Poder y Política


IVÁN GALINDO
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26/10/2012

 

Un Congreso pobre, es un pobre Congreso


Esta semana —nuevamente— el Congreso del estado volvió a dar de qué hablar en los medios de comunicación. Como ya es costumbre, sus integrantes, los diputados, aprobaron medidas polémicas que sólo ellos entienden, sólo ellos avalan, y sólo ellos justifican.


Cada semana nos encontramos con una nueva nota que habla del triste papel de esta legislatura, casi todas, con un común denominador: un congreso dócil, que sólo recibe órdenes del gobierno del estado. De hecho, si todas las notas (o la gran mayoría de ellas) son en el mismo sentido, ya no tendrían que ser noticia, es decir, ¿qué de novedoso tiene saber que los diputados aprueban todo lo que les manda el gobernador? Nada, ya lo sabemos. Lo novedoso sería leer algún día, alguna crónica que narre que los diputados rechazaron una iniciativa del Ejecutivo, o que realizaron una crítica, o un leve cuestionamiento hacia el ejercicio de gobierno. Nada de eso.


No está mal que un Poder respalde las acciones de otro Poder, lo malo es cuando uno se supedita al otro, o cuando uno lleva mano sobre el otro (como en este caso). De hecho, uno de los principios básicos de nuestro régimen político -basado en la separación y el equilibrio de poderes- es que, “el Ejecutivo propone, y el Legislativo dispone”, y lo que parece que está ocurriendo en nuestro estado es que, el gobernador propone y los diputados dicen “sí señor”.


No está mal que los diputados aprueben las iniciativas que les manda el Ejecutivo, lo malo es que lo hagan sin discusión, sin análisis, en fast track, sin reparar en la trascendencia de lo aprobado. Lo malo está en prestarse a vendettas políticas como en el caso de la penosa #LeyMondragon. Lo malo está en hacer reformas al vapor, y después estar tapando con parches los bodrios creados. Lo malo está en dejar de legislar (lo cual debería ser su verdadera función) y dedicarse a certificar todo lo que les llega.


De hecho, un dato que es revelador es que, de las 25 iniciativas que ha enviado el gobernador Moreno Valle a lo largo del año, todas han sido aprobadas, mientras que, muchas de las iniciativas de los propios legisladores se han quedado estancadas. No es casual entonces, que se diga que el actual Congreso no es otra cosa más que una simple Oficialía de Partes del Gobierno del Estado. Tampoco es descabellado sugerir, que los legisladores deberían aprobar un Punto de Acuerdo para cambiar el recinto oficial, y sesionar en el Anexo de Casa Puebla…


Dice un dicho popular que “no me molesta que me digan perro, sino la perra forma en que me lo digan…” y creo que ese es justamente el reclamo que tenemos muchos ciudadanos con los señores diputados, es decir, ya no es solamente el hecho de que aprueben cosas inauditas, sino que además lo hagan sin cuidar las formas, rayando en el cinismo pues. La designación de los nuevos Consejeros Electorales del IEE es una muestra de ello:


Por principio de cuentas, la “elección” de los Consejeros se realizó en secreto, sin los más elementales principios de “transparencia”, y con criterios subjetivos por parte de los legisladores. Por si esto fuera poco, en medio de ese ambiente de opacidad, el representante del PRI en el Congreso, Edgar Salomón, declaró que “el PRI estaría peleando por posiciones en el Consejo del IEE (sic)”, luego reculó nervioso al ser corregido por una reportera al recordarle que, el Consejo General del IEE es (en teoría) un órgano ciudadano, es decir, integrado por gente sin compromisos partidistas, lo cual dejó exhibido al legislador.


Además de eso, en el “proceso de elección”, muchos perfiles académicos y con experiencia electoral fueron relegados, y en vez de ello se optó por personajes sin conocimientos básicos electorales, como es el caso del que nombraron como “Presidente del Consejo”, quien no supo responder ni cuántos distritos electorales tiene Puebla (SIC). Pero el colmo de la desvergüenza, fue la manera en que una diputada intentó justificar la imposición que habían logrado los diputados; esto dijo la diputada: “Don Armando (el Consejero Presidente) se me hace una persona preparada, a lo mejor no sea experto en la materia electoral, pero se puede documentar, tomar un curso, un diplomado…”


Lo leo y no lo creo. ¿Cómo es posible que el Congreso haya elegido a una persona sin experiencia ni conocimientos electorales, para hacerse cargo de la conducción de los procesos electorales en Puebla? ¿Por recomendación? ¿Por encomienda? ¿Por línea?

 

Qué pena da el Congreso del estado, o mejor dicho, ésta legislatura, que han conformado un Congreso sin identidad, sin voz, sin propuestas, sin autonomía, sin legitimidad, sin rumbo. Disculpen señores legisladores, pero así los vemos, así se ven (salvo muy contadas excepciones); se ven como un Congreso pobre en ideas, en argumentos, en debate, en oficio y técnica parlamentaria. Qué pena, pobre Congreso

 

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