Pérez, Carlos Palafox Vázquez, entre otros.


Eran los tiempos en que la política local parecía un gran carrusel, en que cada uno de los actores mencionados iba brincando de caballito en caballito, pareciendo imitar cada uno el movimiento de los otros, en un ciclo (aparentemente) interminable.


Así, mientras uno era diputado local, otro era diputado federal, otro era presidente del PRI, otro presidente municipal, y así sucesivamente mientras el carrusel sexenal seguía girando.


Durante el sexenio de Manuel Bartlett la dinámica del carrusel sufrió una leve variación. Si bien no detuvo en su totalidad la inercia de los cinco caciques poblanos, el gobernador de grandes ligas (como es recordado Bartlett), con otra visión y otro concepto de la política —mucho más amplio que sus antecesores—, dedicó sus esmeros a formar una nueva clase política que paulatinamente fuera desplazando a las “vacas sagradas” del priismo poblano (como ellos mismos se sentían), formando así una nueva generación de políticos.


Nombres como los de Carlos Meza Viveros, Jorge Estefan Chidiac, Ignacio Mier Velasco, Blanca Alcalá Ruiz y, por supuesto, Mario Marín Torres (este último ya con la experiencia de haber sido subsecretario de Gobernación en el sexenio anterior), fueron ganando espacios en la política local para generar un contrapeso y un relevo generacional a los ya muy caminados políticos surgidos desde dos décadas anteriores.


Bartlett lograría su cometido parcialmente ya que, a lo largo de su gobierno, sus alumnos mostraron un posicionamiento y crecimiento considerable, pero no suficiente para ganarle la partida sucesoria a los viejos priistas de raigambre. Los jóvenes bartlistas apostaron sus canicas en la figura de José Luis Flores Hernández para la sucesión gubernamental de 1998, mientras que los políticos de la vieja guardia vieron en Melquiades Morales la consolidación del proyecto generacional que había iniciado tres sexenios atrás. El resultado final todos lo conocemos.


Ya en el gobierno de Melquiades, como era de esperarse, sus antiguos compañeros de generación mantuvieron su status quo dentro de la administración pública del estado: Marco Antonio Rojas Flores fue secretario de Comunicaciones y Transportes; Carlos Palafox, titular de la Seduep; y Guillermo Jiménez Morales fue erigido como presidente del Tribunal Superior de Justicia en el Estado. A Melquiades poco o nada le importaba formar nuevos cuadros, lo que le interesaba era cumplir con los cientos de compromisos que tenía y terminar su sexenio gobernando con sus amigos. Entre los cuadros más “destacados” que formó Melquiades se encuentran: Víctor Giorgana y Ernesto Echeguren.


¿Y los jóvenes bartlistas? Bien, gracias, sobreviviendo todo el sexenio. Marín agarró una lancha, empezó a remar, y cuando llegó a su meta (Casa Puebla), decidió encerrarse en una burbuja y gobernar con empleados, en vez de buscar colaboradores con potencial de crecimiento. A Marín tampoco le interesaba formar una nueva generación de políticos, le importaba perpetuarse en el poder, que es distinto. El único político al que formó, hoy no es más que un tristemente célebre candidato frustrado que pasará a la historia como el primer gran perdedor en la historia de Puebla.

 

Un nuevo gobierno está por comenzar, y con ello un nuevo capítulo en la historia de la política local. Muchas son las expectativas generadas por el gobernador electo Rafael Moreno Valle, entre otras que impulse una nueva camada de políticos que habrán de gobernar Puebla los próximos tres sexenios. Potencial hay: Mario Riestra Piña, Tony Gali júnior, Carlos Julián Ruiz, Eukid Castañón, etcétera. Mientras tanto en el PRI, en vez de apoyar nuevos liderazgos que permitan un (necesario y urgente) relevo generacional, siguen jugando a la democracia y legitimando imposiciones disfrazadas. El tiempo pondrá a cada quien en el lugar que le corresponde…

 



 
 

 

 
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