Poder y Política


IVÁN GALINDO
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25/05/2012

 

La putrefacción del PAN


Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, putrefacto quiere decir: podrido, corrompido, algo que está en estado de descomposición, que ya no sirve pues.


El genio de la pintura Salvador Dalí, junto con su pléyade de amistades surrealistas (Luis Buñuel y Federico García Lorca) hicieron suyo dicho concepto y plasmaron en sus obras, todo tipo de expresiones para mostrar lo descompuesto que se encontraba la sociedad de los años 20´s. Era una sociedad desintegrada, sin forma, sin color, marchita, una sociedad que “apestaba” –decían-.


Quizá una de sus obras que refleja con mayor elocuencia aquella sociedad putrefacta, es la denominada: “Canibalismo de otoño”, la cual, muestra dos cuerpos humanos amorfos, sujetándose y pisoteándose respectivamente, con la clara intención de hacerse daño. Uno de los cuerpos tiene ya un pie y una mano putrefacta, producto del intenso forcejeo entre los dos oponentes; mientras que el otro, presenta una cara rígida en estado de descomposición. Como saldo de la batalla, yace también, lo que supone ser una lengua desprendida (larga por cierto) carente de signos vitales y carcomida poco a poco.


¿A qué viene todo esto? En medio de los últimos escándalos políticos en los que se ha visto envuelto el Partido Acción Nacional, es inevitable pensar en el estado de descomposición que vive dicho, derivado del desgaste que ha sufrido desde el ejercicio de poder.


Resulta imposible no contrastar al PAN actual con el PAN de décadas anteriores. Al PAN que desde el gobierno ha envilecido su acción pública, con el PAN que desde la oposición se mostró siempre crítico hacia los abusos y los excesos del gobierno.


Es una lucha de contrastes, como la pintura de Salvador Dalí. Me imagino a Manuel Gómez Morín, Luis H. Álvarez y Manuel Clouthier, en un intenso forcejeo con Fox, Calderón y Madero. El brazo putrefacto del PAN de antaño que perdió su congruencia a costa del pisoteo asfixiante del panismo moderno. La pierna ya sin vida de un Partido que se declaró “la conciencia crítica del gobierno”, incapaz ahora de sostener sus postulados democráticos, a causa del sometimiento que ejerce el PAN-gobierno de nuestros días.


Puebla es un buen ejemplo de la decadencia que vive el PAN. Aspirantes que compran conciencias para ganar candidaturas. Operadores que se aprovechan de la estructura del gobierno para ganar apoyos. Funcionarios que utilizan los programas sociales para condicionar el voto. Candidatos que cobran como diputados, o diputados que juegan como candidatos; y un largo etcétera de actos que tanto criticaron como oposición, y que hoy tristemente han replicado (y perfeccionado) fungiendo como autoridad.


¿Qué pensaría Luis Calderón Vega de que Eduardo Rivera presione a sus colaboradores para que apoyen al PAN? ¿Qué pensaría Don Efraín González Luna de Augusta Díaz de Rivera, sea una dipu-candidata? ¿Qué diría Manuel Clouthier de las alianzas incongruentes entre izquierda y derecha?


¿Y qué decir de la náusea que produce escuchar las posturas decimonónicas de las Regidoras panistas poblanas, que consideran que los homosexuales no tienen “calidad moral” para integrar Consejos Ciudadanos? Es el ejemplo más claro del pensamiento patético y anacrónico del panismo en funciones. Lamentable.


¿Qué le espera al PAN? No lo sé. Hoy el PAN se ha corrompido, se ha viciado, se ha descompuesto. Muchos de sus actos apestan –como diría Salvador Dalí- Creo que lo mejor que podrían hacer es recurrir a sus documentos básicos y a su historia, para darse cuenta lo lejos que se encuentran de sus ideales, de lo contrario, seguirán perdiendo adeptos y simpatías, pero lo más importante, seguirán perdiendo identidad.

 

Quizá hoy más que nunca tenga validez aquél postulado panista del siglo pasado según el cual: “para recuperar el rumbo es necesario perder el poder…”

 



 
 

 

 
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