Poder y Política


Manuel Cuadras

25/11/2010

 

 

La boda del Centenario


Este sábado será la boda más esperada del año. Un evento cívico-religioso que quedará guardado en la historia de nuestro país por su alto contenido político. Me refiero a la boda del gobernador mexiquense, Enrique Peña Nieto, con la actriz de telenovelas Angélica Rivera (mejor conocida como “La Gaviota”).


Muchas cosas giran en torno a esta mítica boda, más allá del glamour y el despilfarro de recursos (muchos de ellos públicos). El enlace matrimonial del próximo sábado representa —en los hechos— el inicio de la precampaña presidencial del político mexiquense. Cierto es que Peña Nieto lleva cinco años promocionando su imagen en una carrera desenfrenada rumbo a Los Pinos; cierto es también que cada evento, cada inauguración, cada uno de sus compromisos “cumplidos” fueron aprovechados por el Golden Boy como actos de precampaña; sin embargo, nada comparable a lo que veremos el fin de semana.


La boda de un político de proyecciones nacionales siempre será nota de alto impacto; la boda de una luminaria del “Canal de las Estrellas” siempre será un acontecimiento espectacular que llame la atención del público televisivo. La suma de ambos conceptos, aunado a los selectos invitados que acudirán al fastuosísimo evento, darán como resultado el evento más importante del año, sólo comparable (por la calidad de los invitados) a los eventos organizados por el Gobierno federal con motivo del Bicentenario 2010.


Gobernadores, senadores, diputados, empresarios, deportistas, artistas, intelectuales, periodistas, celebridades, diplomáticos, gobernantes de otros países, productores y directores de cine, y un largo etcétera que incluye por supuesto a los tres hombres más poderosos de México: Carlos Salinas de Gortari, Emilio Azcárraga Jean, y Carlos Slim Helú.


No podía ser de otra manera, se trata de la boda entre los dos mejores productos que ha dado Televisa durante los últimos años: Angélica Rivera, protagonista de la novela más exitosa que cautivó a miles de familias mexicanas en 2008 (una mala adaptación por cierto de la gran producción colombiana Café con aroma de mujer); y el joven político Enrique Peña Nieto, famoso por su look impecable y su sonrisa jovial, heredero al trono del oscuro grupo Atlacomulco.


El enlace matrimonial entre estos dos jóvenes actores de Televisa fue sumamente calculado, cuidando hasta el más mínimo detalle en cuanto a tiempos, lugares (locaciones), invitados, etcétera, sabedores de que es una pieza fundamental dentro del proyecto para llevar a Peña Nieto a la pantalla grande (Los Pinos 2012).


De lejos luce como el matrimonio ideal: jóvenes, apuestos, famosos, exitosos. Pocos ejemplos de parejas de estas magnitudes encontramos en la historia política reciente. Se me viene a la mente irremediablemente la imagen de John F. Kennedy con Jaquie Bovier (guardando todas las lejanas y evidentes proporciones). Un político carismático con ideas renovadoras, con una mujer atractiva y culta que irradiaba elegancia y seguridad. Peña Nieto y Rivera parecen ser el refrito “a la mexicana” de ese exitoso modelo norteamericano.


Con la estela de dudas que dejó la muerte de su esposa en 2007, su proyecto presidencial en su clímax, y una lista negra de adversarios que intentarán descarrilarlo en su afanosa carrera rumbo al 2012, Enrique Peña Nieto alista su esmoquin, su gomina y el libreto que habrá de usar en la boda del Centenario.

 

*Un análisis para iluminados

 

A propósito del Centenario de la Revolución, muchos columnistas realizaron sesudos análisis de la realidad nacional a cien años del inicio del movimiento armado, de los cuales uno llamó poderosamente mi atención dado el alto nivel intelectual vertido, reflejado en la exquisita prosa literaria. Cito:


“De manera clara, el desarrollo intrínseco de cada una de estas distensiones ocurrió en medio de la confrontación flagrante entre formas pretorianas puestas, o mejor dicho contrapuestas. Francisco I. Madero encabezó la primera de ellas con los ropajes de una reforma decimonónica desde San Luis, Missouri; tras su fracaso, emergió la restauración del ‘viejo régimen’ fraguada por el general Victoriano Huerta y Henry Lane Wilson en el edificio de la embajada norteamericana; sin embargo, una ruptura sui generis del pacto federal suscrita por Venustiano Carranza con el Plan de Guadalupe causaría el desplazamiento de la clase política auspiciada por el Porfiriato junto con la derrota final del ejército central; en lo sucesivo, el constitucionalismo, teniendo sus orígenes en un movimiento de ‘resistencia en armas’, fue contrabalanceado casi desde su nacimiento por fuerzas disidentes que tanto Emiliano Zapata como Francisco Villa volverían con la Convención de Aguascalientes subalternas para siempre…”.

 

Como diría la clásica: “¿Miau?”.

 



 
 

 

 
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