Poder y Política


Manuel Cuadras

24/08/2010

 

 

El hundimiento del barco


La semana pasada hablábamos acerca de los nuevos tiempos que vive Puebla. Decíamos que el 4 de julio representa una ventana de oportunidad muy importante para hacer un replanteamiento en muchos aspectos: los medios de comunicación (en teoría) apostarán por un nuevo modelo informativo, una nueva manera de informar; los partidos políticos (también en teoría) tendrán que democratizar sus métodos de selección de candidatos; y la iniciativa privada podría (nótese también el escepticismo) adoptar una actitud más crítica y menos complaciente con las autoridades electas.


Esos son, por decirlo así, los buenos propósitos que todos tenemos a partir del 4 de julio, la cara bonita del triunfo de Moreno Valle pues. Existe, sin embargo, el lado oscuro de dicho resultado; es decir, los efectos negativos que arrojó la derrota (catastrófica) del PRI.


Tal parece que, después de las elecciones, Puebla comenzó a desestabilizarse, el sistema comenzó a descomponerse, el barco comenzó a hundirse. ¿A qué se debe esto? Veamos.


Como muchas veces lo hemos dicho, durante el actual sexenio Puebla regresó a los tiempos del autoritarismo propios del régimen priista. La figura central del mandatario fue tan fuerte, que nada (o casi nada) escapaba a su amplísimo poder (algo que hacía muchos sexenios no ocurría).


El dominio del gobernador abarcaba la totalidad del poder Ejecutivo, del poder Legislativo y una buena parte del poder Judicial del estado. Además, como era lógico, tenía el control absoluto en las decisiones de su partido (PRI) e incluso tenía injerencia sobre ciertos actores de otros partidos políticos. Los medios de comunicación no estaban exentos a la ambición gubernamental, ya que la mayoría de ellos vivieron bajo el cobijo del mandatario, e incluso instituciones como la UAP o el Puebla FC fungieron como refugio para personas cercanas al gobernador.


En Puebla, literalmente, nada se movía sin la autorización de Mario Marín. Simple y sencillamente, el gobernador era el eje de muchas cosas. Lógico era pensar que cuando ese poder (mandato) se agotara, muchas cosas iban a salirse de control, o lo que es lo mismo, a descomponerse.


La reciente crisis desatada en el estado es una muestra de ello. La inestabilidad en el poder Judicial ante el rumor de una desbandada de magistrados; los aires de guerra que vive la Universidad y hasta la disputa por el control del Puebla de La Franja tienen que ver con la caída de Mario Marín.


¿Le parece descabellado? Piénselo de la siguiente manera: ¿por qué no había ocurrido todo esto antes? ¿Por qué a los magistrados se les ocurrió “jubilarse” justo después del resultado del 4 de julio? ¿Por qué investigar a Enrique Agüera en el momento de mayor vulnerabilidad del PRI-gobierno? ¿Por qué desterrar a Bernat antes de que termine el sexenio de Marín?


La respuesta es simple: es la incertidumbre que se vive ante la inminente pérdida de poder del actual gobierno. Nadie sabe qué va a ocurrir ante la llegada de Moreno Valle, por lo tanto, todos intentan ponerse un paracaídas. Los magistrados quieren retirarse con una buena jubilación, el rector quiere vacunarse de sus eternos enemigos y los empresarios marinistas buscan un seguro de vida porque saben que pronto perderán sus canonjías.

 

Mario Marín concentró todo su poder en una caja cerrada bajo llave. Nadie tenía acceso a dicha caja más que él, el problema es que llegó Moreno Valle y abrió la caja de pandora con una llave distinta. Hoy, el poder se encuentra literalmente desparramado y por eso Puebla vive tiempos de inestabilidad política. Son los costos de tener dos gobernadores.

 



 
 

 

 
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