Poder y Política


IVÁN GALINDO
[email protected]

26/04/2012

 

La importancia de los debates


Los debates políticos son ejercicios democráticos que permiten contrastar las diferentes ideas, los diferentes proyectos (y hasta las diferentes personalidades) de los políticos.


Existen, o mejor dicho, existían algunos preceptos establecidos en torno a los debates durante las campañas políticas. Se decía, por ejemplo, que los debates servían para generar percepción, pero no para definir elecciones (salvo que el margen fuera muy reducido). Se decía también que el puntero en las encuestas debía rehuir los debates, y que aún más importante que el debate, es el post debate.


Dichos preceptos son inaplicables en la política digital de nuestros días. Actualmente, en una sociedad globalizada y habituada a las redes sociales, los ciudadanos se encuentran cada vez más informados –lo que permite mayor concientización– y están cada vez más conectados entre sí –lo que permite que un acto (positivo o negativo) se repercuta en muy poco tiempo en todos lados.


Por eso hoy en día, los debates sí definen elecciones; todos los candidatos que quieran ganar deben participar en él (no importa si es el puntero o el último); y tan importante es el debate, como el pre y el post debate. Pongamos algunos ejemplos.
Sin duda, el ejemplo clásico de la importancia de un debate es el que protagonizaron John F. Kennedy y Richard Nixon en la elección presidencial de 1960. Ese debate marcó el inicio del marketing político-electoral. Nunca más la política, las campañas, la televisión (y por supuesto los candidatos) volvieron a ser los mismos. La historia registra que el experimentado vicepresidente Nixon contaba con la mayoría de las preferencias electorales sobre el joven carismático senador Kennedy, pero el debate cambió todo, y no por el contenido (que casi nadie recuerda), sino por el contraste de imágenes. Nixon apareció como avejentado y nervioso (sudando incluso), en cambio Kennedy mostró un aspecto fresco, elegante y seguro. Lo paradójico del asunto es que Nixon era mucho mejor debatiente que Kennedy. Entonces, ¿sirven o no los debates para ganar/perder?


Pongamos un ejemplo más reciente para demostrar que no importa que la ventaja sea inmensa, un debate es un debate, y en él puede pasar cualquier cosa; un debate es, en muchos aspectos, como una pelea de box. Hace un par de meses, en plena contienda interna para elegir al candidato republicano para suceder a Barack Obama, el gran favorito y puntero en las encuestas era Rick Perry. Lamentablemente para él, un error garrafal le costó perder el debate y perder la candidatura. Resulta que Perry, en pleno evento, olvidó el guión que llevaba preparado y se trabó (literalmente) por aproximadamente 30 segundos. El ridículo lo obligó a retirarse él mismo de la contienda dos semanas después. Fue de la punta a la cola en sólo 30 segundos. Eso es lo que hace un debate.


¿Hubiera sido mejor para Perry no ir al debate? No creo. Dejar de asistir tampoco es una opción rentable, sino pregúntenle a Andrés Manuel López Obrador. En 2006, Obrador iba en primer lugar en las encuestas, y la mala estrategia de sus asesores de no presentarse al debate fue tomada como un acto de arrogancia por algunos y de temor por otros (“le sacó”). Esta mala decisión hizo que AMLO perdiera el liderato.


Pongamos ahora un ejemplo de un puntero, que sí se presentó a los debates a los que fue convocado, y salió con éxito: Eruviel Ávila, hoy gobernador del Estado de México. ¿Era Eruviel el más preparado, el más experimentado y el mejor orador? No. Sin embargo, su estrategia de no confrontación, no descalificación y no intimidación lo hicieron ver como un político maduro, responsable y sobrio, cualidades que a la postre hicieron que arrasara en la elección.

 

Rechazar un debate en estos días no es una buena opción. A los ciudadanos les gusta la arena pública, el juego político. El cancelar una presentación es tanto como una falta de respeto para el electorado, o bien, una muestra de debilidad, ambas, dinamita pura que se expande rápidamente en las vías de las redes sociales. Por otro lado, el riesgo de presentarse a debatir siempre estará presente en cada campaña (es el riesgo que todo político asume a lo largo de su carrera). Riesgo que, sin duda, será menor con una buena preparación, con concentración, inteligencia y cabeza fría. Entonces, a debatir

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas