Poder y Política


IVÁN GALINDO
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24/08/2012

 

El papel del PRI (en Puebla)


El 1 de Julio marcó el inicio de una nueva etapa en la historia del PRI y de México. Después de 12 años de gobiernos panistas, el PRI recupera la Presidencia de la República, pese a que en el año 2000, muchos daban por un hecho su paulatina desaparición.


Si para Mario Vargas Llosa, México es el ornitorrinco del mundo, podríamos decir, sin temor a equivocarnos que, el PRI es el ornitorrinco de México, una rara especie que no puede ser estudiado en la generalidad, sino con todas sus particularidades.


Solo así es posible entender -por un lado- que el PRI se haya mantenido tanto tiempo en el poder, que haya sobrevivido tras la derrota de 2000, y que haya regresado en un periodo relativamente corto (dos sexenios).


El regreso del PRI no es –como algunos afirman- producto de un fraude monumental, ni de un pacto entre los poderes fácticos, pero tampoco derivado de un proceso de reorganización interna, ni de una profunda transformación con respecto a las prácticas del pasado (no reconocerlo sería caer en la miopía).


Ya en varias ocasiones he hablado de las razones del porqué ganó Peña Nieto, pero ahora bien vale la pena analizar los motivos por los cuales no convenció a los que votaron en contra.


Para muchos ciudadanos, el discurso de Peña Nieto simplemente no coincidía con las acciones de muchos priistas que se colgaron de su campaña. Todos los esfuerzos del mexiquense por tratar de presentarse como el representante del Nuevo PRI, y como el prototipo de gobernante moderno, se venían abajo cada que la gente percibía que Marín, Moreira, Gamboa, apoyaban al candidato presidencial. Personajes que representaban todo lo contrario a lo que Peña quería proyectar. Esa incompatibilidad entre el mensaje y los actores, persiguieron a Peña a lo largo de toda su campaña.


Pero no solo eso, mientras el PRI a nivel nacional trataba de reflejar una imagen de cambio, de transformación, los PRI´s en los estados se comportaban al más puro estilo del PRI de Echeverría, López Portillo, o Zedillo. En los estados donde el PRI era gobierno, los mandatarios ejercían el poder en forma cuasi totalitaria: controlando todo, en medio de excesos, escándalos, frivolidades, etc. Y en aquellas entidades donde el PRI era oposición, los Presidentes de los Partidos (en la mayoría de los casos) hacían acuerdos y componendas con el gobernador en turno, actuando como cómplice (en el mejor de los casos) o como siervo (en el peor), en vez de actuar como una oposición responsable.


Ese fue el PRI que postuló a peña Nieto como candidato. Un PRI que, al igual que el ornitorrinco, presentaba rasgos democráticos, con tintes de anacrónicos. Cuadros valiosos, obstaculizados por grupúsculos de poder. Un PRI con jóvenes con vocación de servicio, frenados por priistas del pasado.


El triunfo del pasado 1 de Julio representa la oportunidad para romper con el pasado (Peña dixit) y colocar los nuevos cimientos. Representa la oportunidad para dejar de ser lo que no se es (como el ornitorrinco que no es pato y lo parece), y empezar a ser lo que se quiere ser.

 

El triunfo del 1 de Julio no es un cheque en blanco. Hoy en día la alternancia y la sociedad informada en México, son una realidad. Si el PRI no implementa los contrapesos (internos) necesarios para no regresar al Presidencialismo o al centralismo de antaño, en seis años volverá a salir de Los Pinos tal y como entró. Si el PRI no se comporta como una oposición DIGNA, y en vez de ello se somete y se colude con los gobernadores emanados de otros Partidos, la sociedad sentirá aún más desprecio por la política (del que de por sí ya tiene). Y si el PRI no permite que se dé un verdadero RELEVO GENERACIONAL entre sus filas, con cuadros nuevos que piensen, hablen y actúen diferente, y en vez de ello, le sigue apostando a lo mismo de siempre, con los mismos de siempre, los ciudadanos comprenderán que la promesa del “Nuevo PRI” quedó simplemente en eso, en una promesa y nada más. Veremos qué pasa…

 

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